#Opinión: ¿Podemos repensar un sistema de salud equitativo, solidario y sustentable?
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Farm. Néstor Adrián Caprov

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¿Podemos repensar un sistema de salud equitativo, solidario y sustentable?

Adjunto #Opinión

BUENOS AIRES, octubre 9: La pregunta se la hace el farmacéutico y bioquímico Ricardo Lilloy, presidente de la Cámara de Entidades de Medicina Privada de la República Argentina (CEMPRA), y la intenta contestar en esta columna de opinión publicada por el portal Infobae.

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Opinión

L
a última devaluación terminó de desequilibrar un sistema de salud que sobrevivía “atado con alambre” para dar cobertura. No es sustentable. Los gastos son varias veces mayores que los ingresos en cada uno de sus componentes: el sector público, las obras sociales y las prepagas. Todos están desfinanciados y la calidad de cobertura y atención está deteriorándose rápidamente al ritmo de la inflación, el aumento de los costos laborales, las demandas y los insumos dolarizados. Los pacientes ya sienten las consecuencias del desfinanciamiento en las listas de espera de cirugía, restricciones en estudios y medicamentos, demoras en los turnos, etc.

Hoy se plantean desafíos inéditos, como por ejemplo, cómo hacer frente sin recursos al envejecimiento de la población y sus consecuencias sanitarias: enfermedades crónicas, discapacidad, medicamentos de costos millonarios y demandas de cuidado especiales.

Si abordamos los problemas con la misma receta que lo hicimos en el pasado, vamos a llegar siempre al mismo resultado: el colapso. Tenemos que aprender de nuestros errores e innovar en la búsqueda de soluciones.

Por ejemplo, excluir al sector privado de la consideración de las políticas públicas es un error que cometimos históricamente. Sin este servicio, la atención pública y la seguridad social se ven desbordadas por la demanda. El sistema sanitario es uno solo y lo que se debe encontrar es un equilibrio que optimice su funcionamiento y cobertura y eficientice la sostenibilidad del conjunto.

Un concepto comparable sería el de la educación. No podría hoy pensarse el sistema educativo en el país sólo con escuelas públicas o con institutos totalmente privados, porque las escuelas públicas estarían colapsadas y las privadas serían solo accesibles a un minúsculo grupo de élite.

Como ocurre en la educación, el Estado, a través de la disminución de la carga impositiva, puede contribuir a que las cuotas sean accesibles para un mayor número de usuarios.

Otra necesidad urgente es la reformulación de la atención de la discapacidad y las enfermedades que requieren tratamientos de alto costo (y dolarizado). Debería canalizarse toda la cobertura de estos pacientes a través de un organismo único, de financiamiento mixto, que sea especializado, que cuente con la última tecnología, que pueda realizar compras centralizadas, planificadas en base a estadísticas y trabaje con protocolos internacionales y validados de atención.

Una experiencia exitosa en ese sentido fue la compra conjunta de Factor VIII de coagulación para pacientes hemofílicos. Se unieron por primera vez el Ministerio de Salud, el PAMI, IOMA y otras obras sociales y lograron reducir un 80% el costo en la primera licitación. Un ahorro de 1.500 millones de pesos por año.

Un factor que conspira contra la sustentabilidad del sistema de salud son los propios avances de la Medicina. Se requiere con urgencia una reconfiguración de la atención para poder hacer frente al cuidado de generaciones de argentinos con una expectativa de vida que superará los 80 años, pero con múltiples enfermedades crónicas, con deterioro de la salud mental, con discapacidad, con un creciente consumo de medicamentos –muchos de altísimo costo-, con requerimiento de cuidadores, alimentos especiales e insumos médicos durante años… con cada vez menos jóvenes que puedan financiar esos gastos con sus aportes.

No hay soluciones mágicas, no las han encontrado en los países más desarrollados todavía, pero hay ciertos aprendizajes que podemos tomar: poner un poco de racionalidad en la utilización de los recursos de salud (la desmedicalización de la sociedad, la desjudialización de la salud, utilizar protocolos basados en la evidencia y evaluación de las tecnologías por su costo-efectividad, entre otros); generar las condiciones para prever, para planificar. Y sobre todo, se necesita la integración de todos los sectores para generar una red sanitaria fuerte que pueda contener a un grupo cada vez más grande de personas que de otra forma quedarían desprotegidas.

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