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VIENDO 1/9/17
Neurociencias

#Neurociencias

Cerebro y Guerra: entre la instancia innata y la evolución culturalADJUNTO

Neurociencias

BUENOS AIRES, septiembre 1º: El neurocientífico Ignacio Brusco analiza en esta columna de opinión publicada en el diario BAE Negocios la relación de la evolución en el desarrollo del espíritu bélico de los humanos, comparado con grupos de primates pacíficos y guerreros.

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Puede que el ser humano sea el único ser biológico que genere guerras. Pues si bien existe enfrentamiento entre animales, en ningún caso se plantean con la planificación, la masividad y el plazo necesario para considerarlo un acto bélico, sino como simples escaramuzas espontáneas e impulsivas, que disminuyen conflictos sociales o territoriales. Pero en escala muy menor, que además podría definirse como una toma de decisión a corto plazo, siendo la guerra una toma de decisión a largo plazo y planificada.

Es por demás interesante analizar semejante tema y su relación con la funcionalidad de la conducta humana, así como con la factibilidad evolutiva. Especialmente en su comparación con nuestros primos los primates (chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas) y también con los primeros grupos humanos con el fin de estudiarlo como una instancia innata, o por lo contrario que se haya desarrollado a medida de la evolución cultural. Más aún en momentos de avance tecnológico, donde la conducta guerrera o una alteración cerebral impulsiva puede llevar a la matanza de millones de humanos.

Ese mismo avance tecnológico permitió cuestiones ciertamente positivas, como la prolongación de la vida que llevó al aumento de la población mundial, que ha pasado de los casi 1.000 millones de habitantes que había en 1800 a 7.400 millones en la actualidad.

Este escenario genera mayor lucha territorial y mayor disputa de recursos, con un umbral más bajo para alcanzar un conflicto bélico y con el aumento de armas masivas en zonas más densamente pobladas. Combo complejo si los hay. Estas condiciones disparan la necesidad de estudiar con mayor profundidad la conducta bélica de los humanos.

Se conoce que existen condiciones de lucha en manadas de chimpancés, con control de mono líder alfa y la posibilidad de expulsión del grupo. Con peleas a muerte, hasta incluso canibalismo de agentes externos pero de la misma especie. Esto sucede, pero siempre en el contexto de lucha esporádica aguda no programada. Sean por cuestiones materiales, como alimento; o sociales, como aspectos comunitarios o simbólicos generados durante las interacciones entre pares.

Sin embargo, otros monos, también primos de los humanos, los bonobos presentan conductas sociales mucho más empáticas (son gregarios). Estos también comparten con el humano igual cantidad de genes que los chimpancés (pero otros); sin embargo, presentan una conducta más sociable con su comunidad; con menos niveles de agresión interespecie, con un claro componente pacificador.

Empatía, confianza y culpa

Existen en el cerebro unas neuronas llamadas de Von Economo (llevan el nombre de su descubridor de 1913) con una conformación especial, que se las relaciona con la empatía, la confianza y los sentimientos de culpa. Se encuentran en mucha mayor concentración en cortezas de cognición social. Éstas existen en el humano y en el bonobo, relacionándose con las cortezas sociales (prefrontal dorsolateral, cingulada anterior e insular); pero estas células se las encuentra en menos cantidad en el chimpancé.

Sin embargo, el humano comparte también genes con el chimpancé, que es más agresivo que el hombre. La pregunta es a quién se parece más el hombre: si a los bonobos (pacíficos) o a los chimpancés (agresivos).

Por lo cual, se torna importante estudiar a la evolución de la violencia en los humanos con el fin de entender nuestro nivel de agresividad, dado que factores sociales, tecnológicos, migratorios y culturales han influido fuertemente en la conducta de las personas (como por ejemplo, el alcohol traído por el español que aumentó la agresión de los yaganes de Tierra del Fuego).

Los antropólogos describen una separación muy clara en cuanto a la violencia, entre los grupos de cazadores/colectores (Edad de Piedra, Paleolítico) y los grupos sedentarios (Neolítico). Si bien en varios grupos actuales de África o un grupo estudiado de yaganes de muestra ha tenido un alta prevalencia de víctimas. Éstas no se producen como consecuencia de guerras programadas sino por comida, adulterio o peleas personales entre individuos. Es decir, si bien existen muertes, éstas son por lesiones generadas por cuestiones espontáneas.

Algo parecido sucede en el estudio de cráneos de hombres de la Edad de Piedra recolectores y cazadores (Paleolítico), si bien existen muertos y lesiones del cráneo. Se sabe que el 95% de nuestra existencia en el mundo fue de cazador/recolector, durante todo este período no existieron verdaderas guerras planificadas sino luchas esporádicas.

Recién cuando el hombre se hace sedentario (Neolítico) comienzan a aparecer señales de luchas programadas, encontrándose asentamientos de muertos, como una fosa común de 12.000 años de antigüedad encontrada en Sudán con 60 cuerpos, considerados las primeras víctimas bélicas. Algo parecido sucede con algunas tribus nómadas todavía existentes, también estudiadas en la actualidad.

Con lógica propia

La guerra es definida como la violencia planeada y organizada; diferente a la violencia individual espontánea y con pocos contrincantes. La guerra entonces no es la acumulación individual de hechos violentos en una comunidad sino que tiene su propia lógica, como dice Jurg Helbling, etnólogo de la Universidad de Lucerna. Este investigador del tema ha estudiado además otros grupos nómades pero arcaicos, en donde no aparecen guerras sino sólo eventos esporádicos y espasmódicos individuales.

En este sentido podríamos ser optimistas en cuanto a la violencia en el hombre; es decir, el hombre no generó las guerras sino que se fueron conformando culturalmente, a partir de hacerse sedentario. Lo cual ocurre en el último 5% de su historia humana.

Los grupos nómades, en general pequeños (alrededor de 25 humanos), podían alejarse del territorio (que en general abundaba) y presentaban una capacidad mayor de negociación. Así podían resolver cuestiones como el adulterio con duelos ceremoniales o al recibir la presión de su comunidad eran pacificados. Así se podían evitar cuestiones más graves de violencia. Esto se asocia también a que es necesaria la convivencia de pareja para conformar la acción simbiótica que se generaba entre hombre cazador con mujer recolectora. La ruptura de esta funcionalidad afectaba fuertemente al grupo. Por lo que el grupo aparentemente trataba de presionar el comportamiento pacífico.

Si bien existe la violencia como fenómeno universal, ésta no ha llevado a guerras en las comunidades nómadas. Sólo desde hace aproximadamente 12.000 años, cuando nos hacemos sedentarios, en Medio Oriente empezaron las guerras planificadas y el Estado como entidad organizadora.

Los grupos nómades resuelven arcaicos y actuales resuelven las cuestiones con negociaciones, apelando a rituales de lucha o escaramuzas esporádicas. Sin embargo, el sedentarismo llevó a la toma de decisiones a largo plazo a las luchas programadas, especialmente con disputas territoriales y de la propiedad.