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Algunas aclaraciones sobre la banalización del término “ataques de pánico”

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BUENOS AIRES, diciembre 17: Mariana Herrero, psicóloga de la Clínica de Ansiedad del Departamento de Psicoterapia del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), hace algunas aclaraciones para delimitar los alcances de las llamadas crisis de pánico y del trastorno de angustia.

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Suele escucharse coloquialmente que alguien "tiene ataques de pánico", incluso que "se paniqueó". La banalización de estos términos admite algunas aclaraciones para delimitar los alcances de las llamadas crisis de pánico y del trastorno de angustia.

Cuando hablamos de la primera, nos referimos a episodios en los cuales surge repentinamente una fuerte sensación de miedo o malestar que puede incluir palpitaciones o taquicardia, sudoración, sensaciones de ahogo, náuseas, mareos, escalofríos o sofocaciones. Estos síntomas pueden variar en su intensidad, alcanzando su pico generalmente durante los primeros diez minutos, para luego ir mermando gradualmente, aunque en ocasiones el malestar se extienda por algún tiempo más. Acompañando estas sensaciones, suelen aparecer pensamientos del tipo: "estoy teniendo un infarto" o "me voy a volver loco".

Es importante tener en cuenta que las crisis de pánico se pueden presentar sin que la persona tenga un trastorno de base (vale decir, una enfermedad previa), pero también pueden concurrir dentro de varios trastornos psiquiátricos y clínicos. Cuando hablamos de trastorno de angustia, es decir, de una condición específica que se encuadra dentro de los llamados trastornos de ansiedad, es necesario que las mencionadas crisis se repitan y la persona tema su reaparición (el llamado "miedo al miedo").

Muchas veces, por temor a experimentar una crisis de las descriptas más arriba en un contexto no familiar, las personas con pánico evitan salir de sus casas o asistir a lugares donde creen que no podrán ser asistidos (shoppings, parques, ascensores, transporte público, etc.). Esto es lo que se conoce como agorafobia, la cual en ocasiones se suma a los ataques de pánico con los esperables perjuicios para quien los sufre en términos de funcionalidad y autonomía.

Afortunadamente, este cuadro puede mejorar rápidamente si se le brinda el tratamiento adecuado. Los estudios dicen que la Terapia Cognitivo Conductual, con o sin farmacoterapia coadyudante (esto dependerá de la gravedad del trastorno), es una intervención efectiva para el control y manejo de los síntomas. Dentro del tratamiento, el paciente aprenderá sobre su trastorno a través de una técnica llamada psicoeducación, y trabajará en colaboración con el terapeuta para afrontar gradualmente aquellas sensaciones que disparan su miedo (ejercicios de exposición) mientras replantea sus interpretaciones o pensamientos sobre lo que le sucede (reestructuración cognitiva).