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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15

#MiradaProfesional

Prefiero el azar

MiradaProfesional

"La ciencia no me interesa. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas que me son preciosas. (Luis Buñuel)".

#Opinión
La epidemia oculta del abuso de medicamentos en adultos mayores
ADJUNTO
BUENOS AIRES, enero 2: El periodista Jane E. Brody publicó esta columna de opinión en The New York Times donde habla de una problemática que crece en el mundo, y de la cual poco se habla.
#SeguridadSocial
Se pone en marcha en el PAMI el plan para garantizar la entrega gratuita de medicamentos
ADJUNTO
BUENOS AIRES, enero 2: Las flamantes autoridades de la obra social nacional anunciaron las primeras medidas que buscan cumplir con la cobertura de tratamientos para los afiliados, una de las promesas más fuertes del actual gobierno.
S

e dice que la transición del vegetarianismo al omivorismo en la alimentación ocurrida allá por el paleolítico significó un don y una condena. Un don porque, mientras podíamos (y debimos ampliar nuestro horizonte de posibilidades aumentó la variabilidad de alimentos digeribles –como las proteínas- para paliar la escasez-) que, a su vez, permitieron la encefalización de la especie y, con ella, la consecuente aparición del homo sapiens (en algunos individuos, más visible que en otros). Digo, esto de la encefalización, si a ello asociamos la capacidad de pensar), y la condena, en tanto la misma obligación de incorporar nuevas alternativas provocaba neofilias y neofobias. La primera era, precisamente, la posibilidad de consumir nuevos nutrientes antes no considerados comestibles dado que, aun estando alrededor, que algo sea o no consumido, no es sólo una cuestión biológica –es decir, no es suficiente con que el organismo lo acepte- sino que tiene que ver con que el que quiera tragarlo -quizás no todavía “hombre”- lo considere tal. Hago esta aclaración porque, en esta época de la que estoy hablando, aun éramos Australopitecus Afarensis y yo soy muy respetuosa de nuestros antepasados. Entonces, la neofilia, sería algo así como el antecedente de la cultura gourmet pero menos snob.

La segunda, la neofobia, es el temor a probar, pese a la necesidad, especies nuevas que, pudiendo ser beneficiosas, también podían dejar seco al mortal que las degustara. (Imagínense descubrir unos honguitos o tunas coloridas pero que resultaran venenosas!!!) No tenían, como a los reyes de la Edad Media, alguien que probara sus alimentos por temor a una venganza enemiga.

Algo así ocurre con la tarea docente y más cuando se ejerce un viernes de 20 a 22hs dando una materia como Etica y Bioética para 100 adolescentes con un tema tan delicado como el aborto. El sólo hecho de saber que voy a tener toda esa audiencia para debatir sobre los alcances de una posible despenalización o conocer la mirada de algunos autores sobre el tema me parece obviamente un don –lo de condena, sólo el día y el horario- y, en todo caso, tener que cuidar un poco las formas porque, al fin y al cabo, soy la profesora –o algo así-. Igualmente, les cuento que ayer, si por esa cátedra hubiera sido, salía promulgada la Ley. Discutimos muchos casos particulares porque, por suerte, como sucede en estas ocasiones todo/as teníamos alguna amiga que había pasado por una situación semejante. Fueron dos horas muy enriquecedoras y respetuosas, incluso, hacia y desde quienes no estaban de acuerdo (dos chicas a quienes me sentí un poco “arcaica” cuando muy condenatoriamente explicaron porqué se oponían y yo -cual madre comprensiva les decía- que quizás algún día puedan verlo desde otro punto de vista (por no decirles el famoso: “vas a ver cuando seas grande que tanto odiaba oir de mi madre”).

No obstante, una de ellas me hizo pensar en lo importante e imposible de no tenerlo todo planificado: Su justificación –completamente conservadora- se basaba en que cuando las mujeres tenían recursos económicos y educativos y sabían cómo evitar un embarazo y/o conocían los riesgos de los anticonceptivos –o los porcentajes de riesgo que ellos conllevan - deben hacerse cargo si les ocurre un “accidente”.

Allí fue cuando recuperé mi costado rebelde y adolescente y descubrí que no se puede –ni quiero- calcularlo todo aunque, el sexo responsable no es enemigo del azar porque, se sabe, hasta el mejor método anticonceptivo puede fallar.

Además, sin azar no se conocerían amantes, ni ocurrirían las historias más bellas y, si nuestro destino estuviera marcado –como quieren hacernos creer los gurúes de moda y de turno- yo debería sentarme a esperar que la vida pase por la vereda y, nada de ella me pertenecería así que, no cuenten conmigo para respirar (a menos que sea más bien tirando a un jadeo).