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Especialistas del país son cautos con nuevos parámetros de hipertensión arterialADJUNTO

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BUENOS AIRES, noviembre 16: Ante los cambios anunciados en los niveles de presión que se consideran altos, los especialistas argentinos piden ser “sumamente cautelosos”, sobre su aplicación. Afirman que se necesitan estudios clínicos excautivos para tener mejores conclusiones.

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Esta semana, en un encuentro de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA), especialistas de ese país presentaron las nuevas guías para el tratamiento integral de la hipertensión arterial. Entre las novedades, se decidió bajar los valores límites para que una persona sea considerada hipertensa, lo que generará un nuevo panorama en el mapa de la enfermedad. Es que se eliminó la categoría “pre hipertensión”, y se agregaron dos nuevas formas de hipertensión, según los datos nuevos. Esto elevará, afirman las estimaciones, la prevalencia de esta enfermedad en Estados Unidos pasará del 30 al 45 por ciento. Pero los especialistas argentinos piden ser cautelosos con el análisis de estas guías, y recordaron que para tomar más decisiones sobre la prevención y el abordaje de esta problemática se necesitan más estudios clínicos.

El Colegio Americano de Cardiólogos y otras nueve asociaciones elaboraron las denominadas Guías 2017 para el Diagnóstico, Tratamiento y Seguimiento de la Hipertensión Arterial, cuyo principal cambio fue fijar nuevos valores límite para el diagnóstico de la hipertensión. La principal novedad es que los especialistas acordaron bajar los límites de presión arterial considerada normal. A partir de ahora, la llamaban pre-hipertensión dejará de existir, y se dividirá en dos nuevas categorías: presión arterial elevada, para sujetos que se encuentran entre 120 y 129 mmHg de tensión arterial sistólica y menos de 80 mmHg de tensión arterial diástolica; e hipertensión G 1, para aquellos sujetos con tensión arterial sistólica entre 130 y 139 mmHg y diastólica entre 80 y 89mmHg. Hasta ahora, los valores normales tomados en cuenta eran de 140 mm-Hg para presión sistólica y 90 mm-Hg para la diastólica.

Los cambios tardarán en llegar a todo el mundo, afirman los especialistas. “Estas correcciones están basadas fundamentalmente en la revisión de estudios epidemiológicos, y por lo tanto deben ser tomadas muy cautelosamente, porque las evidencias epidemiológicas deben ser verificadas mediante ensayos clínicos controlados y, a la fecha, sólo existe un ensayo clínico de ese tipo que demostró que reducir los niveles de presión arterial por debajo de 130/80 es beneficioso para los pacientes”, sostuvo al portal Infobae Daniel Piskorz, presidente de la Federación Argentina de Cardiología (FAC).

“En ese estudio, llamado SPRINT, la metodología que se utilizó para diagnosticar la hipertensión arterial es diferente de la usada en los consultorios médicos. Y en otros dos estudios, que no están relacionados con el SPRINT, se registraron diferencias de entre 10 y 15 mm-Hg para la medición de la presión sistólica y de 5 a 10 mm-Hg para la diastólica, lo cual significa que ambas formas de medir la presión no son equivalentes”, consideró.

En tanto, el cardiólogo Rafael Díaz detalló al mismo portal que “este cambio en la definición determina un nuevo escenario: un sustancial incremento en la prevalencia de hipertensión arterial, un aumento en el porcentaje de sujetos definidos como hipertensos en relación a la población general”. “En este caso, cálculos preliminares en los Estados Unidos sugieren un incremento de aproximadamente el 30 por ciento histórico a 45 por ciento de la población general. O sea que un cambio en la clasificación aumenta sustancialmente el número de pacientes definidos como hipertensos; queda ver si será solo un problema semántico”, agregó.

En definitiva, el cambio en la clasificación determina una mayor proporción de sujetos ahora definidos como pacientes hipertensos; pero no un cambio sustancial en el tratamiento de esta condición, que afecta un número muy elevado de sujetos adultos en todos los países del mundo. “Este grupo de pacientes eran tratados previamente a estas guías con independencia de sus cifras de presión arterial, ya que pacientes que considerábamos con presión arterial normal (mayor a 130 mmHg pero menor a 140 mmHg) cuando eran definidos como de alto riesgo por patologías asociadas o multiplicidad de factores de riesgo de todos modos eran tratados”, remarcó Díaz, para quien, “las nuevas guías abundan en conceptos muy importantes de índole práctica como el diagnóstico, la correcta toma de presión arterial y las medidas higiénico-dietéticas, que son pilar fundamental de este tratamiento y la estratificación del riesgo del paciente”.

“Los cambios semánticos derivados de una nueva clasificación no tienen un impacto real en términos terapéuticos, por ahora no cambiaremos nuestra práctica habitual y sin duda deberemos analizar y sedimentar con más tiempo el documento cuyo resumen”, opinó Díaz. Y en la misma línea, Piskorz finalizó: “Mi opinión es que los médicos argentinos debemos ser sumamente cautelosos a la hora de analizar estas guías. La Argentina tiene sus propias guías, basadas en evidencia sólida, y adaptadas a la realidad de nuestro país”.