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VIENDO 15/3/19
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#Opinión

Avaances científicos y ética: héroes y villanos en la industria farmacéutica

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BUENOS AIRES, marzo 15: En esta nota publicada en el diario La Voz del interior, el periodista científico Lucas Viano abre el debate sobre los avances de la ciencia y su impacto en los sistemas de salud, a partir de la aprobación en el país del medicamento para tratar la atrofia muscular espinal (AME).

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RIO GRANDE, noviembre 12: Las futuras autoridades de la provincia aseguraron que el llamado Laboratorio del Fin del Mundo no produce tratamientos, sino que sólo importa productos ya terminados. Desde la empresa estatal admitieron esto, pero defendieron el proyecto de producción pública, que está “en una primera etapa”.
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CORRIENTES, noviembre 12: El Centro Oncológico Anna Rocca de Bonatti abrirá sus puertas el próximo vienes, y es una iniciativa solidaria a partir de una donación de 15 millones de dólares por parte de la fundación.

Hace unos días, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó el registro de una droga para tratar la atrofia muscular espinal (AME). El costo aproximado del tratamiento es de un millón de dólares. Para Hugo Juri, rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), es una “buena mala noticia”. Buena, porque se trata de mejorar la calidad de vida de los pacientes; y mala, porque su alto costo puede generar daños graves en los sistemas sanitarios del país. Juri lo vive de cerca con la obra social universitaria DASPU, obligada por la Justicia a pagar este tratamiento para uno de sus afiliados.

El tema es delicado y quizás haya que mirar más allá de las disputas entre pacientes, obras sociales y Estado. Quizás haya que hacer foco en la industria farmacéutica. En la historia de la farmacología hay pocos héroes y muchos villanos. Empecemos por los últimos.

Martin Shkreli es conocido en Estados Unidos como “el hombre más odiado” de ese país. En 2015 compró la patente del antiparasitario Daraprim, que se aplica en los casos de toxoplasmosis, en especial en pacientes con HIV. Antes de esta compra, el medicamento se vendía a 13 dólares, pero Shkreli decidió aumentarlo a 750 dólares, sin ningún argumento más que el rédito económico. Ahora está preso por fraude. El mal ejemplo es extremo, pero sirve para ilustrar que muchos precios de los remedios están inflados por criterios que van más allá de los costos de producción o de la inversión previa en investigación y en desarrollo que debe realizar la industria.

Imatinib es un medicamento para tratar algunos tipos de cáncer. En 2015, el farmacólogo Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool, calculó que su producción a gran escala podría costar no más de 200 dólares, pero en Estados Unidos lo cobraban entre 75 mil y 100 mil dólares. El laboratorio fabricante perdió un juicio en India por la patente, con lo cual en el país asiático el Imatinib se vende a menos de 200 dólares.

Hasta la década de 1990, el tratamiento para el VIH costaba unos 10 mil dólares anuales por paciente, una cifra inalcanzable para los habitantes de África y de Asia. Por eso se morían. Pero el activismo y la firmeza de algunos gobiernos le torcieron el brazo a la industria y la obligaron a bajar el costo a menos de 100 dólares. La enfermedad se volvió crónica y manejable en estos países. El documental Fire in the blood (en Netflix) da cuenta de esta lucha.

Existe una estimación realizada por la Universidad de Tufts (Estados Unidos), según la cual desarrollar un nuevo medicamento cuesta 2.600 millones de dólares. El trabajo es de 2014 y fue realizado con datos aportados por 10 empresas farmacéuticas.

Es tiempo de presentar a una heroína. Se llama Els Torreele y es la jefa de la campaña de acceso a medicamentos esenciales de Médicos Sin Fronteras. Con sólo 55 millones de dólares, logró desarrollar un remedio para tratar la enfermedad del sueño, un padecimiento que sólo afecta a países de África. Gastó el 2,11 por ciento de lo que supuestamente le cuesta a la industria sacar una nueva droga al mercado.

La promesa de una medicina más personalizada y efectiva gracias a los avances de la ciencia necesita de un debate sobre cómo será el sistema de salud del futuro, para que la vida de la gente no dependa tanto de estos héroes y de estos villanos.