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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 31/10/18
Farmacias

#Farmacias

Especial: razón y vigencia de la farmacia de barrio en el paísADJUNTO

Farmacias

BUENOS AIRES, octubre 31: En esta nota del periodista Diego Rojas, se hace una encendida defensa de la farmacia barrial, con ejemplos que recorren todo el país.

#SeguridadSocial
Farmacias de San Juan lanzan programa de descuentos en medicamentos
ADJUNTO
SAN JUAN, junio 18: Se trata de una iniciativa creada en conjunto con el gobierno de la provincia, que beneficia a personas sin cobertura social. Habrá aporte de los laboratorios, que ofrecerán parte de los descuentos que se harán, que en algunos casos llegaría al 100 por ciento. La medida busca paliar los problemas de acceso a los tratamientos que hay en el país.
#FarmaciaenCrisis
En la primera mitad de junio los medicamentos volvieron a subir y aceleran la crisis en las farmacias
ADJUNTO
BUENOS AIRES, junio 18: Según una estimación de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), en lo que va del mes los tratamientos subieron un 3 por ciento, lo que agrava la crisis del sector. esto además disparó el cierre de farmacias.

¿Podría cualquier persona francesa pensar en un París sin panaderías donde comprar baguettes, queserías con sus centenares de variedades de queso, sin los cafés del Quartier Latin encendidos por la concurrencia durante las tardes y el anochecer? Existen instituciones que no sólo señalan una tradición, sino que implican rasgos de una personalidad nacional. ¿Y en el país? ¿Las filas de los domingos frente a la fábrica de pastas? Pero si se habla de salubridad, ¿se podría pensar a la Argentina sin la farmacia de barrio y sus farmacéuticos?

En Goya, al sur de Corrientes, al noreste del país, en agosto ya se puede andar en remera. En la plaza principal hay una feria de productos campesinos y llegan colectivos de las zonas agrarias que rodean a la ciudad. Quizás por eso ya desde las ocho hay gente en la farmacia Galeno y, mientras una señora mayor espera, el farmacéutico Edgardo Fernández la felicita por llegar temprano. “Muy bien, Elena, a ver qué viene a buscar hoy”, dice mientras busca en un cuaderno las instrucciones para Elena. Uno de los llegados de las afueras pide una tira de ibuprofeno. Otro pregunta por cepillos para el pelo para la mujer, que le dijeron que preguntara en la farmacia: “No tenemos, pero en la otra cuadra en el negocio de peluquería seguro sí”. El cronista no se presenta todavía para observar la dinámica del lugar un sábado tempranísimo. “¿Qué le trae hoy por aquí, corazón?”, dice el farmacéutico a una anciana, que le sonríe.

–Hace 22 años ya que tengo esta farmacia, desde 1996 –dice Fernández–. Mi padre era comerciante, tenía su local acá. Yo en la escuela secundaria al principio quería ser contador hasta que cursé con un profesor de química que nos hizo cambiar la decisión a varios. Unos se fueron a estudiar medicina y yo fui a Rosario a estudiar “Farmacia y Bioquímica” y cuando pude, instalé este lugar. Somos de la generación de “mi hijo, el doctor”.

Goya tiene 70 mil habitantes que llegan a más de cien mil al contar las poblaciones rurales que se erigen a su alrededor. En esos parajes, las condiciones sanitarias no son óptimas.

–Por eso cuando vienen del campo y pisan la farmacia es como si hicieran una primera consulta –dice Fernández–. A veces viene uno para pedirme paracetamol porque le duele una muela y yo le digo que no le voy a vender, que tiene que ir al dentista, porque el remedio puede aliviarle por un rato el dolor. “Pero después si no te tratás te van a sacar el diente y así te vas a quedar para toda la vida, tenés que ir al dentista”. Y no le vendo y entonces el paciente va a atenderse al hospital. Yo estoy orgulloso de mi trabajo y de mi farmacia.

Lezica es una localidad pequeña, de menos de 2000 habitantes, que pertenece al partido de Luján. Carece de cloacas y tendido de gas, pocas cuadras tienen agua corriente y su población es de gente de trabajo, pero el cierre de fábricas hace que las cosas no sean fáciles en este lugar. También posee una nutrida población docente y viven allí muchos empleados de la Universidad zonal.

“En septiembre cumplimos dos años desde que abrimos las puertas –dice Marcelo Devesa, cuyo apellido le da nombre a su emprendimiento–. Acá no había farmacias, la gente tenía que ir hasta Luján y era una complicación.

-¿Cómo es la esa relación de la población de Lezica con su farmacia? ¿Vienen a consultar por cuestiones de salud? -Vienen ante cualquier problema a consultar y lo que se puede solucionar en la farmacia, se soluciona. En el barrio hay una salita de primeros auxilios que funciona algunos días en la semana por la mañana, entonces los derivo para allá o al hospital de Luján.

-¿Cómo son las condiciones sanitarias de Lezica? -La mayoría no tiene agua potable. No hay gas natural, es sólo con garrafa. En invierno he notado muchos broncoespasmos y resfríos. En las pocas cuadras que hay agua corriente cuando se rompían los caños hubo un período en que venían constantemente nenes y mamás con síntomas de gastroenteritis. Así que también hacemos de agentes sanitarios porque me tuve que contactar con la municipalidad y explicarle lo que estaba pasando y, efectivamente, cuando solucionaron el problema de los caños no volví a ver esos síntomas.

Bariloche es una ciudad que reúne las características de un centro turístico con los de cualquier ciudad mediana y sus contradicciones sociales. Fabricio Giraudo es el farmacéutico que lidera la farmacia Nueva Brown, cerca del centro, con una población de clase media y un gran hotel dirigido al turismo. Proveniente de La Pampa, Giraudo estudió Farmacia en San Luis. Recibido en plena crisis de 2001, hace 16 se dedica al oficio en la localidad.

-Hay muchos jubilados, también. La gente busca una buena atención y sentirse en confianza. A veces vienen sin la receta porque el médico no los atendió, pero al conocerlos, como vienen siempre, le damos el medicamento y luego traen la receta. Al tener una relación personal, conocemos si hubo cambios en la medicación, si la persona se equivocó en la prescripción o el médico no tomó alguna característica del paciente.

-¿Y los turistas? -Vienen mucho buscando antiinflamatorios después de las excursiones al cerro. Si tienen lesiones leves, los podemos ayudar también. La mayor parte de las veces en estos casos no es necesario que lleguen a la consulta médica. Hay muchos que dicen: “Voy a la nieve, no llevo protector solar” y con el resplandor de la nieve terminan muy quemados. Más allá de este momento de crisis, mucha gente de Chile viene a comprar acá medicamentos. Como sólo hay dos grandes cadenas, monopolizan los precios de los medicamentos.

Marcela Coretti dirige la farmacia Quilmes –llamada así en honor a su localidad de origen–, situada en un barrio alto llamado Gurilocho (“gente detrás de la montaña”, en mapuche), donde su población pertenece a los sectores laboriosos y medios bajos de la ciudad. También, cerca, existen asentamientos precarios. “Ser farmacéutico es dar un servicio –afirma–. Todos somos agentes primarios de salud, resolvemos la primera situación. En esta zona de Bariloche también actuamos en red, mediante un whatsapp. Porque hay veces que el paciente puede esperar hasta el día siguiente si yo no tengo el medicamento que necesita, pero si lo necesita urgente nos preguntamos entre nosotros quién lo tiene para ir a buscarlo y luego lo reponemos. La farmacia es un comercio pero atendido por un profesional con una ética. Yo no estudié cinco años en la universidad para bajar un medicamento de un estante y que el paciente me dé diez pesos. Acá nos conocemos de años, entonces a veces sabemos mejor las incompatibilidades de los pacientes que los médicos a los que recurren por primera vez. Conocemos las reacciones alérgicas. Me gano la vida dispensando medicamentos, pero no soy una comerciante”.

En el barrio donde Coretti instaló su farmacia las condiciones de vida son más duras que en el centro de la ciudad. Este cronista ascendió hasta allí desde la costa del Nahuel Huapi, con viento frío, pero para llegar a la farmacia debió pisar y hundir los pies en la nieve. “También hay muchos choques en esta avenida, que es muy transitada. De pronto, me gritan: ‘¡Marcela, un choque!’ y yo salgo con el tensiómetro para dar los primeros auxilios. Viene mucha gente por una primera atención luego de un accidente de trabajo: hay muchos carpinterías, talleres donde se pueden producir inconvenientes y este es el primer lugar donde recurre el afectado”.

Estela Rico instaló la farmacia El cóndor, en Lomas de Zamora, en 1983. “He pasado por un montón de gobiernos y un montón de crisis, desde la hiperinflación a la crisis del 2001 –dice–. Mi marido, que trabaja en un laboratorio, es farmacéutico también, nos conocimos en la facultad. Soy, además de farmacéutica, una vecina más del barrio. Los pacientes, para mí son pacientes y no clientes, vienen a preguntarme con confianza. A veces no entendieron bien al médico como tomar el medicamento, entonces aconsejo, verifico si tienen incompatibilidad con la droga. Muchas veces vienen a preguntar y los mando al médico, no les vendo sin esa visita al profesional y duermo con la conciencia tranquila. En todo este tiempo he visto a familias cuyas cabezas antes eran padres, ahora son abuelos y la que era la hija viene a buscar el medicamento para los hijos, es decir, sus nietos. Estar cerca nos permite conocer a los pacientes. Siempre viene una señora y me dice al entrar: ‘La que me salvó la vida’. Ella es alérgica y el médico le había recetado una inyección. Sabiendo que era alérgica a ese medicamento le dije que no se la colocara, que le iba a hacer mal. Luego fue a su médico de cabecera, que le dijo que por suerte no se le había inyectado esa droga. Cosas así ocurren todo el tiempo: formamos parte de la vida de la comunidad”. La llaman al mostrador. Una paciente de años esperaba que terminara el diálogo para hacerle una consulta acerca de una receta.