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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 1/10/19
AccesoalosMedicamentos

#AccesoalosMedicamentos

Farmacéuticos del interior alertan sobre problemas de acceso a tratamientos por la suba de precios

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BUENOS AIRES, septiembre 30: Los últimos datos marcan que cada vez más personas achican sus gastos en las farmacias, en especial en la región pampeana, donde según datos del INDEC la suba de precios se dio por encima de la inflación.

#Sarampión
Vuelve la puja de las provincias con Nación por las vacunas: faltan dosis de la triple viral
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BUENOS AIRES, octubre 17: Algunos funcionarios provinciales apuntaron a la falta de previsión de la secretaría de Salud nacional para la compra la vacuna que previene el sarampión, en medio del peor brote de la enfermedad en dos décadas.
#Regulaciones
Francia: analgésicos deberán ser dispensados siempre por un farmacéutico
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PARIS, octubre 16: Una orden de la Agencia Nacional para la Seguridad de los Medicamentos (ANSM) determinó que los AINE (medicamentos antiinflamatorios no esteroideos) y el paracetamol no puedan estar al alcance del paciente en las farmacias, y serán entregados exclusivamente por los profesionales.

Con la inflación como principal preocupación, las farmacias vienen alertando que la suba de precios genera que haya un problema de acceso a los medicamentos, ya que muchas personas dejan de comprar algunos de sus tratamientos porque no le alcanza la plata. De acuerdo al último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), difundido el 12 de septiembre, el aumento de este rubro es aún mayor que el incremento del nivel general de precios. De esta manera, los datos señalan que en la región pampeana –que incluye el interior bonaerense más las provincias de La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos– la suba del índice de precios al consumidor (IPC) en agosto fue del 3,9 por ciento. Sin embargo, los costos en el rubro Salud estuvieron por encima de ese nivel general, ya que creció un 5 por ciento el mes pasado, según el organismo nacional de estadísticas. Y si se desagrega esta esfera en distintas subcategorías, la de los “productos medicinales”, específicamente, tuvo una escalada más pronunciada aún, llegando al 5,6 por ciento

Este patrón se viene dando desde hace varios meses. Si se toma el nivel de aumento de precios en lo que va del año 2019, se observa que el IPC aumentó en la región pampeana un 29,7 por ciento, que los costos en Salud subieron un 36,6 por ciento, y el de los medicamentos, particularmente, un 47 por ciento. Y si el análisis se hace sobre lo sucedido en un año, es decir, entre agosto de 2018 y el mismo mes de 2019, vuelve a repetirse –y hasta profundizarse– esta correlación, ya que en esos doce meses. “En un principio no impactaron tanto los aumentos, pero con el paso del tiempo ya se empezó a notar un salto importante”, advierte el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Junín, Atilio Villani.

Sobre el impacto inflacionario en los medicamentos, la farmacéutica Mariela Luis aclara que las farmacias no son formadoras de precio: “Esto depende de la industria, es decir, de los laboratorios, que incrementan sus precios en función del movimiento cambiario: hay inflación, sube el dólar y, por supuesto, aumentan los medicamentos. Porque, para muchos de los que se fabrican en el país, la materia prima es importada. Nosotros no tenemos ninguna intervención en el valor, de hecho, tenemos el sistema tercerizado y la droguería, automáticamente, nos actualiza los montos, ni siquiera lo hacemos nosotros. Cuando voy a vender un medicamento, si aumentó, está actualizado en el sistema sin intervención nuestra”.

Esta situación tiene una repercusión directa en la comunidad y en su comportamiento como consumidores y como pacientes. “En la dispensa del medicamento se ve lo que están viendo todos en los demás rubros. Antes uno decía que a la farmacia no iba a llegar esto de achicarse, pero esto llegó a la salud y lo hizo con creces. Concretamente, la gente ha dejado de tomar medicamentos, ha recortado en mucho sus tratamientos, con los riesgos que ello implica”, advierte el farmacéutico Edgardo Martínez, propietario de la farmacia que lleva su apellido. Y ejemplifica: “Un hipolipemiante, que es para el colesterol, que por ahí sale más de mil pesos, no lo toman, o toman la mitad de la dosis, o piden reemplazos. Antes no se aplicaba tanto la ley de genéricos y ahora la gente lo acepta y hasta lo pide, que está muy bien, pero mejor sería que no fuese por una necesidad económica”.

Lo preocupante es que esto se da no solo en productos de venta libre, sino también en los recetados. Y un tratamiento en el que no se toma el medicamento prescripto, en la dosis ordenada y por el tiempo que fue definido por el profesional, no cumple con su función. “Inclusive puede ser peor –añade Martínez–, un antibiótico tomado de manera incorrecta puede ser más perjudicial que el hecho de no tomarlo, y eso está pasando. O, ante una indicación médica de tomar un determinado medicamento por dos semanas y la caja trae para siete días, compran una y, en todo caso, verán si pueden comprar la otra después. Esto sucede a diario, es absolutamente real”. Otro ejemplo que pone Martínez es el de las píldoras anticonceptivas, que “tuvieron un aumento terrible” y es necesario tomarlas todos los días durante tres semanas. “En la dispensa me ha pasado que, cuando se les dice el precio, no la llevan. Acudirán a la unidad sanitaria, al hospital, a la Secretaría de Salud, que no sé si tendrán, porque en muchos casos ya vienen de esas instituciones”, puntualiza.

En el mismo sentido, Villani ve que en la farmacia Rossi, donde él trabaja, “antes era muy esporádico, pero ahora es mucho más común que pidan un reemplazo o que, directamente, no puedan pagar algún medicamento”. Y que también se da que “pidan por unidades, algo que no se debe porque no se cumple el tratamiento”. Por su parte, Mariela Luis, de la Farmacia Social, hace hincapié en que quienes más consumen medicamentos son los adultos mayores y cuando Pami –que es la obra social que más trabaja en esta población– retiró el subsidio, “muchos abuelos quedaron sin la protección del 100% que tenían y pasaron a estar cubiertos en un 80 o 60 por ciento, con lo que debieron empezar a pagar diferencias”. Y eso se vio reflejado en el mostrador: “Notamos que un paciente que viene a comprar por receta cuatro medicamentos, elige llevar tres, por lo que vemos tratamientos incompletos. El que decide qué medicamento llevar y cuál no es el paciente, que no tiene la autoridad para hacerlo porque fue una prescripción médica. Y no los llevan porque no les alcanza para pagar la diferencia. O llevan solamente los que tienen subsidio y el resto lo dejan. Nos preguntan cuál no es tan necesario, o cuál es más barato, y nosotros desde la farmacia ayudamos mucho al reemplazo, en buscar alternativas más económicas para que pague lo menos posible”. Ante esto, la respuesta de los farmacéuticos, con clientes de muchos años, es la de ofrecerles cuentas corrientes o que vayan pagando en la medida de sus posibilidades, algo que se ve, principalmente, en las boticas de barrio.

“Notamos un gran desánimo por parte del paciente –analiza Luis– sobre todo del adulto mayor, por no poder completar su tratamiento, y eso se traduce en tristeza, en malestar, es horrible cuando están contando las monedas para terminar de pagarnos y es algo que vemos todo el tiempo. Por eso trabajamos mucho en buscar opciones de medicamentos más económicos”. Otra consecuencia directa de esta situación económica es el menor movimiento en las farmacias. “Las ventas están cayendo porque la gente no llega a comprar los remedios”, resume Villani. En el mismo sentido, Martínez asegura que este proceso de caída en la demanda se viene acentuando desde hace tiempo: “La dispensa cayó más del 30 por ciento y no es que la gente se enferme menos. Desde mediados del año pasado viene bajando y se profundizó muchísimo en el último tiempo. Los de venta libre disminuyeron terriblemente, y también se dejaron de consumir los recetados”. Los farmacéuticos remarcan que, mientras se vende menos, las droguerías siguen exigiendo los pagos en las mismas condiciones. “Tenemos que cumplir con los plazos para tener la cuenta habilitada y son períodos mucho más cortos de lo que tardan las obras sociales en pagarnos, y nosotros tenemos que poner nuestra plata para sostener este sistema”, agrega Luis.