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“Vapeadores pasivos”: un argentino alerta sobre un nuevo riesgo del cigarrillo electrónico

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BUENOS AIRES, septiembre 1º: Un investigador argentino radicado en estados Unidos lideró un equipo de investigación que determinó que el uso de este dispositivo también afecta a las personas que están alrededor de quien “vaporiza”. En un estudio anterior, se detectaron al menos 30 sustancias peligrosas en el vapor que genera el aparato. Desde el 2011, este dispositivo está prohibido por la ANMAT en el país.

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Pese a estar prohibidos desde 2011 por las autoridades nacionales, es bastante fácil conseguir los llamados cigarrillos electrónicos en nuestro país. Incluso en el sur del conurbano, los usuarios del tren Roca lo pueden adquirir a los tradicionales vendedores ambulantes, que lo ofrecen entre auriculares y cargadores portátiles. Se sabe que su uso no es inocuo, e incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que el vapor es casi tan dañino como el humo de tabaco. Pese a esto, cada vez más personas deciden probarlo. Ahora, un grupo de investigadores, liderados por un argentino, agregó una razón para no utilizarlo: los efectos negativos para quienes están alrededor del usuario. Como ocurre con el cigarrillo, estos aparatos generan pacientes pasivos, que reciben a través el vapor que se exhala las toxinas peligrosas.

Los investigadores llamaron a estas nuevas víctimas del cigarrillo electrónico “vapeadores pasivos”. Así lo llamó Hugo Destaillats, investigador en la Universidad de California, Estados Unidos, que lideró el equipo de investigadores del CONICET que junto con especialistas de la Comisión de Energía Atómica y de la Universidad de San Martín determinaron que el cigarrillo electrónico afecta a quienes están alrededor del usuario. Su trabajo fue publicado recientemente por la revista “Environmental Science & Technology”.

Los investigadores comprobaron que una persona con niveles altos de consumo (250 pitadas por día) puede exceder las cantidades máximas recomendadas de formaldehído, acroleína y diacetilo. “En otras palabras, ponen en riesgo su salud”, resumió Destaillats, en una entrevista con la Agencia CyTA-Instituto Leloi. El equipo se basó en un estudio de 2016 (también firmado por Destaillats), en el cual habían identificado en los aerosoles de los cigarrillos electrónicos 30 compuestos, entre los cuales hay algunos potencialmente dañinos porque irritan el sistema respiratorio (acroleína, formaldehído y diacetilo) y/o son carcinogénicos (formaldehído y benceno).

En esta oportunidad, además comprobaron que los no usuarios también pueden recibir niveles riesgosos de toxinas. En particular, los se exponen a los vapores exhalados en un bar (o lugares con alta concentración de usuarios) donde confluyen muchos “vapeadores” a la vez. “Observamos que tanto el formaldehído como la acroleína excedían los niveles máximos recomendados después de ocho horas de exposición y, en algunos casos, después de sólo una hora”, destacó Destaillats, y explicó que esas concentraciones pueden causar, como mínimo, irritación respiratoria. En cambio, y a diferencia de lo que ocurre con los cigarrillos convencionales, se constató que (salvo casos extremos) no se alcanzan esos umbrales en un hogar donde un “vapeador” convive con un no usuario. También se estableció que existe un amplio rango de valores de los compuestos tóxicos, según las condiciones usadas al emplear los cigarrillos electrónicos. Y que el usuario informado podría minimizar los efectos negativos eligiendo vaporizadores y voltajes apropiados.

En la Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) prohibió ya en 2011 la importación, la distribución, la comercialización y la publicidad del cigarrillo electrónico en todo el territorio nacional. Y los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea insisten en proteger a los menores de edad y en restringir la venta y la publicidad de manera semejante a lo que ocurre con los cigarrillos convencionales. Pero en varios países, entre ellos el Reino Unido, las autoridades consideran el cigarrillo electrónico una forma de asistencia para dejar de fumar, equivalente a los chicles y parches que contienen nicotina.