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VIENDO 1/10/19
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Expertos argentinos advierten que el cigarrillo electrónico “es una amenaza para la salud pública”

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BUENOS AIRES, octubre 1°: Por primera vez representantes de organismos del Estado y de la sociedad civil hicieron una declaración pública contra este producto, que desde hace un tiempo vive un verdadero auge, en especial en jóvenes.

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En los últimos días, varios Estados norteamericanos confirmaron la muerte de personas con causas relacionadas con el uso de cigarrillos electrónicos, el aparato que es furor en todo el mundo pero que cada vez despierta más dudas en los expertos. Es que los químicos y contaminantes de los productos usados para “vapear” generar problemas respiratorios, según la nueva evidencia que circula en varios países. Pese a estar prohibido desde el 2011, en la Argentina el uso de estos dispositivos se multiplica, por lo que los especialistas y organismos de lucha contra el tabaco están atentos a la evolución de la evidencia. Hace unos días, por primera vez emitieron un documento en común, donde formalizan su rechazo al uso del producto. “Es una amenaza para la salud pública”, alertaron. En Estados Unidos, un estudio vincula la enfermedad de más de 200 personas con el humo del “vapeo”, el primer estudio de su tipo.

Durante la jornada “Diálogo multisectorial: Nuevos desafíos para el control de tabaco en la Argentina", expertos en la lucha contra el tabaquismo formalizaron su rechazo al cigarrillo electrónico como forma alternativa a fumar, y recomendaron mantener su prohibición. Representantes de organismos del Estado y de la sociedad civil hicieron una declaración conjunta donde advirtieron sobre los peligros de estos dispositivos, y señalaron que el cigarrillo electrónico “es una amenaza para la salud pública, sobre todo porque se convirtió en una nueva vía de inicio al tabaquismo entre los más jóvenes, sector que registra el mayor porcentaje de usuarios”. En este sentido, durante el encuentro organizado por la Fundación Interamericana del Corazón (FIC), se confirmó que el 7,1 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 15 años consume cigarrillo electrónico. Esto ocurre a pesar de que su comercialización está prohibida en el país desde 2011 y que sólo 1,1 por ciento de los adultos lo hacen.

“Es una amenaza para la salud pública por varias razones”, dijo a Télam la directora Nacional de Promoción de la Salud y Enfermedades Crónicas no transmisibles de la secretaría de Salud de la Nación, Verónica Schoj, antes de participar de la jornada. “En primer lugar porque demostró ser un nuevo vehículo para la iniciación en el consumo: en muchos países los jóvenes lo prefieren al tradicional y en Argentina la mitad de los chicos que utiliza cigarrillo electrónico –es decir el 3.5%- no fuma tabaco de otra forma”, agregó. Por otro lado, "su irrupción puede hacer retroceder los logros conseguidos” por las políticas de control del tabaquismo, tanto en términos de “reducción de consumo”, como de “sostenibilidad de ambientes libres de humo”. Adicionalmente, este dispositivo representa un peligro porque se promociona “con información engañosa”, como si se tratara de “un producto para dejar de fumar" y de “daño reducido” o inocuo, cuando “la evidencia muestra que no es así”.

Cada vez hay más evidencia de los problemas que trae el “vapeo”, como se conoce al uso de estos aparatos. El estudio, que se llevó adelante en 25 Estados norteamericanos con diferentes políticas de regulación en la comercialización y el consumo, reveló que en 215 personas que enfermaron (entre estos, las seis víctimas fatales) había un denominador común: todos eran consumidores de vapeadores o cigarrillos electrónicos. Este reporte fue publicado formalmente por el Gobierno Federal de Estados Unidos y desencadenó una serie de efectos en relación a las políticas regulatorias de los diferentes Estados de ese país. Los vapeadores y cigarrillos electrónicos son dispositivos que emergen, impulsados por la creencia de que sirven para que un fumador de cigarrillo de papel pueda dejar de fumar, hasta la nebulosa de “lo que está de moda”. El problema es que “vapear”, o fumar un cigarrillo electrónico, ocasiona efectos que pueden llegar para quedarse. La enfermedad pulmonar grave fue el saldo que les dejaron estos dispositivos a los 215 casos reportados por la CBC, donde se identificaron tres factores predisponentes: 1- la dosis (intensidad de la inhalación —cuanto vapea una persona—), 2- situaciones de cambio (cuando se cambia de aparato o de líquido), 3- situaciones crónicas previas (afecciones que los fumadores pueden haber tenido desde antes).

Martín Maillo es médico neumonólogo, alergista, director del Instituto del Buen Aire y docente de Neumonología de la Facultad de Ciencias Médicas en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) . En diálogo con El Litoral se refirió a la problemática de estos dispositivos: “En primer lugar hay que decir que tanto los vapeadores como los cigarrillos electrónicos están prohibidos por la Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), por lo tanto no se pueden comercializar”. También aclaró que, si bien el cigarrillo electrónico y el vapeador son dos maneras distintas de generar vapor (uno lo hace a través de una reacción química y el otro por calentamiento de un líquido), ambos ocasionan problemas para la salud. El líquido que es inhalado generalmente tiene nicotina y saborizante, y otros aditivos. La nicotina es adictiva. Estos dispositivos se consideran productos de tabaco porque la mayoría de ellos contiene nicotina, que proviene del tabaco. “Al analizar las partículas ultrafinas que componen el líquido, se encuentran metales pesados (níquel, estaño y plomo), componentes orgánicos volátiles y aromatizantes como el diacetil (un químico relacionado con una enfermedad pulmonar grave). Pero no agua, como muchas veces se piensa”, agrega.

En sus comienzos, los cigarrillos electrónicos fueron pensados como una forma de dejar el tabaquismo, pero con el correr del tiempos esta idea se fue. Hace un tiempo, las instituciones como Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (Aamr), Asociación Latinoamericana de Tórax (Alat), Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), Sociedad Mexicana de Neumología y Cirugía del Tórax (Smnyct), y European Respiratory Society (ERS) son terminantes: no hay pruebas científicas que sustenten que estos dispositivos ayuden a dejar de fumar, tampoco que demuestren que es seguro para los consumidores.