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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 13/7/16
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Ciclo de entrevistas – Oscar Conti: “el negocio de la farmacia de barrio se está poniendo difícil”

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BUENOS AIRES, julio 12: Farmacéutico de barrio, se muestra preocupado por la situación actual de los mostradores chicos. “La farmacia es el eslabón más débil de la cadena”, se queja, y pide volver a tener “voz y voto en las mesas de negociaciones”. “Creo que se hace necesario reinventar al PAMI”, aseguró.

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Ciclo de entrevistas – Alejandra Olivieri: “lo que hoy vivimos con PAMI es vergonzoso”
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BUENOS AIRES, junio 22: A lo largo y ancho del país, los farmacéuticos escriben cada día la historia de la profesión. Para conocerlas, MIRADA PROFESIONAL inaugura este ciclo de entrevistas, que buscará recoger las voces de los colegas de todo el país. Para comenzar, la palabra de Alejandra Olivieri, farmacéutica de Concepción del Uruguay, en entre Ríos.
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Ciclo de entrevistas – María Verónica Mobilia: “los farmacéuticos somos pilares importantes en la sociedad”
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BUENOS AIRES, junio 28: En esta segunda entrega del ciclo inaugurado la semana pasada, conocemos la historia y las opiniones de la colega María Verónica Mobilio, farmacéutica en relación de dependencia que pide una comisión de Asuntos Laborales para tratar la problemática del sector. “Deberíamos dejar de clasificarnos como dueños o empleados y dejar de lado los prejuicios”, reclamó.

Cuando llegó a la universidad en 1973, Oscar Conti tenía dos opciones. Si bien la farmacia era parte de su vida desde que a los seis años jugaba en el mostrador de un pariente, decidió que las Ciencias Económicas. Pero la profesión farmacéutica seguía latente. Su padre era amigo de Claudio Zeppa, dueño de la farmacia del barrio y con los años presidente del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Buenos Aires. Con el correr de los años, mientras desarrollaba sus actividades, siguió vinculado a los medicamentos, hasta que hace unos ocho años ayudó al hijo de un amigo a reabrir su farmacia. Así, Conti volvió a ese “primer amor”, y hoy junto a su socia Ana tiene su farmacia en el partido de Vicente López. Aunque sigue siendo consultor independiente en tema con reingeniería, planeamiento, control de gestión, hoy su tiempo está destinado casi íntegro a la actualidad de la profesión.

¿Cómo es estar al frente de una farmacia de barrio en estos tiempos de concentración? -La atención diaria a los vecinos del barrio es un placer. Compartimos nuestros acontecimientos de vida, las alegrías, las tristezas y las esperanzas. Generalmente el entusiasmo borra las preocupaciones cotidianas relacionadas con la faceta económica de la actividad. Hace seis años el barrio nos ha recibido muy afectuosamente, aunque nuestra farmacia está habilitada desde hace más de 50 años. Cada cliente tiene su nombre, su historia; acá ninguno es un número. Esto es lo que nos diferencia con las farmacias grandes. Hace no mucho tiempo, un vecino amigo al verme preocupado por la falta de pago de PAMI y la cuenta de la droguería bloqueada, me ofreció sus ahorros para salir del apuro. Lo abracé muy fuerte, me puse a llorar y me di cuenta que estaba en el lugar adecuado.

¿Cómo sobrevive el negocio de la farmacia de barrio, cuánto cambió en los últimos años? -El negocio se está poniendo difícil. No se puede hablar de farmacia barrial si no se habla de PAMI. Es necesario, para justificar la existencia de la farmacia, atender las recetas de PAMI y eso cada día cuesta más. En los últimos meses hemos debido bajar la facturación de PAMI en un 40 por ciento para poder alcanzar un nuevo punto de equilibrio financiero en detrimento de lo económico. Somos cuidadosos con las compras y muy juiciosos con los gastos, pero a pesar de ello los números no son lo que deberían ser. Si no recuerdo mal en un análisis que hice hace poco, vendiendo el 50 por ciento a particulares era necesario vender 300 mil pesos para lograr una utilidad cercana a 30 mil pesos antes de impuestos. En un barrio no es fácil vender 150 mil pesos mensuales a particulares.

En los últimos años se deterioró la rentabilidad (en el porcentaje del mix de ventas, PAMI resultaba muy importante). La inflación superaba los porcentajes de aumento de los medicamentos y con la llegada del nuevo gobierno, si bien los precios aumentaron, se comenzó a sentir el retraso en los pagos, lo que provocó un ahogo financiero importante; es por esto que estamos dispensando menos recetas de PAMI que antes. Ni mi socia, Ana, ni yo vivimos solamente del producido de la farmacia, creo que no lo podríamos hacer. Con un margen del 10 o el 12 por ciento que deja PAMI más las ventas a particulares no es posible mantener a una familia con una farmacia barrial.

Me parece que a esta altura de los acontecimientos hablar de retenciones o bonificaciones en la dispensa de recetas de PAMI o cualquier otra obra social y prepaga es un despropósito y atenta contra la subsistencia del negocio. La farmacia es el eslabón más débil de la cadena y para colmo con el tiempo ha perdido voz y voto en las mesas de negociaciones, sobre todo en el convenio con PAMI. Reitero que si en un barrio no se trabaja con PAMI, la farmacia no logra justificar su existencia.

¿Cuáles son los problemas diarios que debe afrontar una farmacia barrial? -Con Ana nos reímos porque todas las semanas hay que pagar nuevas cuentas; nos consolamos con eso de qué le hace una mancha más al tigre. Los aumentos de las tarifas de los servicios y la tasa municipal más el del alquiler del local nos demanda cada día más dinero. La cuenta es simple, para lograr 10 mil pesos se requiere vender cerca de 100 mil pesos de recetas de PAMI y hay que contar con 70 mil pesos para comprar los medicamentos. Nosotros estábamos bien posicionados hasta hace unos meses, aunque por los retrasos de pago de PAMI se nos desbarajustó el “calce propio” y los números comenzaron a ponerse rojos. Eso nos impulsó a buscar un nuevo equilibrio y para eso fue imprescindible bajar la cantidad de recetas de PAMI.

Hemos incrementado nuestros costos operativos en 5 mil pesos mensuales (solamente de electricidad estamos pagando mil pesos más). A esto hay que agregarle el pago por ganancias (impuesto y adelantos) que se convirtió casi en un alquiler más. Si uno alquila el local no hay “negociación” posible con el dueño. Aunque uno no esté de acuerdo tiene que aceptar los términos porque mudarse es, en la práctica, imposible; no solamente son altos los costos de la adecuación del nuevo local, sino que en los barrios no hay locales que tengan las dimensiones requeridas por la reglamentación vigente. El ajuste del alquiler ronda el 50 por ciento, una locura y otra locura los ajustes pautados para los dos años venideros de contrato. En cuanto uno se descuida estamos hablando de un ajuste superior al 100 por ciento en tres años.

¿Cómo cree que se resolverán estos problemas, en el corto plazo? -No creo que se pueda pensar en soluciones de corto plazo. Hace tiempo que las autoridades de PAMI vienen haciendo lo que hacen: no considerar el daño que se provoca en la cadena (atomizada) de distribución de medicamentos o, lo que sería lo mismo: la atención de la salud de los beneficiarios. Se habla mucho de los “abuelos” pero en el fondo son un número más, objeto, muchas veces de mal trato. Hoy, un beneficiario de PAMI que necesita insulina debe deambular de farmacia en farmacia hasta encontrar alguna que pueda atender su receta. No han entendido aún, ni el gobierno (responsable por el funcionamiento de PAMI) ni los dirigentes de PAMI, que las farmacias de barrio se han empobrecido y que, por eso, el servicio que PAMI brinda al beneficiario se ha deteriorado. No importan las declaraciones ni las fotos que puedan circular, lo real es lo que uno vive todos los días en la atención al público. Nosotros, pequeños comerciantes, aún no hemos cobrado el total de las tiras reactivas dispensadas en febrero. Obvio que ya hemos dejado de atender estas recetas y no podemos evitar la impotencia que sentimos cuando les explicamos a nuestros vecinos lo que nos sucede.

Creo que se hace necesario “reinventar” al PAMI. Los parches no van más, se sigue haciendo más de lo mismo. A los laboratorios no les conviene tener una distribución concentrada en pocas “empresas” y tampoco sería una buena estrategia para las empresas de medicina prepaga y las obras sociales. La concentración trae aparejado un poder muy difícil de contrarrestar. Las farmacias de barrio son las que aún mantienen cierto equilibrio en la puja de poderes. A pesar de ello, no las tienen en cuenta aunque saben que están agonizando. Cada protagonista del sector “se piensa” aislado de los otros, no hay un tratamiento sistémico del conflicto. En el fondo hay mucha inmadurez adolescente que requiere límites claros, de lo contrario se desbanda. Ahora, la pregunta sería: ¿habrá vocación política y capacidad de gestión para reinventar al PAMI?. Mi respuesta es que no lo sé.

Mi experiencia sobre reingeniería de organizaciones me impulsa a ser cauto, el cambio no es fácil y generalmente es doloroso. He visto como en una multinacional se borraba del organigrama a toda una división latinoamericana (más de mil empleados y dos plantas) de un día para el otro. Sin duda mostraron muy poca sutileza y pocas ganas de reinventar los negocios en la región.

Para reinventar a una organización se requiere estar abierto al aprendizaje, tanto el personal como el grupal y para esto es necesaria la humildad del aprendiz. Cuando el arquetipo del sabelotodo está muy activo se lleva puesto al aprendiz y todo sigue a los tumbos. Es mucho más fácil poner el problema en el afuera. Si uno no es parte del problema no hay solución posible. Todo proceso de reingeniería debe comenzar con la pregunta: ¿cómo haría esto que hago si hoy comenzara a hacerlo? A partir de aquí se comienza un camino nuevo o se desiste y se deja que todo fluya… hasta que deje de fluir.