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VIENDO 14/5/18
Opinión

#Opinión

Tomar algunos remedios antes de manejar también es riesgoso

Opinión

BUENOS AIRES, mayo 14: En esta columna de opinión publicada en el diario Clarín, la ONG Luchemos por la Vida advierte sobre los peligros de manejar cuando se toman algunos fármacos.

#Opinión
Saber comunicar sobre VIH para evitar el estigma y la discriminación
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BUENOS AIRES, octubre 23: El periodista científico jujeño Gastón Ortiz escribe para el portal TN sobre el rol de la comunicación respecto de la prevención y la difusión de información sobre el Sida.
#Opinión
Enfermedad de Alzheimer: ¿es posible retrasar el desarrollo del mal?
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BUENOS AIRES, septiembre 18: Leonardo Ramallo, médico de BioBarica, analiza esta enfermedad, la causa más común de demencia, y que crece su incidencia cuando la persona supera los 60 años, por lo cual el uso de la cámara hiperbárica puede ayudar.

Siempre se conocieron los efectos adversos que el alcohol y las drogas provocan en la capacidad para conducir vehículos. Sin embargo, en la gran mayoría de casos, los conductores desconocen el riesgo potencial de los medicamentos comercializados bajo receta y de venta libre. Las drogas de muchos de ellos pueden alterar el estado psicológico y/o físico del conductor..

Si el médico receta un nuevo fármaco, es importante consultarle si el mismo puede afectar la conducción, y también es imprescindible leer los prospectos para conocer sus posibles efectos negativos. La mayoría de los consumidores no lo hace. Y muchos se automedican, sin conocer los posibles riesgos que esto causa en la conducción.

Los ansiolíticos, de uso muy generalizado como tranquilizantes o inductores del sueño, en especial las benzodiacepinas, pueden producir estados de confusión, fatiga muscular, disminución de la capacidad de concentración y somnolencia. Los antipsicóticos o neurolépticos (por ejemplo tioridazina y haloperidol) producen como efecto más común la somnolencia y reacciones extra piramidales tales como espasmos musculares, agitación e incoordinación motora, entre otros.

Los antidepresivos (por ejemplo amitriptilina) y antiepilépticos (por ejemplo fenobarbital) pueden afectar la atención y el estado de alerta. Algunos antihistamínicos tipo H1 de primera generación (por ejemplo clorfenamina, difenhidramina y clemizol), muy usados para aliviar los síntomas de gripe y alergias, pueden producir somnolencia.

Los antiinflamatorios no esteroideos - muy usados para dolores musculares o reumáticos - los anestésicos y los miorrelajantes pueden afectar, especialmente, el sentido de la vista y la atención y producir somnolencia. Los últimos pueden producir, además, disminución del tono muscular y mareos. Ciertos medicamentos para el corazón, en especial glucósidos cardiotónicos, pueden producir somnolencia y alterar el estado de conciencia y la visión.

Ciertos antihipertensivos y betabloqueantes (por ejemplo propranolol y nebivolol), que sirven para el tratamiento de la alta presión, pueden producir somnolencia y alteraciones psíquicas y del equilibrio.

Algunas medicaciones para la sedación de la tos (por ejemplo codeína) o antidiarreicos pueden producir alteraciones tales como trastornos de la atención y disminución de los reflejos.

Si bien los efectos secundarios son indicados en los prospectos y advertidos por los médicos, la asociación civil Luchemos Por La Vida presentó hace años una propuesta a la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos) para la aprobación de una disposición que obligara a los laboratorios medicinales a la impresión, en los frentes de los envases de medicamentos y en el prospecto, de un triángulo rojo atravesado con la frase "Puede afectar a la conducción", en el caso de aquellos productos que por las características de sus componentes químicos puedan producir alteraciones en la capacidad de conducir vehículos. Sin embargo esta propuesta -que hace años es realidad en países europeos- jamás prosperó.