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Medicinas personalizadas conjugan el perfil genético para tratar el cáncer

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CARTAGENA, julio 8: La mixtura entre los estudios de los genomas y la extraordinaria capacidad de procesamiento de datos clínicos a escala global marcan las bases de una "medicina personalizada".

En el marco de un foro de de actualización oncológica que se desarrolló en la ciudad colombiana de Cartagena se expuso la necesidad de lograr juntar cada subgrupo de pacientes con la terapia que les dé ventaja en su lucha contra el cáncer.

Esta estrategia fármaco genética está orientada a “superar los actuales tratamientos agresivos e inespecíficos, con rango terapéutico limitado”, afirmó el genetista español Javier Benítez, director del Programa de Genética del Cáncer Humano en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.

“El Proyecto Genoma Humano sentó las bases para la medicina personalizada, que ha sido un cambio radical para establecer perfiles genéticos específicos, con información que se recoge de los genes, que permitan prevenir, predecir, diagnosticar y tratar la enfermedad” con ventaja, planteó.

Ese proyecto de investigación científica establecido en 1990 logró en 2003 determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN (un ¨sistema operativo¨ biológico que instruye la síntesis de una o varias proteínas), e identificar y mapear unos 20.000 genes del genoma humano.

Ya en 1970 se conocieron genes importantes en el desarrollo tumoral; en 1985 fue identificada una mutación en los genes BRCA1 y BRCA2 que incrementaba el riesgo de cáncer de mama; en 1999 se logró un fármaco a partir de un agente antiproliferativo de la tirosina quinasa, cuya actividad se estableció como el evento molecular causal en la leucemia.

La investigación básica transita hoy los derroteros de la fármaco genética, que busca analizar el subgrupo de pacientes diagnosticados con una misma patología, en el que vaya a dar resultado un tratamiento específico.

No se trata de diseñar un traje a medida exclusivo para un individuo sino de establecer, a partir de la comprensión de los mecanismos moleculares celulares, subgrupos de pacientes en los que responda eficazmente una batería terapéutica, reseña el portal Télam.

Un estudio global analiza “250 tumores para ir estableciendo el perfil de mutación” y se desarrolló un “modelo en ‘ratones avatar’ a los que se trasplanta cáncer humano” para investigar, informó Benítez.

Todavía no hay un fenómeno tangible de traslación del conocimiento proveniente de la investigación básica hacia la práctica médica: “No existe una guía de aprobación farmacológica que diga cuándo se debe introducir un test genético en la práctica clínica (para detectar marcadores oncogenéticos) y no está consensuado quién debe pagar el test”, indicó Benítez.

El argentino Daniel Ciriano -director médico de Roche para Latinoamérica y de los programas de capacitación en Metodología de la Investigación Clínica en la universidades de Buenos Aires y Católica de Córdoba- dijo a Télam que uno de los aspectos que influye en la subutilización de este recurso diagnóstico es que “no toda la información está disponible ampliamente y esto tiene que ver con la predisposición del médico a la actualización”.

“A partir de la identificación genómica del tumor que manda a analizar, y de esos datos comparados con una base (Big data) de estudios clínicos, lo que recibe el médico en devolución es la perfilación más un informe que dice ¨paciente con tumores con estas características genómicas han respondido de la mejor forma a tal línea de tratamiento¨”, contó Ciriano.

Es realmente “una utilización de los datos históricos y actuales fantástica, porque el médico puede tener a partir de los datos que se publican una información exactamente para ese perfil tumoral”.

Estas pruebas que se ofrecen a los pacientes -22 de ellas ya fueron requeridas desde Argentina a la “Foundation Medicine”- pretenden establecer una base de datos (Big data) molecular del cáncer en el mundo, que calcula establecer la posibilidad de encarar la medicina personalizada por arte de la biomedicina y la bioinformática.

Ciriano consideró que otro aspecto es la “disparidad de acceso en Latinoamérica, donde hay sistemas de salud que cubren ampliamente (el costo de) los test diagnósticos y otros, parcialmente; además, algunos test se hacen con técnicas más o menos precisas, que pueden dar falsos positivos o falsos negativos, y se toman decisiones sobre resultados de tecnologías no tan sensibles”, observó.