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VIENDO 15/6/15
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Opinión: nuevo paradigma de la profesión farmacéutica

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BUENOS AIRES: En esta columna de opinión, Graciela Ascar, década de la Facultad de Ciencias Químicas Universidad Católica de Córdoba asegura que “existe una demanda social de farmacéuticos que las universidades no logran cubrir con el número actual de egresados”.

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El crecimiento en la industria de elaboración de medicamentos a partir de la década de los ’60, cambió la fisonomía de las farmacias existentes, donde la presencia del farmacéutico no sólo estaba asociada a la dispensación responsable de medicamentos, sino también a la elaboración de un vasto arsenal terapéutico destinado a cubrir necesidades sanitarias de la población. El desembarco del sistema de “cadenas de farmacias”, en la década del ’90, en paralelo con el surgimiento de una importante masa de obras sociales y otros sistemas de atención médica, profundizó un modelo de farmacia oficinal en el que se tendió a la uniformidad en el estilo de atención, y donde el profesional farmacéutico ejercía más funciones administrativas que sanitarias.

Con el nuevo milenio, surgen necesidades que conducen al cambio de paradigma. Se plantea entonces la presencia del farmacéutico frente al paciente y en el equipo de salud. Un farmacéutico activo en el primer nivel de atención, al servicio de la prevención, participando en programas de seguimiento farmacoterapéutico y garantizando el acceso y la calidad de los servicios farmacéuticos. Esta nueva corriente impacta en las Universidades, que ven la necesidad de reformular sus planes de estudio.

La Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Católica de Córdoba, replanteó el plan de estudio y produjo cambios paulatinos que sin perder de vista las fortalezas originales de la profesión, sumaban disciplinas necesarias para entender y apropiarse de los cambios. Este proceso evolutivo no se produjo en desmedro de otras competencias relacionadas con las necesidades sanitarias de la población, el profesional farmacéutico continua a cargo de los productos médicos, la cosmética científica, la microbiología farmacéutica, la esterilización, la oxigenoterapia y otras tantas actividades de su competencia y requerientes de la dirección técnica específica de un profesional farmacéutico.

Por otra parte, el surgimiento de nuevos frentes vino acompañado de un marco normativo en continua revisión y actualización; tanto desde la autoridad nacional, como desde el Ministerio de Salud provincial. De esta manera, se fue gestando un corpus normativo constituido por disposiciones y resoluciones que, haciendo pie en las leyes generales de la disciplina, reguló numerosas actividades emergentes. Esta evolución que tanto ha beneficiado a la población y revalorizado a la profesión, nos enfrenta a un nuevo problema: existe una demanda social de farmacéuticos que las Universidades no estamos logrando cubrir con el número actual de egresados.

Es necesario que la comunidad sepa que el farmacéutico además de ser un experto en desarrollo, producción y dispensación de medicamentos, ocupa un lugar clave en los distintos niveles de atención sanitaria, y se dedica a gestionar los distintos aspectos en torno al medicamento. Ser farmacéutico hoy es ejercer la actividad profesional en farmacias comunitarias, en la industria, en hospitales, en centros de atención primaria de la salud, en droguerías, en laboratorios de desarrollo y producción de medicamentos, productos médicos, hierbas medicinales, productos para higiene y cosmética, en servicios de esterilización, así como también en docencia e investigación en las universidades y en diversos centros públicos o privados que la ejerciten. Por esto, resulta necesario, sembrar en las nuevas generaciones el germen que despierte la vocación de esta disciplina tan vieja como la humanidad misma.