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VIENDO 1/2/19
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Científicos argentinos crean una plataforma para transformar vacunas inyectables en orales

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BUENOS AIRES, febrero 1º: El avance fue publicado recientemente en una revista internacional. El objetivo es hacer que las vacunas inyectables puedan aplicarse a través de pastillas, y así evitar fobias y temores a las agujas.

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El miedo a las agujas y a los pinchazos, en especial en niños, puede ser un verdadero obstáculo a la hora de la vacunación. En el actual Calendario Oficial, la gran mayoría de las vacunas se aplican con una inyección, y sólo hay una oral, que podría salvar la situación de rechazo. Desde hace un tiempo, científicos del CONICET trabajan en una plataforma para crear dosis que se tomen, y dejar atrás las inyectables. Esta semana, el trabajo fue publicado en una prestigiosa revista médica, lo que es un paso fundamental para su aplicación. Según sus desarrolladores, no sólo se dejará atrás las fobias y temores, sino que se evitarán las tareas de esterilización de agujas, y su posterior descarte. La plataforma permitiría convertir a cualquier antígeno en una vacuna de ingesta oral, a través de pastillas.

El trabajo de los investigadores argentinos del CONICET fue publicado en la revista científica internacional Nature Communications, informó el organismo. La plataforma permitiría convertir a cualquier antígeno en una vacuna de ingesta oral, que podría reemplazar a las inyecciones tradicionales, ya que "detrás de la jeringa suele aparecer la aversión a las inyecciones, la preocupación por la esterilidad de las agujas o hasta el fantasma de contraer una infección cruzada", señaló un comunicado emitido por el CONICET. Para eso, esas vacunas orales se tomarán a través de píldoras o pastillas, que evitarán la necesidad de agujas. El desarrollo estuvo a cargo de un grupo de especialistas liderado por Hugo Luján, doctor en Ciencias Químicas y director del Centro de Investigación y Desarrollo en Inmunología y Enfermedades Infecciosas (CIDIE) de Córdoba.

“Ya la probamos con antígenos del virus de la influenza, el virus sincicial respiratorio, la tuberculosis y el zika, y esos antígenos no se degradan y generan una importante respuesta inmune no solo en las mucosas, por done entran al cuerpo la mayoría de los agentes infecciosos, sino también de forma sistémica", explicó Luján. Para el encargado del proyecto, “las posibilidades que se abren con esta plataforma son inmensas y podemos generar importantes recursos para el país”.

El trabajo surge en un contexto donde la única vacuna oral que existe en el mercado es la Sabín, que se desarrolló entre fines de 1950 y principios de 1960, y que se aplica contra la poliomielitis en niños de 6 meses a 5 años. Al respecto, es necesario repasar cómo funcionan las vacunas tradicionales para comprender la importancia de la plataforma argentina: a través de una inyección, ingresa al cuerpo una cantidad pequeña de virus o bacterias que le “enseñan” al sistema inmunitario cómo reconocer, defenderse y atacar a los microorganismos -virus o bacterias- cuando eventualmente lo invadan. En contraposición a las vacunas inyectables, la principal desventaja de las vacunas orales es que se degradan fácilmente en el intestino a través de la digestión.

Sin embargo, Luján y su equipo fueron pioneros en generar, en 2008, una vacuna oral contra la giardiasis, una enfermedad diarreica que afecta sobre todo a los países subdesarrollados, ocasionada por un parásito microscópico unicelular que vive en el intestino delgado de las personas y se transmite por las heces de una persona o animal infectado. Con ese trabajo patentado, Luján se reunió con colegas de Francia y surgió una nueva idea: desarrollar vacunas orales para prevenir otras enfermedades. Entre las ventajas de las vacunas orales, Luján apunta que “como estas partículas orales no requieren frío para su transporte o guardado, no requieren cadena de frío ni ninguna logística particular. Tampoco necesitan personal entrenado, no presentan riesgo de infecciones cruzadas, evitan los riesgos asociados al uso de jeringas y agujas, no tienen gastos por el descarte, son indoloras y al constituir una técnica no invasiva resultan atractivas para su aplicación en programas de vacunación masiva o personalizada”.