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Los riesgos de los rellenos para las arrugas

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BUENOS AIRES, febrero 14: Los métodos y sus posibles consecuencias. Avances para evitar efectos secundarios.

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Arrugas de expresión, de mucho pensar o de preocupación: durante las primeras dos o tres décadas de la vida de un ser humano son tan finas que apenas son visibles. Con el paso del tiempo, las arrugas se multiplican y se hacen más profundas. Es algo normal. Aun así, muchas veces las arrugas son consideradas como una imperfección y no pocas personas intentan liberarse de ellas con inyecciones en las líneas, por ejemplo. Este método puede tener efectos secundarios desagradables, sobre todo cuando el tratamiento se hizo hace mucho tiempo y se utilizó el material de relleno (filler) equivocado.

“En los primeros tiempos de la inyección hipodérmica contra las arrugas, en los años 50 y 60, se utilizaba aceite parafínico y silicona líquida”, dice Ziah Taufig, secretario general de la Asociación de Cirugía Estética de Alemania. “Actualmente, esto está prohibido en nuestro país, porque entraña muchos peligros, tales como infecciones graves, deformaciones o alergias”. También existe el riesgo de que se generen excrecencias de tejido y úlceras con forma de nódulos.

Posteriormente, para eliminar las arrugas de forma duradera se desarrollaron rellenos permanentes, explica el dermatólogo Marcus Steinert. “Se trata de implantes inyectables de colágeno y ácido hialurónico, que no contienen, a nivel microscópico, partículas de material sintético”. Su eficacia consiste en que activan el mecanismo de protección del cuerpo para que encapsule los cuerpos extraños, lo que puede tener como resultado un aumento de volumen y un alisamiento.

Sin embargo, después de un “boom” inicial, estos productos apenas ya se utilizan en la actualidad, porque se han comprobado sus riesgos: “A corto o largo plazo casi siempre surgen problemas, que empiezan con una formación de nódulos feos o el corrimiento del material para generar después infecciones y alergias y, como efecto tardío, úlceras”, explica la cirujana plástica y estética Regina Wagner.

Incluso cuando el implante se ha integrado bien y ha surtido el efecto deseado, el resultado no siempre es duradero. En muchos casos pueden surgir años más tarde reacciones indeseadas en el tejido o deformaciones. “Como el cuerpo no puede degradar las partículas de material sintético que están contenidos en los rellenos permanentes, los problemas que estos generan muchas veces sólo terminan al quitarlos”, explica Taufig. Generalmente basta con inyectar medicamentos como cortisona para disolver las partículas. Sin embargo, muchas veces no queda otro remedio que sacarlos mediante una operación. “Es un procedimiento laborioso y el resultado, desde el punto de vista estético, a veces es muy insatisfactorio”, advierte el cirujano estético.

Según Steiner, hoy hay una serie de materiales mucho menos nocivos para la inyección hipodérmica contra las arrugas. “Están elaborados en parte de manera biológica y en parte de manera industrial y se distinguen por su eficacia y su durabilidad”. El material que más se usa es el ácido hialurónico, que es una molécula de azúcar que forma parte de la piel humana.

Hace algunos años, ese ácido desplazó a otra sustancia del primer lugar en la lista de materiales antiarrugas: el colágeno, una proteína producida por el propio organismo humano. “Esto se debe a que el tratamiento de arrugas con colágeno suele producir reacciones alérgicas, a veces fuertes, porque las moléculas proteicas que se utilizan se obtienen de la piel de cerdos o vacunos y en algunas personas causan intolerancia”, explica Taufig.

Por ser sustancias biológicamente degradables, el ácido hialurónico y el colágeno poco a poco son resorbidos completamente por el cuerpo. “Por esto, el efecto alisador en algún momento disminuye, por lo que se tiene que reactivar con una nueva inyección hipodérmica”, dice Steinert.