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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
MiradaProfesional

#MiradaProfesional

Vieja editorial sábado, 20 de marzo de 2010: Gulliver en el país de los enanos y las bonificaciones de PAMI

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Cuenta Jonathan Swift en su increíble libro “Los viajes de Gulliver”, que cuando el “hombre montaña” llegó a Liliput, el rey de los enanos propone una serie de reglas para que pueda quedarse en esas tierras lejanas. Reglas, que le impedía muchas cosas, y lo obligaba a trabajar para el pueblo. No se sabe si el gigante las cuestionó, solo que las aceptó. Sin discutir. Pese a que parecía tener la ventaja por su altura y fortaleza. No discutir una injusticia puede ser una actitud peligrosa. Eso parece pasar en las farmacias del conurbano bonaerense y de Capital Federal, respecto a las bonificaciones que deben pagar cada vez que dispensan medicamentos a afiliados del PAMI.

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BUENOS AIRES, octubre 18: María Lourdes Crespo, especialista en ginecología y obstetricia, recuerda que este periodo especial en la vida de las mujeres, que se presenta entre los 45 a 50 años, se sufren muchos cambios, los cuales deben conocerse para paliarlos.

Por porcentaje, las mismas son casi vejatorias, de tan altas se asemejan a peajes o tasas aduaneras. Y sin embargo parece que nadie las discute. Para muestra basta un botón: cuando quien escribe estas (indignadas) líneas, en una reunión con dirigentes de Colegios de todo el conurbano, le plantea al caso al presidente de todos los farmacéuticos de la Argentina con la presencia de algún dirigente provincial en esa misma mesa, ejemplificando la paupérrima distribución que existe hoy en nuestro país, los colegas miran con mala cara, se apartan, o dicen que “este no es el contexto...”, quedando más preguntas que respuestas flotando en el tenso aire.

Porque uno hace esa pregunta y esta convencido que el hilo se tiene que cortar por lo más grueso y no por lo más fino, como viene pasando. Y en estos momentos de la coyuntura económica, uno no entiende como estos descuentos no son tema prioritario de la agenda de la dirigencia farmacéutica, como no estamos discutiendo las bonificaciones en los convenios más importantes a nivel nacional, como PAMI o varias prepagas. No faltarán los agoreros de turnos que dirán, muy sueltos de cuerpo: “cada farmacia pone lo que quiere poner”, sostenidos en que en el interior se pone mucho menos en bonificaciones porque hay más unidad o decisión.

Ese mecanismo de simplificación en la dirigencia del sector existe (cuesta creerlo), gracias a la total falta de conocimiento de cómo es el mercado de las grandes ciudades, entonces un poco se dejan pasar esas voces, para no volverse reiterativo y cansador explicando a quienes ocupan lugar en la estructura de la dirigencia provincial y nacional de los farmacéuticos; cosas que son básicas para cada farmacia, que detrás de cada mostrador responde todos los días a un patrón de costos en crecimiento. Más si escucha de algún dirigente nacional: Hoy la farmacia se esta llenando de guita. No hay duda de que cuanto más alto llegas en la pirámide del poder más rápido se olvida del farmacéutico en su farmacia, incluso en cuestiones tan básicas como el salario del profesional.

¿Alguien imagina a un gremio cualquiera, incluso a la CGT, esté quien esté al frente, bajándose de la lucha por el salario, por la cobertura médica, por la formalidad del empleo? Por más diferencias política que haya con esta u otra conducción sindical, uno reconoce que hay dos, tres, varias banderas impostergables para cualquier dirigente que quiere representar trabajadores. Salario, fuentes laborales, obras sociales, elementos que son prioridad en cualquier gremio, sea cual sea su línea política. Esto, en la dirigencia farmacéutica, es una verdad de Perogrullo. Porque tendremos discusiones del mejor curso de perfeccionamiento profesional, certificaciones, fotos en olimpíadas farmacéuticas, distinciones por llegar a cumplir medio siglo como colega. Muy respetable todo. ¿ Y del salario farmacéutico y la rentabilidad de la farmacia para cuándo? La discusión y los argumentos sólidos para defender la economía, el negocio de la farmacia independiente en la Argentina hace años que no está en la agenda de ningún dirigente. Alguna vez en forma testimonial. Algunas conclusiones en Buenos Aires o en un hotel mardelplatense; ¿ Pero con las conclusiones avioncitos de papel?

Volviendo a los descuentos del PAMI, un lugar como la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que tiene una de las redes de farmacias más importantes del país, establece una escala que va desde menos de 10 puntos hasta los 17, sin importarle la calidad de farmacia que tenemos. Entonces, una farmacia en el conurbano, que atiende digamos 100 recetas, tiene que dejar arriba de los 16 puntos de bonificación, mientras que en Salta, un mostrador que atiende a dos terceras partes de los afiliados y 700 recetas, pone el 50 por ciento de la bonificación. Estas asimetrías ya no pueden existir. Hoy, ninguna farmacia debería soportar una bonificación por encima del 10 por ciento. En ningún convenio.

Algunos dirán que PAMI tiene una bonificación país de 13 puntos. No es excusa. Hay que homologar el sistema. Porque así, desparejo, nos perjudicamos incluso a la hora de negociar. Cómo se puede discutir con PAMI temas de costos si ellos establecen un descuento que las propia COFA obliga a subir. “El problema es entre ustedes”, te dicen en la mesa. En principio, la estructura de costo hoy (lo decimos en marzo 2010, a medida que nos acercamos a un año electoral) se basa en una inflación estimada de 25 por ciento (piso) al 35 por ciento (techo), pero para los costos, no para los precios, lo que hace que no se puede seguir sosteniendo este esquema. Y que un dirigente, de cualquier peso, soslaye esta discusión, que la deje de lado, no puede estar ocupando una silla de conducción nacional o provincial o en cualquier grado de responsabilidad. Así de claro.

Yendo a la estructura del negocio, es verdad que el mercado de las grandes ciudades tiene desviaciones por la cantidad y calidad de “jugadores” que interactúan en poblaciones de 200 mil, 500 mil, un millón de habitantes. Porque la oferta de medicamentos es mucho mayor, los descuentos son mayores, las ventas por fuera del circuito farmacéuticos, todos elementos que condicionan y desvían el precio relativo de los remedios. La primera pregunta a esos dirigentes que nos (mal) dirigen salta de madura, es si no conocen esta situación, y si no es una necesidad que ninguna farmacia tenga que entregar más de 10 puntos de su rentabilidad. Aquellos mostradores que están acostumbrados a pelear por el mercado haciendo beneficencia, concentrando la oferta de medicamentos y atacando la farmacia independiente, deberían ser inteligentes y entender que podríamos tener otra escala de bonificaciones, teniendo arriba de la pirámide al el número de recetas y no a la zona donde está ubicada. Hoy las bonificaciones son territoriales. “Si estas en Lanús, ponés el 16 por ciento, y en la Quiaca el 8”. Y como hasta ahora no hay farmacias móviles, con rueditas para trasladarla al lugar más conveniente, lo que hay que hacer es establecer un nuevo esquema basado en el volumen de recetas que se atienden. Evitando que cuatro vivos se queden con el negocio de la seguridad social mientras la farmacia independiente desaparece.

Cuando se plantea esto, no se hace desde una posición de mayor inteligencia. Ni siquiera desde una posición futbolera que apela al “aguante” de los profesionales. Lo hace desde la convicción de ver que dirigentes farmacéuticos, mandato tras mandato (y van décadas con ellos arriba) no ponen la discusión sobre la mesa. Muchachos que ya no se pueden esconder detrás de una botellita de una mineral con gas. Tenemos dirigente no sólo con práctica política vencida, sino con concepciones del mercado arcaicas. Esto no quiere decir que el farmacéutico de Carmen de Patagones, que hoy pone menos de 10 puntos de bonificación, tenga ahora que poner más. Eso no. No queremos que esa farmacia ponga más, pero no podemos soportar que nosotros, en el conurbano, seamos el “pato de la boda”. Porque esta desviación en las grandes ciudades hace insostenible el negocio, por lo que deberíamos marchar todos juntos a un convenio donde podamos discutir la prestación a la seguridad sociale con menores plazos de recobro y menos bonificaciones.

Así no se sostiene. No sólo esta parte del costo farmacéutico, sino mucho del andamiaje de la estructura en la que está sentada el negocio de la farmacia. Hoy, por ejemplo, hay una intención manifiesta de un sector de la industria de romper la ley de prescripción de medicamentos por nombre genérico. Así, el laboratorio se hará cargo del repago de la receta que se dispensa, que estará escrita con el nombre comercial. El costo esta a la vista: los laboratorios direccionarán la oferta de productos, a costos señalados con el dedo ( hacia los concentradores) y sobre todo violando sin más una ley. Una locura, si miramos cómo hacen los países del primer mundo, que no atacan al genérico. En Alemania, los fármacos tienen un porcentaje diferencial por cada banda, pero además el estado premia con un honorario al farmacéutico que orienta, realiza atención farmacéutica y sustituye con un medicamento por su genérico, que hace que baje el gasto en el sector y beneficia al bolsillo del paciente. Como se ve, en el primer mundo no atacan la ley, la incentivan, la cuidan, la premian.

La inflación de costos que tenemos hoy se da porque el colchón de precios que tiene algunos medicamentos hace que la inflación se note en la carne, en la verdulería, pero no supere el 5 por ciento de noviembre del año pasado a estos días en las farmacias (datos de manual farmacéutico, nada del INDEC). Gracias a ese cupo de exportaciones, a esa industria nacional que saludamos y festejamos.

En conclusión, queremos que la dirigencia trate los temas prioritarios, los urgentes. Porque tenemos un problema grave en la economía de las farmacias, de viabilidad, de sustentabilidad. Tenemos una pelea por las asimetrías con las bonificaciones, entre grandes ciudades y el resto del país, lo que hace entre otras cosas que farmacias puedan comprar más barato que incluso en las droguerías. Estamos ante una coyuntura de costos, una crisis de sustentabilidad, y una dirigencia farmacéutica que en vez de admitir el problema se limita a hacer el “siga siga” arbitral futbolero. Con esa única justificación siguen sentados a la cabeza de las grandes organizaciones. Es hora de pensar diferente, para que Gulliver no se vea tan grande. O nosotros dejemos de ser enanos.

Néstor Caprov