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VIENDO 5/12/18
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Día Nacional del Médico: La heroica vocación de curar en la Argentina

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BUENOS AIRES, diciembre 5: Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina y autor de Héroes argentinos, recuerda los principales médicos de la historia del país, en esa columna escrita en el diario Clarín.

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El derrotero de la medicina está plagado de hombres y mujeres que han dado todo por otros seres, movidos por la vocación y la pasión. La mayoría de las veces, trabajando en silencio y ajenos al reconocimiento público. Muchos de ellos fueron profesores y fuente de inspiración para las siguientes generaciones de médicos. Verdaderos referentes éticos y ejemplo de valores humanos en acción.

Demostraron también que ni los embates políticos ni los contextos socioeconómicos adversos pueden frenar la voluntad de servir a los demás y hacer valiosos aportes para la ciencia. Por eso, hoy, cuando los médicos deben enfrentar una vez más recortes en ciencia, la falta de recursos en muchas de las instituciones públicas que velan por la salud y la ineludible sobrecarga laboral, es oportuno recordar el ejemplo de doce médicos que hicieron historia y merecen ser considerados “héroes argentinos”.

Bernardo Houssay, Pedro Cossio, René Favaloro, Osvaldo Raffo, Luis Agote, Cecilia Grierson, Enrique Pichón Riviere, Florencio Escardó, Salvador Mazza, Esteban Maradona, Ramón Carrillo y Arturo Illia han demostrado que la medicina debe ejercerse como un apostolado.

Algunos de ellos fueron censurados y criticados, otros fueron cesanteados de cargos y obligados a exiliarse; pero todos, pese a los obstáculos, siguieron adelante. Se pusieron el overol por el país. A juzgar por la cantidad de tareas que realizaron y los objetivos que cumplieron, parece que hubieran vivido más de una vida.

Mazza fue ninguneado y lo acusaron de pirómano, mientras que Houssay no fue reconocido ni aun cuando le entregaron el máximo galardón que puede obtener un médico: el Premio Nobel. Cossio pasó de ser separado de su cargo por antiperonista a convertirse en el cardiólogo personal de Juan Domingo Perón.

Carrillo murió en el exilio en el medio de la selva brasileña y Grierson, por el solo hecho de ser mujer, no pudo obtener un cargo docente. Maradona tuvo que exiliarse en Paraguay por oponerse al gobierno de facto.

Pichon-Rivière fue echado del Hospital Borda con el argumento de que su trabajo promovía la homosexualidad y que era comunista. En tanto que Agote recibió críticas, que se mantienen hasta el día de hoy, por dictar la ley de menores. Escardó fue echado de la Universidad de Buenos Aires luego de ser confirmado como profesor adjunto. Y a Raffo le cuestionan haber trabajado como médico forense de la Policía Bonaerense durante la última dictadura militar.

Estudié con los libros de fisiología de Houssay y semiología de Cossio; pude presenciar conferencias y recorrer salas de enfermos operados del corazón con Favaloro. Admiro la hombría de bien de Illia, el concepto social de la medicina de Carrillo, Mazza y Maradona; el esfuerzo de Grierson para insertarse en un mundo rotundamente machista, la tenacidad de Agote, el pensamiento de Pichon-Rivière, la audacia de Raffo y la capacidad de comunicar de Escardó. Son vidas increíbles, que hicieron aportes decisivos para cambiar la calidad de vida de miles de personas y que además debieron superar los escollos que les presentó la situación del país que les tocó vivir.

En este Día del Médico, vaya a estos doce héroes y a los que actualmente ponen su corazón en esta profesión, capaz de ser tan reconfortante como ingrata, mi homenaje y agradecimiento. Con la esperanza, también, de que las nuevas generaciones los mantengan vivos en su memoria a la hora de trabajar por uno de los bienes más preciados del ser humano: la salud.