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VIENDO 15/6/15
Pasteur

#Pasteur

Un dia como hoy en la ciencia...

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Pasteur

Un día como hoy - pero de 1886 - el científico francés Louis Pasteur da a conocer los resultados de sus experimentos sobre el virus de la rabia ante la Academia de Ciencias de Francia.

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Louis Pasteur (Dole, Francia el 27 de diciembre de 1822 - Marnes-la-Coquette, Francia el 28 de septiembre de 1895) se encontraba buscando la vacuna contra la rabia. De tener éxito, ello supondría la culminación de su brillante trayectoria profesional. Pero la vacuna seguía dándole la espalda, y en la primavera de 1884 se concentró en su trabajo en el bosque de Meudon, cerca de París, donde tenía 50 perros rabiosos enjaulados. Allí inició Pasteur una serie de experimentos que transformarían la medicina.

Pasteur había estado inoculando a conejos saliva y masa encefálica de perros y seres humanos infectados, desde que comenzara sus investigaciones en 1881. Posteriormente, en el otoño de 1884, puso a secar fragmentos de la médula espinal de los conejos infectados en unos frascos que contenían potasa cáustica. A continuación inyectó a unos animales de laboratorio una emulsión de la sustancia seca, que amortiguó considerablemente la enfermedad. Más adelante descubrió que ese tejido cerebral emulsionado era en sí mismo una vacuna que podía salvar la vida de las víctimas de mordedura que todavía no habían desarrollado los síntomas. La oportunidad de demostrar su teoría en público le llegó en julio de 1885, cuando un pastor de nueve años llamado Joseph Meister llegó con su madre a la clínica de Pasteur en París. Joseph había sido atacado brutalmente por un perro rabioso en un pueblo de Alsacia, y sus piernas, muslos y manos presentaban numerosas mordeduras profundas. Horrorizado por las heridas, Pasteur inoculó a Joseph la nueva vacuna, preparada a partir de los tejidos espinales de un conejo que acababa de morir de rabia.

Pasteur buscó alojamiento a los Meister y sometió a Joseph a un tratamiento de una inyección diaria durante dos semanas, reforzando la vacuna en cada ocasión. Todos los días, recordaba Pasteur más tarde, temía escuchar que había sucedido lo peor, y que el pequeño Joseph había muerto. Pero, transcurridas las dos semanas, Joseph se recuperó por completo, y Pasteur fue aclamado como su salvador.