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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
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Opinión: Bodega, botica, boutique

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Todas estas palabras provienen del latín apothēca que significaba tanto bodega como despensa y era derivada del griego apotheké, que significaba a su vez depósito o almacén de provisiones. A su vez, apotheké, derivaba de la forma verbal apotíthemi, que quería decir “yo deposito”.

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El paso de la palabra desde el latín a lenguas romances no plantea ninguna dificultad; incluso es un ejemplo clásico de la sonorización de oclusivas sordas (así, apothēca se trasforma en bodega). Bodega es una de las palabras más antiguas del castellano; está documentado su uso en 1095, o sea un siglo después de la época admitida como “nacimiento” del castellano como lengua autónoma.

Por iotacismo, (en este caso pronunciar la ē como i), surgen en el sur de Francia botique, en catalán botiga, y en castellano botica (la primera referencia del término botica aparece en Calila y Dimna, en 1251), aunque en esa época el vocablo se refería a una tienda.

Por ese procedimiento en español se produjo el doblete bodega / botica. La variante formal se acompañó de una variación en el significado, porque el valor originario de todas estas palabras con -i- era el de “tienda”.

De este modo, hoy día tenemos en castellano tres nombres que están emparentados históricamente, pero que tienen diferente significado: bodega, botica y boutique. Los tres son sitios donde se almacenan cosas (que después se pueden vender). Los almacenes estaban normalmente en los sótanos, que eran el mejor lugar para conservar alimentos, bebidas, hierbas medicinales, etc. En una bodega se prepara, guarda y elabora el vino; en una botica, las medicinas; y en una boutique, mercancías en general. De hecho, la boutique era en francés al principio cualquier tipo de tienda y solo después se especializó en el significado de tienda de moda o de productos selectos.

Actualmente la palabra botica, casi totalmente sustituida por farmacia (del griego fármakon: medicamento, veneno, tóxico) se utiliza menos que a comienzos del siglo XX. Hasta el siglo XVII la labor del boticario era considerada un oficio. En esa época los boticarios se formaban en las propias boticas, pasando de aprendices a mancebos y por último a maestros boticarios tras un examen ante el Real Protomedicato, pero la farmacia fue declarada "arte científico" y la formación de los nuevos profesionales paso a realizarse en los Colegios de Farmacia y en las Universidades. Si a un grado en farmacia recién salido de la facultad le digo que ya es boticario, me pondrá mala cara. Si le digo que es farmacéutico, la cosa cambia. Botica y boticario tienen un tufillo sospechoso y han sido sustituidos por los términos más prestigiosos farmacia y farmacéutico.

De manera que en castellano, al lugar donde se preparan, dispensan y venden los productos medicinales se le denomina farmacia. En otros idiomas tiene la misma etimología: pharmacie (francés), farmacia (italiano), farmácia (portugués) o pharmacy (inglés, que también emplea la expresión “drug store”).

De esta suerte, mientras el idioma castellano tomó de apotheké el nombre de los lugares donde se almacena o se vende el vino, en otros idiomas significa farmacia: apotheke (alemán), apotheek (holandés), apoteka (serbio) o apotek, (sueco). Sin embargo, la voz latina apothēca aún permanece en español en el vocablo botica.

¿Será que nuestras actuales farmacias se comportan como boutiques? ¿En qué momento se ha olvidado que la misión del farmacéutico es atender a las necesidades del paciente en relación con su medicación? Pues atender esas necesidades implica colaborar para que los pacientes obtengan el máximo beneficio de los medicamentos que utilizan, esto es, implicarse en la consecución de resultados en salud.

Hoy no es suficiente con entregar productos, el farmacéutico ha de comprobar que el paciente sabe cómo usar los medicamentos y, en su caso, ayudar a conseguir que estos sean necesarios, efectivos y seguros. ¿Todos los dolores de cabeza, o todos los ataques de tos, son iguales y se tratan igual? Es necesario protocolizar la actividad profesional de dispensar o de indicar un medicamento. Protocolos para poder asegurar el cuidado de pacientes de modo uniforme.

Y tú ¿te comportas como en una farmacia o como en una boutique?