#MiradaProfesional: Primavera silenciosa
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Farm. Néstor Adrián Caprov

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#MiradaProfesional

Primavera silenciosa

ADJUNTO

Sería fantástico que ganara el mejor y que la fuerza no fuera la razón. Que se instalara en mi barrio el paraíso terrenal. Que la ciencia fuera neutral. Joan Manuel Serrat

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#MedicamentosContraelCoronavirus
Farmacéutica no permite el uso en Latinoamérica de un fármaco con potencial contra el Covid-19
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BUENOS AIRES, mayo 13: Entidades denuncian que el laboratorio Gilead no autorizó el uso de versiones genéricas del remdesivir en países de la región, excluidos de la lista beneficiados con licencias voluntarias no exclusivas” del tratamiento.
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#Investigaciones
Farmacéutica anuncia que en septiembre se probará una vacuna contra el coronavirus
ADJUNTO
NUEVA YORK, marzo 30: Se trata de Janssen, la división médica de la empresa norteamericana Johnson & Johnson. El proyecto se hace en conjunto con la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA) de los Estados Unidos.
MiradaProfesional

Q
uiero aprovechar este título que parece por demás vigente (y que algunos interpretarán que traigo a colación de la estación templada que, por lo menos a Buenos Aires está tardando mucho en llegar) para hacer tomar conciencia sobre lo que lleva, en realidad, una larga historia que desencadenó una obra escrita en 1962 por Rachel Carson y que marcó un antes y un después –si se quiere- en los conocimientos sobre la manipulación de los pesticidas y su impacto en el ambiente. Dicho libro alertaba sobre los peligros de las industrias químicas y su efecto contaminante y, según algunos fue el responsable de la prohibición del DDT en los EEUU.

En su momento, la crónica que el New Times hacía del texto, mencionaba alago así como que la gente estaba envenenada de una manera que ni los Borgia hubieran imaginado. Lo peligroso del DDT era su persistencia en el cuerpo de los damnificados porque se depositaba en su tejido adiposo. La autora y bióloga recogió como uno de los testimonios que los esquimales a los que había tenido acceso durante los años ´50 no presentaban problemas de fertilidad y luego, en los años ´60, con los avances de las industrias contaminantes actuando y disrumpiendo sobre sus sistemas hormonales, eran muchos los que ya contaban con problemas de ese tipo.

Con leves modificaciones esa disputa continúa. En distintos escenarios y con distintos nombres las historias se suceden y las experiencias se acumulan pero no parecen aprenderse. Lejos de ello, aun con enormes testimonios de las consecuencias que provocan los agrotóxicos no sólo siguen sin prohibirse sino que es el pueblo y no las autoridades - que deberían velar por la salud de la comunidad- quien con su esfuerzo y su lucha logra protegerse. Ya desarrollé en esta columna el espanto que me causa lo que causa (y no es un juego de palabras –o sí-) el uso irresponsable y el consiguiente permiso del cultivo masivo de transgénicos y los daños que ocasionan la gran cantidad de herbicidas que se requieren para su ¨éxito¨. Sin embargo, como demostró aquella ¨Primavera silenciosa¨ (que denunciaba la posibilidad de quedarnos sin pájaros por la desaparición de la cadena trófica), los vecinos de la planta del departamento de Malvinas Argentinas en la Provincia de Córdoba, por ejemplo, pudieron detener lo que no quisieron los políticos. Para los que no saben de qué se trata lo que cuento, los pongo al día de que en dicha localidad se logró que una jueza acepte una ley de amparo antes de dictar la sentencia. Lamentablemente –merced a los intereses creados- a la firma se le otorgó el permiso de erigir la planta procesadora de semillas de maíz transgénico, desconociendo la Ley General del Ambiente Nº 25.675 e informes de impacto ambiental.

Luego de jornadas de bloqueo que aun no cesaron, los pobladores le exigen al intendente la realización de una consulta popular. Algo parecido se había llevado a cabo en audiencia pública convocada en 2007 por un caso de contaminación con plomo en General Cabrera. En fin, esto se parece al texto de Eduardo Galeano sobre la Utopia:

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar.

Sin embargo, los agrotóxicos son concretos y dañan, es necesario implementar leyes contra ellos y ejecutar leyes contra quienes los utilizan.

Lic. Gabriela Polischer Antropóloga

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