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Los laboratorios deben dejar de aprovecharse de la investigación financiada con fondos públicos

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BUENOS AIRES 6 de junio de 2018.- El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca anunció recientemente una estrategia para frenar los altos precios de los medicamentos: obligar a los países extranjeros “que se aprovechan” a pagar más y observar como bajan los precios en EE UU.

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Así no es cómo funciona; los medicamentos que salvan vidas no son más caros aquí porque cuestan menos en otros lugares. Su precio está fuera del alcance en todas partes porque las empresas farmacéuticas están cobrando precios exorbitantes simplemente porque pueden, y el gobierno de EE UU se los permite.

Las compañías farmacéuticas han perpetuado el mito de que los altos precios son necesarios para compensar los riesgos y las inversiones que realizan al desarrollar medicamentos. Y los gobiernos como el de EE UU, el principal financiador de investigación y el desarrollo (I + D) a nivel mundial, se lo ha permitido.

El informe de la Casa Blanca sugiere que el costo actualizado de desarrollar un nuevo medicamento se estima en US$2.600 millones, a pesar de que están basando esta cifra en un estudio único, no transparente, respaldado por la industria farmacéutica con una metodología problemática.

En realidad, las empresas reciben un apoyo financiero considerable del gobierno que proviene de fondos públicos. Un estudio reciente descubrió que los 210 medicamentos aprobados en EE UU entre 2010 y 2016 se beneficiaron, directa o indirectamente, de investigación financiada con fondos públicos

Los contribuyentes aportan a través de la investigación que hacen las universidades públicas, de las subvenciones, los subsidios y otros incentivos. Esto significa que las personas a menudo pagan dos veces por sus medicamentos: a través de sus impuestos y en la farmacia.

En Médicos Sin Fronteras (MSF), somos testigos del sufrimiento humano que los altos precios de los medicamentos y las vacunas causan en los lugares donde trabajamos y en muchos países fuera de los EE UU, ya que obligan a racionar o negar el acceso a medicamentos y vacunas necesarias.

Vemos bebés en Jordania e India que no han podido recibir la vacuna contra la neumonía, una enfermedad que mata aproximadamente a un millón de niños cada año, porque los gobiernos no pueden pagar los precios que las compañías exigen.

Sabemos de médicos en países como EE UU e Italia que tienen que elegir a los pacientes y racionar los medicamentos contra la hepatitis C, administrándolo solo a los más enfermos porque no pueden darse el lujo de tratar a todos.

Hacer que nuestros pacientes paguen más por sus medicinas, o imponer restricciones que les hagan esperar años para recibir medicamentos e innovaciones disponibles en el resto del mundo, no reducirá los precios de los medicamentos en EE UU. Hacer la vida más difícil a algunas de las personas más vulnerables del mundo no reducirá los precios de los medicamentos en EE UU.

Esta administración tiene el poder de mejorar las vidas de las personas que luchan por pagar sus facturas médicas con reformas significativas en EE UU. Hace falta un sistema de I + D que beneficie a todos. Si el gobierno se toma en serio la tarea de reducir los precios de los medicamentos, lo primero que debe hacer es que cuando se usan fondos públicos para desarrollar nuevos medicamentos se pongan condiciones para que estos productos sean económicamente accesibles a la toda la población.

Si el público financia la investigación que contribuye al desarrollo de un determinado medicamento, el gobierno debe poner límites a lo que las compañías cobren a los consumidores. El que los contribuyentes financien un nuevo medicamento que cuando se comercialice la gente no pueda adquirirlo es inaceptable.

La investigación inicial de Gleevec (imatinib) contra el cáncer, uno de los medicamentos más vendidos de la compañía farmacéutica suiza Novartis, que verdaderamente cambia la vida de las personas con leucemia, fue financiado primordialmente por los contribuyentes de EE UU a través de subvenciones de los National Institutes of Health y la Sociedad de Leucemia .

Este medicamento, que debe consumirse a diario, marca la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas, pero en EE UU solo si pueden pagar US$97 por píldora para la versión de marca o US$49 para el genérico https://www.drugs.com/price-guide/imatinib#oral-tablet-100-mg. Además, la industria farmacéutica se atribuye todo el mérito del desarrollo de la innovadora terapia de células T con receptor del antígeno quimérico (CAR T) que altera genes, una terapia que puede costar a los pacientes US$475,000, a pesar de que los primeros dos tratamientos CAR T para el mieloma múltiple surgieron de la investigación financiada por los NIH https://www.keionline.org/wp-content/uploads/2018/02/Celgene-Juno-KEI-FTC16Feb2018.pdf .

El gobierno de EE UU también debería establecer mejores incentivos para garantizar el desarrollo de productos críticos para la salud pública. Por ejemplo, las infecciones resistentes a los medicamentos matan a 23.000, pero han pasado más de 30 años desde que se introdujo una nueva clase de antibióticos.

Dado que los antibióticos se administran con moderación y por períodos cortos de tiempo, las compañías tienen poco interés en desarrollarlos a pesar de que existe una necesidad inmensa.

Es hora de que EE UU deje de enfrentar a los pacientes unos con otros y tome en serio el desarrollo de la innovación real y la reducción de los precios de los medicamentos para todos los ciudadanos. Este gobierno debería comenzar poniendo fin a las empresas farmacéuticas que se aprovechan de la investigación financiada con fondos públicos.

Jason Cone es el director ejecutivo de Médicos sin Fronteras, EE. UU.

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