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VIENDO 16/10/18
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Día Mundial de la Alimentación: a valores abstractos, acciones concretas

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BUENOS AIRES, octubre 16: Liliana Martínez Lomelí, investigadora en Sociología de la Alimentación, escribe esta columna de opinión donde hace enfoque en el hambre cero, lema elegido por este año.

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Este 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, promovido por la FAO para difundir sus objetivos para el 2050. Estos desafíos se plasmaron en 17 metas para un desarrollo sustentable. A pesar de que esto puede sonar a utopía, es preciso tener en cuenta los retos globales para un mejor futuro, puesto que conciernen a instituciones, gobiernos y también acciones colectivas ciudadanas. Si no se detectan cuáles son los retos, difícilmente se puede atacar un problema. Para lograr un desarrollo sustentable, los desafíos están encaminados a poner el foco sobre los temas de desigualdad, pobreza, cambio climático, degradación del medio ambiente, prosperidad, paz y justicia. Aunque parecen valores abstractos, las acciones concretas hacia estos temas están intrínsecamente ligadas a cuestiones sobre cómo alimentarnos mejor, de una manera que satisfaga nuestros requerimientos para tener una mejor salud; que el acceso a estos no sea privilegio de unos cuántos; que las maneras de producir alimentos sean amigables para permitir un mejor desarrollo en todos los sentidos.

Cada uno de los 17 objetivos se aborda cada año. La multiplicidad de temas que involucran los desafíos -que van desde reducir las inequidades de género, hasta fortalecer las instituciones- exhiben que, para lograr una mejor alimentación se necesita más que requerimientos nutricionales. Para “mover” un sistema de salud, para mejorar la alimentación de la población, quedarse en retos que sólo involucran a la comida no resuelve los temas de base en los que una mala alimentación es la punta del iceberg de las problemáticas relacionadas con ella.

El desafío elegido para este año por la FAO es el de hambre cero, que nos llama a replantear la forma en la que producimos, compartimos y consumimos comida. La forma en la que la FAO plantea resolver esto, es a través de la generación de mejores medios de producción de alimentos. Se dice además que, si las mujeres agricultoras tuvieran mejor acceso a los recursos que los hombres, el número de personas con hambre en el mundo podría reducirse hasta 150 millones de personas.

Esto nos hace pensar que, para imaginar una mejora en los medios de producción, no hay que pensar en fondos monetarios, ni en apoyos institucionales – que son importantes- sino también en las condiciones sociales en las que los alimentos son producidos. Asimismo, un incremento en la inversión a través de la cooperación internacional, en la infraestructura rural y en el desarrollo de tecnología para el uso de plantas y animales, puede incrementar la capacidad productiva de países menos desarrollados.

Además de pensar en los medios de producción, es imperativo pensar la forma en la que estas instancias pueden ser articuladas para que los alimentos producidos pueden llegar de manera efectiva al consumidor. Aunque el ideal es que sean frescos, las logísticas de transportación pueden resultar insuficientes, por lo que otro gran reto que involucra a actores de la iniciativa privada, es la innovación y desarrollo que permitan que mejores productos lleguen a más personas para asegurar las propiedades de frescura.

Este reto involucra a todos los actores de las cadenas de consumo, y por lo tanto, debe alertar sobre el papel que todos -como individuos, instancias públicas o privadas- debemos tomar a fin de lograr un crecimiento y desarrollo no solamente económico, sino social.