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Saludpública

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Un informe alerta sobre la alta presencia de enfermedades como tuberculosis y hepatitis en cáceles argentinasADJUNTO

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BUENOS AIRES, agosto 4: Un trabajo del Ministerio de Salud de la Nación detectó que una serie de patologías tienen una presencia dos o tres veces por encima del promedio general en poblaciones penitenciarias. Se trata de VIH, sífilis, Sida, hepatitis B y C, entre otras. Los datos preliminares marcan que la situación de encierro propaga estos males, y se necesita un plan preventivo.

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El drama de estar privado de la libertad tiene múltiples aristas. La social, la psicológica, la familiar. No es fácil pasar por un período de encierro, incluso para la salud. Es que un informe del Ministerio de Salud nacional asegura que los presos del sistema penitenciario tienen dos o tres chances de contraer Sida, HIV, hepatitis o tuberculosis que las personas libres. Según los especialistas, el tema de encierro es fundamental, pero también la falta de un sistema preventivo atenta contra esta situación. Los testeados, más de 2.100 reclusos, mostraron también alta prevalencia en enfermedades de trasmisión sexual, como la sífilis, lo que preocupa a las autoridades. Los datos son por el momento preliminares, y el informe final estará a fin de año.

El trabajo, denominado “Primer estudio de prevalencia de VIH, sífilis, hepatitis virales y tuberculosis en contextos de encierro en unidades del Servicio Penitenciario Federal”, fue difundido por la agencia TSS, de la Universidad Nacional de General San Martín. “Es necesario equiparar la prevención, la atención, el diagnóstico y los tratamientos al que se brinda en el medio libre, porque las personas privadas de su libertad no están privadas del resto de sus derechos”, sostuvo Juan Adrián Sotelo, del equipo técnico del área de prevención de la Dirección de SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual del Ministerio de Salud de la Nación.

Según los primeros resultados, el 6,8 por ciento de la población que fue analizada (de un total de 2.180 personas) obtuvo resultados de sífilis positivos, entre los cuales la prevalencia en las mujeres casi duplica el valor de los varones. Estos valores son tres veces más altos que los que se detectan en la población general. “Ese resultado es muy alto: más del 6 por ciento, cuando la media del país es del 2 por ciento”, dijo Sotelo.

“Es necesario equiparar la prevención, la atención, el diagnóstico y los tratamientos al que se brinda en el medio libre, porque las personas privadas de su libertad no están privadas del resto de sus derechos”, dice Sotelo, que participó desde el principio en el desarrollo de esta investigación. La idea surgió ante la carencia de datos precisos que permitiesen mejorar los servicios de salud en contextos de encierro, en los que ya estaban desarrollando actividades preventivas. “Queríamos algo general que caracterizara a esta población y se lo propusimos a los equipos del Ministerio de Justicia y del Servicio Penitenciario Federal. Nos llevó un año de acuerdos, convenios y confirmaciones”, recuerda el especialista, en la nota de la agencia TSS.

Así, entre marzo de 2016 y marzo de 2017, recolectaron 2.183 muestras de sangre y comenzaron las encuestas (2.034 a varones, 223 a mujeres y 13 a personas trans), en busca de determinar la prevalencia de VIH, sífilis y hepatitis B y C, y la frecuencia de síntomas respiratorios de tuberculosis en personas privadas de su libertad alojadas en seis cárceles del Servicio Penitenciario Federal (en Ezeiza, Marcos Paz, Devoto, Salta, Chubut y Santa Rosa, en La Pampa). “Se les ofreció participar con un asesoramiento previo y una devolución posterior, y la adherencia fue por encima de un 90 por ciento”, explica Sotelo y aclara que muchos no aceptaron hacerse los análisis porque estaban por dejar el penal o porque ya tenían algún diagnóstico de VIH.