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CienciaArgentina

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Nanomedicinas: cuando la arquitectura se ocupa de lo diminuto

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BUENOS AIRES, marzo 3: Fármacos que alcanzan sitios inhóspitos del cuerpo humano. Terapias alternativas y novedosas. Un grupo de científicas argentinas utilizan las nanoestructuras “para enviar fármacos y ejecutar su acción a determinados sitios del cuerpo. La manera en que se moverán y hacia dónde se dirigirán depende del modo en que se diseñen”, explicó Eder Romero, referente del tema e investigadora de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

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Desde sus comienzos, en 2007, el Programa de Nanomedicinas de la UNQ es dirigido por Eder Romero, doctora en Ciencias Exactas y licenciada en Bioquímica, egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Aunque, allá por 1999, no circulaba demasiada información respecto de las nanotecnologías, su paso por laboratorios europeos la invitaban a experimentar en el campo de la salud desde un universo prometedor, constituido a partir de materiales menos costosos y originales. “Ni bien regresé al país puse manos a la obra y comencé a examinar estrategias terapéuticas desde un enfoque distinto. No se trataba ni de biología molecular, ni de diseñar moléculas, sino de fabricar estructuras, aunque muy pequeñas”, explica.

El “nanomundo” es un espacio con leyes propias, cuyos objetos conforman una escala de longitud especial: un nanómetro equivale a la mil millonésima parte de un metro. Se trata de un tamaño intermedio, ya que sus elementos son más pequeños que las células, pero más grandes que los átomos. Los microscopios de fuerza atómica facilitan su análisis y operan como llaves en un terreno colmado de potencialidades alucinantes, que giran en torno de la construcción de arquitecturas inteligentes. Tal como la define Romero, “una nanoestructura es un arreglo tridimensional de elementos. Desde nuestro equipo, las utilizamos para enviar fármacos y ejecutar su acción a determinados sitios del cuerpo. La manera en que se moverán y hacia dónde se dirigirán depende del modo en que se diseñe esa nanoestructura, que funciona como si se tratara de un vehículo”.

Investigar en el campo de la salud no es tarea fácil. Por ello, el desafío es trabajar en espacios vacantes mediante el diseño de estrategias médicas no convencionales. En este sentido, el Programa concentra sus esfuerzos en enfermedades que se destacan por su complejidad, como la diabetes, el cáncer o las afecciones neurodegenerativas. Conforman el grupo de patologías que causan los mayores índices de muertes a nivel mundial y que representan cuantiosos gastos para los Estados. En esta línea, desde el laboratorio se avanza tanto en el desarrollo de vacunas terapéuticas (las que se aplican cuando la persona ya está enferma), así como también en diversas terapias a partir de medios no invasivos. “En países como el nuestro es fundamental no aplicar elementos inyectables. Hoy en día es posible vacunarse mediante la aplicación de nanoestructuras sobre la piel sin el empleo de agujas, para acceder a los puntos profundos sin dañar la piel y lograr una respuesta adecuada. También evaluamos estrategias de entrega de fármacos por vía inhalatoria y oral, como sucede en inflamaciones gastrointestinales”, señala.

Si bien las nanomedicinas, en la actualidad, conforman un área en constante desarrollo, el Programa de la UNQ se distingue por la singularidad de los materiales que utilizan para fabricarlas. El equipo de Romero se destaca a nivel internacional por el empleo de arqueobacterias hiperalófilas, unos microorganismos extraídos de salinas localizadas en la ciudad de Puerto Madryn (Chubut). El procedimiento que adoptan los científicos puede sintetizarse de la siguiente manera: “Los hacemos crecer, luego los desarmamos y, por último, fabricamos nanoestructuras, cuyas propiedades difieren de las diseñadas con elementos de uso más corriente”. Lo maravilloso es que permiten la obtención de productos que desarrollan capacidades muy interesantes: “Son compuestos que pueden almacenarse por largo plazo, resisten altas temperaturas y presentan mejor disposición a ser enviados a sitios específicamente localizados en los cuerpos”.

En la actualidad, todos los desarrollos enmarcados en el Programa se encuentran en fase preclínica, etapa de pruebas que prevé la utilización de animales y modelos celulares de tejidos. A pesar de los intentos, Romero advierte que es muy difícil alcanzar las pruebas clínicas, es decir, aquellas que involucran a centenares de miles de pacientes. “Los pasos siguientes demandan la inversión de millones de dólares y, en Argentina, el vínculo de los laboratorios con las empresas no está muy aceitado, pero nunca perdemos las esperanzas”, concluye.

Universidad Nacional de Quilmes