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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
MiradaProfesional

#MiradaProfesional

Desventuras de una paciente

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MiradaProfesional

La ciencia no me interesa. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas que me son preciosas. Luis Buñuel

#Producciónpública
Río Negro surtirá de medicamentos a la provincia de La Rioja
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VIEDMA, septiembre 10: Es gracias a un acuerdo que se comenzó a tramitar en estos días. El objetivo es que los tratamientos esenciales que produce la planta pública sean entregados en el sistema riojano, que así pagará menos sus tratamientos. Para el 2020, la planta estatal del sur del país busca triplicar la producción de fármacos, generando nuevos recursos para la provincia.
#Vacunación
Inauguran en Chaco un centro para almacenar y distribuir vacunas
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BUENOS AIRES, septiembre 11: El denominado Centro de Almacenamiento Masivo de Vacunas es parte de un nuevo sistema integrado en el país para el manejo de las dosis que nación entrega a las provincias.

Desde adolescente fui muy independiente para algunas cosas como, por ejemplo, visitar a los médicos. Desde aquella temprana época percibiría lo que luego con mayor rigor científico pude estudiar en profundidad y ponerle nombre merced a la ayuda de varios autores como Modelo Medico Hegemónico, Modelo flexneriano o, para decirlo más simple y coloquialmente, un sistema según el cual los profesionales de la salud sienten, desde el mismo lugar de poder que el sistema, tautológicamente asigna, que dominan el conocimiento y gracias a él, el paciente nada tiene que decir ni preguntar sobre su propio cuerpo, para su propio tratamiento y diagnóstico, lo que de ellos pueda desprenderse, etc. etc. Desconociendo, además, en muchos casos, que el cuerpo está constituido por una psiquis no solo, claro está, digna de medicación. Les decía entonces que mis primeras experiencias –y no dudo de que pueda haber otras- estuvieron signadas por algunas regularidades como las siguientes: cuando el profesional en cuestión era además cirujano quería resolver mi situación con una intervención de modo que el oftalmólogo quiso operarme de miopía a los 19 años, (con lo que debería haberme sometido a un retoque cada vez que se me acrecentaba la disminución visual, cualquier formación de displasia mamaria mereció una intervención) o, como me ocurrió el otro día, la dermatóloga, directamente, prefería hacerme todo tipo de tratamientos epidérmicos en lugar de sacarme la lesión que me preocupaba y mandarla a analizar.

Pero eso no fue todo. Habiéndome dado el turno con unos 20 días de antelación me dirigí al consultorio a la hora señalada. Me hicieron pasar directamente al “quirófano”- un segundo consultorio más aséptico que aquel en el que la médica tiene su escritorio, su lupa gigante, algunos implementos y muchos recuerdos, pero que solo tuve oportunidad de ver la primera vez y en la que, como ya leerán, ni siquiera guardó una ficha con mi historia clínica.

Continuando con la narración, la asistente me hizo acostar en una camilla, me preguntó para qué había ido (SI!!! Ella me preguntó a mí para que había ido) me hizo poner una bata, una cofia descartable -porque el motivo de mi consulta estaba cerca de la nuca- y me pidió que me acostara y esperara. Eran las 16.30 mientras yo escuchaba que la doctora terminaba con otro paciente y, equivocadamente, suponía que pronto entraría al recinto en el que yo la esperaba.

Me quede dormida escuchando las voces porque hasta las 17.15hs. nadie me había dado bolilla –la asistente entraba por una puerta y salía por la otra- y la doctora parecía ocupada con trámites bancarios. A esa altura yo ya la escuchaba, lejanamente, enunciar expresiones como “yo no tengo tiempo de hacer esa transferencia”. No creo que la Doctora me esté leyendo pero quiero decirle que yo tampoco tenía tiempo. De hecho, cuando entró al quirófano yo le estaba enviando a una amiga –con la que pensaba encontrarme a esa misma hora- un mensaje diciéndole que me había retrasado. La muy poco profesional –por no mencionar otro epíteto- me retó por estar mandándole un mensaje de texto con un “qué está haciendo” y me reí mientras le contestaba no dando crédito a lo que estaba oyendo pero, aun así, contestándole. Cuando me recuperé de la humillación le dije que no podía tratarme como a una criatura de 15 años a lo que respondió que quizás los tenga en algún rincón del corazón. Se imaginan que, mis conocimientos científicos de poco me sirvieron en ese momento y menos aun cuando la señora también se atrevió a preguntarme “que había ido a hacerme”. No les contare el intercambio completo de palabras que tuvimos pero cuando le respondí que lamentaba no poder hacer uso de mis derechos como paciente llevándome la ficha medica que me pertenecía porque, claramente, no había nada anotado en ella. Me saqué la bata y la cofia y me fui, felizmente, sin ser intervenida.

Lic. Gabriela Polischer Antropóloga