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VIENDO 15/6/15
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La farmacia artesanal al margen de la industria

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ESPAÑA- Abril 15.- Compartimos y recomendamos leer el análisis de Antonio Teruel

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Una de las imágenes más habituales que nos pueden venir a la mente al pensar en una farmacia –sobre todo si intentamos echar la vista atrás en el tiempo– es la de los tarros de porcelana para almacenar hierbas medicinales o ungüentos y comprimidos fabricados a partir de fórmulas magistrales. En muchas boticas todavía pueden verse estos recipientes, aunque con frecuencia sólo tienen ya un papel meramente decorativo. No obstante, eso no significa que ya no se elaboren, como antaño, productos como cremas, jarabes y cápsulas, de una manera moderna en cuanto a la tecnología pero artesanal en lo que se refiere a la cantidad fabricada de cada producto, casi siempre limitada y con un uso muy concreto.

Tal y como explican en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Alicante (COFA), la legislación autonómica vigente establece que las oficinas de botica están «obligadas a elaborar y dispensar fórmulas básicas», entendiendo como éstas las cremas de uso cutáneo. El director del laboratorio del COFA, José Luis Vidal, añade que están exentas de fabricar estos productos las farmacias ubicadas en localidades con menos de 1.500 habitantes, porque potencialmente apenas van a tener demanda de este tipo de artículos, y las que tengan una superficie inferior a 60 metros cuadrados, porque difícilmente van a disponer de espacio físico para albergar el laboratorio. En estos casos, el Colegio de Farmacéuticos es quien se encarga de elaborar aquellos productos que estas oficinas pidan.

José Luis Vidal explica que las fórmulas más habituales que se elaboran en el laboratorio son productos de pediatría, puesto que «habitualmente no hay medicamentos» específicos para niños, y administrar a los pequeños la dosis exacta de un fármaco para adultos puede resultar complicado. Por ello, es más viable la búsqueda de una «fórmula líquida adecuada al peso y la edad» de los menores. Así, los jarabes constituyen una parte importante del volumen de trabajo, junto con las cremas para solucionar problemas dermatológicos o tonificar la piel. También se elaboran cápsulas, a partir de principios activos como el bicarbonato. Las lociones capilares son otro de los principales productos que salen de estos laboratorios, generalmente atendiendo a la demanda realizada por algún profesional de botica.

El Colegio de Farmacéuticos de Alicante tiene registradas alrededor de 4.500 fórmulas magistrales, aunque, según señala José Luis Vidal, muchas de ellas han quedado ya desfasadas y sustituidas por otras. Cada año, comenta, se incorporan aproximadamente una veintena de productos nuevos; en este sentido, en la actualidad se trabaja en un jarabe y tres tipos de cremas para la piel, que previsiblemente se comercializarán a partir del verano.

Asimismo, para que el fármaco correspondiente a la fórmula pueda comercializarse, el laboratorio está obligado a elaborar un prospecto del mismo, de manera que el paciente conozca los posibles efectos adversos que pueda tener el medicamento. Este proceso lleva aparejada la realización de un control de calidad exhaustivo, para garantizar en todo momento la seguridad en la administración del producto.

La razón de ser de algunos de estos medicamentos es que, por su escaso valor, no resultan rentables para la gran industria farmacéutica. Sin embargo, por lo general esta «botica a la carta» resulta más cara que la convencional. Los motivos son obvios en cierta manera: para empezar, las cantidades que se fabrican son mucho más pequeñas, hasta el punto de que alguna fórmula llega a materializarse para atender la demanda de un único paciente. Así, los costes de producción son mayores, y por lo general no existe después un beneficio económico. Además, tal y como señala Vidal, hay que tener en cuenta que las fórmulas magistrales tienen un periodo de caducidad más corto que los medicamentos tradicionales, lo que impide también fabricar cantidades elevadas.