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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 19/2/18
Farmacia

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La economía no arranca: pocas ideas y viejas recetas para apagar el incendio

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BUENOS AIRES, febrero 19: Con la inflación imparable, el gobierno no termina de darle forma a una respuesta original al escenario conflictivo. La suba impositiva y el control de precios, dos iniciativas que no hacen más que agregar kerosene al incendio.

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Durante la campaña electoral, el actual presidente Mauricio Macri dijo que el tema inflación, uno de los ejes de discusión en materia económica, “se soluciona fácil”. Un 2016 con más de 40 por ciento de suba general de precios desmintió al mandatario, cuyo equipo económico, lleno de CEO’s y expertos salidos de la llamada “city”, no termina de dar con la tecla exacta para este problema. Incluso el actual Ministro de Finanzas, el ex columnista de TN Nicolás Dujovne, tuvo que admitir que el problema es más serio de lo que pensaban. Con más de media gestión transcurrida, el horizonte económico no es bueno, y los augurios apuntan a viejos fantasmas de un país que suele recurrir a conocidas fórmulas –con dudosos resultados –cada vez que el panorama se desbanda. En este sentido, este gobierno parece ser un claro exponente de cierta obstinación liberal, que utiliza recetas que ya fracasaron para intentar dominar problemas de larga data. Como si el pasado reciente no existiera, se apelan a herramientas antes criticadas, que no resultaron y que no parecen equiparables “al mejor equipo de los últimos 50 años”. En el sector farmacia se ve con claridad esta situación, usando medidas que no funcionaron casi nunca, que lo único que hacen es agregar kerosene al incendio económico.

Para ser un gobierno liberal, pro mercado, el actual no logra una buena sintonía con varios sectores de la economía. El anuncio de una especie de control de precios, que incluye valores máximo de referencias, para los medicamentos parece más una vuelta a la “doctrina Moreno” (por el polémico secretario de Comercio Interior del kirchnerismo, Guillermo Moreno) que una medida de un gobierno liberal. El intento comenzará a funcionar en el futuro contrato del PAMI, donde se intentan bajar los gastos en 5 mil millones de pesos, a costa de empobrecer uno de los sectores más dinámicos de la economía. La industria farmacéutica negocia sin pensar en el efecto que tendrán estas medidas en las farmacias, que pese a las promesas siguen ausentes en cualquier discusión. Para quienes vieron en este frente electoral una posibilidad de políticas abiertas, con igualdad para la competencia y reglas claras a cumplir por todos, se ven cada vez más desilusionados. “Pisar” el valor de los tratamientos no sólo afecta la rentabilidad del sector minorista, sino que además distorsiona el mercado, que queda atrapado de las grandes ventas por parte del Estado, que deja a la deriva a los sectores más vulnerables.

Además, las provincias no ayudan. A la política de control de precios se le suma este año una suba en varias jurisdicciones de la alícuota de Ingresos Brutos, una tradicional “pesca de pecera”, que afecta a los mostradores más chicos, dejándolos al borde de la quiebra. La presión impositiva se hace insoportable, en un sector que desde el 2000 entregó parte de su rentabilidad en forma de bonificaciones para evitar la quiebra de la seguridad social. Los casos de Salta y Neuquén, donde la suba de los impuestos se dio en las droguerías, que decidieron trasladar el costo a las farmacias, muestra además la indefensión que existe en el sector minorista, último eslabón de la cadena que queda casi al margen de cualquier consideración oficial. No sólo hay una cuestión casi filosófica en la queja de los farmacéuticos, que remarcan que los medicamentos son un servicio sanitario y no una mera mercadería, sino además una alerta sobre cómo se perfila al sector. Los grandes capitales avanzan –con Farmacity a la cabeza –y quieren instalar una mirada mercantilista a la dispensa de fármaco. Lo extraño es que en un gobierno que se dice amigo del mercado, la primera respuesta a los problemas económicos sean medidas alejadas de ese paradigma: suba impositiva y control de precios.

Se atribuye a Albert Einstein la frase: “locura es hacer las mismas cosas y esperar otro resultado”. Más allá de las discusiones sobre la autoría de la idea, sirve para graficar lo que se siente al ver a un gobierno tropezar con la misma piedra. Sin imaginación, el achicamiento del gasto público es a costa de la gente, empobreciendo la clase media, que suele ser motor del consumo. Precarización de la economía se puede ver en cada índica, que pese a los intentos de salvarlo desde lo macro, marcan un deterioro permanente de las condiciones de vida. La doble moral del gobierno y su equipo de economistas trae malos augurios: las medidas ya fueron probadas, incluso no hace mucho. Hoy parecen un bidón de kerosene en medio de un incendio que otra cosa.