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Vacunación

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El país eliminó los trasplantes hepáticos por hepatitis A desde que incorporó la vacunaADJUNTO

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BUENOS AIRES, agosto 3: Autoridades y especialistas destacaron los logros de la vacunación contra la versión de esta enfermedad, que disminuyó a cero los trasplantes y redujo drásticamente la cantidad de contagios cada año. Hace 13 que se aplica una dosis a niños de un año de forma gratuita.

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Entre el 2003 y el 2004, la Argentina sufrió un severo brote de hepatitis A, que alcanzó un pico de 45 mil contagios. El virus de la enfermedad infecta el hígado, que puede padecer de manera fulminante una falla que obliga al paciente a recibir un trasplante para sobrevivir. El mal se contagia por ingerir alimentos o agua contaminados, o por el contacto directo con personas u objetos infectados. Ante esta situación, las autoridades de ese momento incluyeron la vacuna contra la enfermedad en el Calendario Obligatorio, para niños de un año. Esta medida se implementó en el 2005, y tuvo efectos inmediatos. Según destacan especialistas, a 12 años de esta iniciativa el país redujo drásticamente el número de casos y disminuyó a cero los trasplantes por falla hepática fulminante debido a esta enfermedad. En estos días, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) destacó el trabajo en la materia.

La Argentina fue el primer país de las Américas en utilizar una sola dosis contra la hepatitis A en niños de 1 año, una decisión innovadora reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS. Hoy, a 13 años de esa iniciativa, los especialistas destacan las mejoras que generó en la salud pública. “Con la vacuna la circulación viral en el país disminuyó dramáticamente. Hoy tenemos menos de mil casos por año en total en adultos y niños”, sostuvo el responsable del Programa de Vacunas del Ministerio de Salud de Argentina, Cristian Biscayart. Además, se eliminaron los trasplantes hepáticos vinculados con esta enfermedad, otro logro de la vacunación.

La decisión resultó innovadora porque hasta el momento de la introducción de la vacuna, los países utilizaban un esquema de dos dosis. “Pero la Argentina no contaba con los fondos para financiar ambas dosis, por lo que decidió incorporar sólo una para hacer frente al brote y a los numerosos trasplantes hepáticos en niños, derivados por la enfermedad”, recordó la médica pediatra hepatóloga Margarita Ramonet, ex presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). “La medida de una dosis nos sorprendió, pero acordamos con el Ministerio que realizaría un monitoreo de los resultados de la implementación” para verificar la efectividad de la medida, señaló Ramonet. Los trabajos de seguimiento mostraron resultados inéditos: la cantidad de casos bajó un 88 por ciento y la hepatitis A dejó de ser la primera causa de hepatitis fulminante y de trasplante hepático en los niños del país. “Ahora volvimos a estar en línea con las estadísticas internacionales y, a partir de la estrategia, se usaron los órganos para las personas que realmente lo necesitan y no para pacientes con una enfermedad prevenible que no tienen por qué llegar a esta situación”

Los resultados fueron presentados en 2012 al Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización de la OMS (SAGE, por sus siglas en inglés), que publicó un documento de posición en el cual recomienda la integración de esta vacuna a los calendarios nacionales de vacunación para los niños a partir del año con una dosis única. El respaldo motivó que países como Colombia y Brasil incorporaran la estrategia. El escenario también cambió radicalmente en los hospitales pediátricos. Este es el caso del Garrahan, el principal centro de salud infantil del país. “En aquellos años, vimos que los casos que derivaban a graves venían creciendo. En el 2004 hubo 25 pacientes con hepatitis A fulminante y la mayoría fueron trasplantados. Allí fue cuando comenzamos a discutir con el Gobierno qué se podía hacer y se decidió incorporar la vacuna. A partir de su implementación, desaparecieron los casos de hepatitis A fulminante en niños que debían ser trasplantados”, relató el jefe del Servicio de Trasplante Hepático del Hospital Garrahan, Oscar Imventarza.

“Ahora volvimos a estar en línea con las estadísticas internacionales y, a partir de la estrategia, se usaron los órganos para las personas que realmente lo necesitan y no para pacientes con una enfermedad prevenible que no tienen por qué llegar a esta situación”, añadió el jefe del servicio en relación al efecto causado por la vacuna, la cual es adquirida por el país a través del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), un mecanismo que ayuda a los países a comprar dosis a menores precios.

El impacto también fue económico -subrayó Ramonet, de la SAP- ya que la eliminación de trasplantes y la disminución de casos trajo aparejado un importante ahorro para el sistema de salud. Sólo un trasplante de hígado cuesta unos 40.000 dólares, según establece el trabajo Impacto de la estrategia de inmunización de monodosis contra la hepatitis A en Argentina, publicado por la Revista pediátrica de enfermedades infecciosas, perteneciente a la Sociedad Europea de enfermedades infecciosas pediátricas.

A nivel regional, además de Argentina, otros 9 países vacunan contra la hepatitis A (Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Estados Unidos, México, Panamá, Paraguay y Uruguay). Según el nivel de infección en sus territorios, algunos vacunan en forma rutinaria a la población infantil y otros a los grupos de riesgo. La OPS alienta a los países a realizar estudios epidemiológicos y de costo-efectividad para la posible introducción de la vacuna contra la hepatitis A, en función de sus prioridades de salud pública.