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Debate sobre la formación asistencial de un farmacéutico. Blog de Manuel MachucaADJUNTO

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El pasado 2 de marzo de 2012 intervine en una mesa de debate, en el marco del XV Congreso de OFIL, sobre la formación asistencial del farmacéutico. El moderador, Borja García de Bikuña, organizó el debate en torno a tres preguntas. Los ponentes fueron Wanda Maldonado, Decana de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Puerto Rico, Leida Barrios, Decana de la Facultad de la Universidad de Panamá, y yo mismo. Aquí dejo mis contestaciones a las preguntas, sobre mi opinión acerca de la formación asistencial del farmacéutico en España: ¿Cuál cree usted que son los puntos fuertes y débiles de la formación asistencial del farmacéutico en su país y por qué?.

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BUENOS AIRES, julio 10: La entidad sanitaria mundial incorporó a su Lista de Medicamentos Esenciales tratamientos contra el cáncer que se toman vía oral en vez de ser inyectados.
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LA PLATA, julio 15: Al menos dos alumnas de una escuela de Hudson fueron diagnosticadas con la enfermedad, altamente contagiosa. Desde Provincia suspendieron las clases y confirmaron tareas de desinfección.

En mi opinión, la formación asistencial de un farmacéutico en España es inexistente, porque solo se basa en la buena voluntad de un profesional, que cuando adquiere la titulación profesional no ha recibido formación asistencial alguna, y para la que después no hay titulación reglada, que garantice que la práctica asistencial se ejerce de una forma concreta, siguiendo un proceso racional de toma de decisiones, para garantizar unos objetivos concretos que la sociedad requiere y demanda de ese profesional.

No podemos olvidar que una titulación profesional oficial, garantizada por el Estado, es una garantía jurídica. En España hay leyes desde 1997 que obligan al farmacéutico a realizar el seguimiento de los tratamientos farmacológicos de los pacientes. De esta práctica asistencial se habla además en la ley de regulación de los profesiones sanitarias de 2003 y en la de garantías y uso racional del medicamento de 2006. Sin embargo, en ningún momento se ha hecho esfuerzo político alguno para desarrollar lo que era, según se mire, o buenas intenciones o, en un país tan taurino como este, un brindis al sol pleno de intencionalidad política en el peor sentido de la palabra.

Los ciudadanos españoles pueden sentirse estafados por los políticos, que no han desarrollado una legislación que garantice que se ejercen y se enseñan prácticas asistenciales que evitarían el sufrimiento y muerte, evitables en muchas ocasiones, que produce una farmacoterapia muchas veces mal indicada, poco efectiva, a menudo insegura y también mal utilizada.

Pero también pueden sentirse engañados por una Universidad que no forma en excelencia al 70% de sus estudiantes farmacéuticos, los que se orientan a actividades asistenciales. La Universidad no cumple la demanda de las leyes que hablan de los requisitos que debe cumplir un farmacéutico asistencial, hace oídos sordos a ello, y con el dinero de los contribuyentes sigue orientada a su pura endogamia, a estar pendientes de ellos mismos en vez de tener en cuenta lo que necesita la sociedad.

Además, los profesionales farmacéuticos tampoco hemos tratado de corregir hasta ahora lo que la Universidad no ha dado en la formación asistencial. No se han movido por tener una formación posgraduada reglada fuera de la Universidad, tal y como otros profesionales tienen con las especialidades, reguladas por el Ministerio de Sanidad. Han preferido dedicarse a defender de forma gremial algo que está dejando de tener sentido, y les ha faltado valor para afrontar el futuro de la única forma que se puede afrontar, que es siendo sensibles a lo que la sociedad necesita de ellos en un mundo cambiante.

La buena formación asistencial para el farmacéutico en España es anecdótica. El gran problema ha sido que se ha discutido y se ha discutido….pero de espaldas a la sociedad y mirando cada cual a su propio ombligo o a su propio ego, cuando no se ha despreciado o se ha ninguneado, pensando que el problema de los farmacéuticos asistenciales es que son científicos de segunda o tercera división.

Por tanto, y para concluir. No existe formación asistencial para los farmacéuticos, para desgracia de los pacientes, de nuestro sistema público de salud y para los propios farmacéuticos.

¿Cuál cree usted que debe ser la función de la Universidad respecto a la formación asistencial del farmacéutico y por qué?

La Universidad en España ha perdido una oportunidad irrepetible con el desarrollo del Documento de Bolonia. Ha sido trágico para el 70% de sus alumnos, que luego se orientan a actividades asistenciales, y lo ha sido para ser profesionales competitivos en Europa respecto a otros farmacéuticos.

El Documento de Bolonia no se supo entender. Se pensó que el grado era un paso atrás al compararse con la licenciatura, y se quiso equiparar el grado a la licenciatura, lo que ha sido un gran error. Y la realidad de lo que se pretendía era que lo que capacitase para trabajar era el grado de Master, ya con la orientación profesional adecuada. Esto ya no es posible, y tenemos unos graduados que deben hacer más cursos que sus coetáneos europeos, con una formación que no capacita para la actividad asistencial, y unos Masters impartidos por profesores de las Facultades, que no tienen ni idea de en qué consiste la función asistencial del farmacéutico.

Se perdió la oportunidad de hacer un grado generalista y luego un Master de dos años orientado a las distintas salidas, obligatorio para ejercer profesionalmente, y lo que se ha hecho es lo que suele hacer la Universidad española, llevar hasta sus últimos extremos la máxima de Lampedusa, de cambiar todo para que nada cambie. Eso, además, con el dinero de los contribuyentes, como dije anteriormente. Un dinero que no es de nadie, por lo que parece, un dinero que no sirve a la sociedad sino a los intereses particulares de los que se reparten la tarta de la docencia.

Se ha tirado por la borda una generación de profesionales que siguen sin acceder a un tipo de formación transformadora para su actividad asistencial.

Después, nadie puede extrañarse por lo que pasa ni rasgarse las vestiduras.

La Universidad debería formar también farmacéuticos asistenciales, al igual que puede formar farmacéuticos de otro perfil más tradicional. Con las posibilidades que daba el Documento de Bolonia no tendría por qué excluirse ni sentirse excluido nadie, pero ahora eso no es posible, y pasarán muchos años antes de que esto pueda ser posible.

Y la solución es tremendamente difícil. Los farmacéuticos de hospital crearon una especialidad para equipararse a los médicos. Eso se consiguió por sus méritos y porque estaban dentro del sistema. Si no es dentro del sistema, difícilmente podremos generar una especialidad. Si no nos quitamos las pesadas etiquetas del dónde trabaja usted, los farmacéuticos seguiremos perdiendo.

Hasta que quienes tengan capacidad de transformar no sean gente que mire más allá de su propio ombligo, habrá poco que hacer. La grandeza de miras ha sidoun bien escaso en España.

¿Considera usted que la formación reglada es competencia exclusiva de la Universidad y por qué?

Creo que no es así en otras profesiones asistenciales, y que los farmacéuticos deben seguir las mismas pautas que otras como la medicina o la enfermería, con las que debería aspirar a equipararse. La formación reglada en España necesita que no sea exclusiva de la Universidad, porque, o cambia de verdad, lo cual es tarea ingente, o sería un atraso para la profesión.

Las profesiones que trabajan con pacientes deben aprenderse también con profesionales con experiencia contrastada y acreditada, que desarrollan un proceso de formación reglada para adquirir un título de especialista. Eso no se hace en la Universidad, sino en establecimientos sanitarios. Y para poderse hacer esto, el sistema público de salud debería reconocer que esta práctica es posible y es útil para la sociedad. Esto en España no se ha demostrado suficientemente, aunque en otros países sí. Se podría probar con alguna experiencia, o aceptar los resultados de otros para probar. Así se han instaurado muchas tecnologías sanitarias en este país, pero, claro, no las traían farmacéuticos.

Hoy en España estamos inmersos en un nudo gordiano en el que no hay formación reglada universitaria o no universitaria en la actividad asistencial del farmacéutico, que entiendo que es un proceso racional por el que se identifican todas las necesidades farmacoterapéuticas de los pacientes, y se trabaja porque esas necesidades se cubran con medicamentos que se utilizan adecuadamente como para alcanzar las máximas cotas posibles de efectividad y seguridad.

Hoy estamos ante la pescadilla que se muerde la cola. Y lo único que se nos ocurre al verla, es llorar y lamentarnos porque está así, o echarle la culpa al de al lado de que la pescadilla se haya mordido la cola. Necesitamos que alguien con capacidad para ello, se acerque a la pescadilla y le saque la cola de la boca, sin esperar a que le muerda.