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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
MiradaProfesional

#MiradaProfesional

Es la economía: con bonificaciones a las obras sociales y precios congelados, la mayoría de las farmacias argentinas son inviables

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Llevar a cero las bonificaciones por atender obras sociales, y un mecanismo que haga que los fármacos tengan valores coherentes a la economía general, ajustados por índices creíbles y no manipulables; son dos necesidades imperiosas para el futuro del sector. Sin ellas, cualquier otra conquista se vuelve relativa, y hasta superflua. El revuelo por el fracaso de la canasta de descuentos es una buena oportunidad para pelear por dos medidas fundamentales.

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El frustrado convenio de precios entre el gobierno nacional y la industria farmacéutica puso de cabezas el sector medicamentos, y dejó al descubierto los problemas internos que existen en la cadena de comercialización de los fármacos. Las pujas para llevar “agua al molino propio” quedaron a la vista de todos, y las farmacias demostraron que pese a sus intenciones siguen lejos de los lugares de definiciones. Al arbitrio de la voluntad de los funcionarios de turno. Si bien no existe precisión de cómo se resolverá la puja entre la idea de retrotraer los valores a diciembre que pretende el gobierno y la negativa de los laboratorios productores, lo que dejó esta pelea es la necesidad de reformular un esquema arbitrario y más que injusto.

Para las farmacias independientes, esta es una buena oportunidad para pelear por un convenio del PAMI y toda seguridad social menos perjudicial, y para plantar las bases para un crecimiento futuro. Es que como están dadas las cosas, ya no sólo alcanza con corregir los desfasajes del actual sistema. Hay que reformular toda la ecuación, para que la oficina de farmacia sea viable. Hablamos, obviamente, de las bonificaciones y el retraso de los valores en los precios de los medicamentos. Por si era necesario aclararlo.

En medio de la disputa por los precios y la supuesta canasta de descuentos, la dirigencia farmacéutica pudo reunirse –un tanto tarde, es cierto, pero dejamos ese “detalle” para otro momento –con funcionarios del gobierno y la industria. De los primeros se llevó el compromiso de “ser tenidos en cuenta” en las negociaciones, mientras que de los segundos se reflotó la idea del año pasado de crear una especie de “nota de crédito exprés del 70.3 % (el costo de los medicamentos)” para evitar descalces financieros.

La propuesta ya había sido realizada en 2013 por parte del sector industrial en el excelente Congreso Argentino del Medicamento en la provincia de Salta al entonces presidente de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) Ricardo Aizcorbe, frente a un auditorio de más de 800 personas. En nuestras grabaciones están claras esas palabras del representante de los laboratorios, invitando al Presidente de la COFA a que lo anuncie; y este remiso, evitó esa impronta hasta verlo escrito y refrendado. Jamás se firmó. La historia se fue desvirtuando y la iniciativa, con justificación o sin ella: "se ahogo en la orilla".

Consta de un pago que evite que los retrasos en el pago del PAMI terminen ahogando finacieramente a las farmacias. Esta nota cubre el 70 por ciento del valor del medicamento, es decir, su costo, lo que evitaría que la farmacia tenga que afrontar el descalce cuando el Estado se atrasa. Cabe recordar que en 2013 hubo cuatro descalces importantes.

Esta idea se sumaría al compromiso de la industria farmacéutica de aportar más fondos propios para evitar estos problemas fianacieros. Hasta ahora, en el caso PAMI, los laboratorios ponen hasta 900 millones de pesos propios para afrontar los atrasos, lo que sirve para afrontar tres semanas de plazo cuando el PAMI no paga a tiempo sus facturas. En la cuarta semana, la industria deja de pagar y vienen los descalces. Ahora, agregaría unos 100 millones de pesos más aproximadamente, y generaría (usamos el potencial por las dudas) a través de esta nota de crédito inmediata, para terminar de cerrar el círculo, y hacerse cargo del costo financiero del PAMI. De toda las seguridad social (Obras Sociales provinciales y sindicales); y del sistema de prepagas, ni noticias. En fin.

La idea de la nota de crédito inmediata, que permita pagar el valor de los medicamentos, es una idea importante. Fundamentalmente evitaría que sean las farmacias las que financien el sistema de medicamentos de PAMI (es la promesa de la industria) y de toda la seguridad social y preapagas ( lo que le falta a esa promesa). Pero esto solo no termina con las penurias económicas del sector. La rentabilidad tiene dos grandes enemigos, que nos siguen metiendo la mano en el bolsillo: las bonificaciones y los precios relativos de los medicamentos fijados discrecionalmente. Si no se solucionan estas dos cuestiones, aunque se eviten los descalces financieros, las penurias seguirán vigentes, y el modelo independiente estará al borde del colapso. Consolidando la concentración de farmacias que existe hoy en la actualidad. Dejarán, para ser claros, el mercado de medicamentos en manos de los grandes capitales concentrados en las megas cadenas de farmacias.

O sea, está muy bien pagar el costo de los medicamentos con el dinero de la nueva nota de crédito de la industria, pero si a mi casa me llevo dos monedas, no alcanzan para comprar un churrasco para la cena. Dicho en criollo.

En el caso de las bonificaciones, es notable cómo siguen vigentes pese a lo escandaloso del caso. Quienes atendemos la seguridad social en el conurbano bonaerense o en grandes centros urbanos del país, debemos pagar para trabajar hasta 17 por ciento. O sea el 51 % de los honorarios de nuestro trabajo de todos los días.

En pocos sectores se permite terrible saqueo. Que los farmacéuticos debamos poner el 51 por ciento de nuestros salarios –compuestos exclusivamente de la diferencia entre compra y venta de medicamentos –como “coimas para trabajar las obras sociales y el PAMI” para ser parte del sistema, es indignante, y debe ser corregido de inmediato..

Pero incluso si logramos bonificaciones cero, si frenamos este sangrado, la rentabilidad tiene otro golpe diario: el precio de los medicamentos. Durante los últimos años la canasta de fármacos de mayor rotación se mantuvo atada a los designios de la secretaria de Comercio Interior, que fue dando subas casi irrisorias. Así, mientras que la economía (el IPC, por ejemplo) se disparó en los últimos años, los fármacos llegaron a estar atados a ese 7.5 o 10 por ciento anual que entregaba Guillermo Moreno para los medicamentos populares. La brecha entre la realidad y lo que sucedía en las farmacias se fue agrandando, y explotó con la última devaluación. Cuando se dispararon algunos valores (medios como Clarín hablan del 50 por ciento, pero nunca recuerdan ni la evolución de los precios ni la diferenciación entre populares y Premium) se mostró el retraso real en la materia.

Como muchos gremios, que reclaman cláusulas “gatillo” que abran los acuerdos salariales de acuerdo a la inflación, los precios de los medicamentos, el salario del farmacéutico, debe estar atado a variantes de la economía real, no pueden ser manejados aislados de la inflación que se vive en el resto de los sectores. Necesitamos reglas claras para evitar abusos, pero debemos defender la rentabilidad de la farmacia. No existe ningún sindicato, ningún dirigente gremial, que avale el descuento de salarios de sus afiliados, o aumentos muy por debajo de la inflación real. ¿Por qué los farmacéuticos permitiríamos eso?. Necesitamos sí o sí que los precios se vayan acomodando a variables convenidas y previsibles. Necesitamos eso: previsibilidad.

La discusión sobre el precio de los medicamentos no puede dejar pasar estos dos aspectos, sino será parcial y arbitraria. Muchos tratamientos están atados al valor del dólar –porque la materia prima es importada –lo que hace difícil que se mantengan en márgenes del 10 por ciento con una devaluación tan fuerte. Que se organicen visitas al país para comprar medicamentos –chilenos que llegan a Mendoza, paraguayos en Formosa, Misiones y hasta en la Ciudad de Buenos Aires –marca la pauta que el valor regional está por debajo de nuestros vecinos. Si son caros para la economía argentina, no es un problema de las farmacias, sino de la política nacional, de un esquema que no termina de cerrar. La viabilidad de la farmacia depende de estos dos aspectos, de las bonificaciones a cero y de precios acordes a los valores de inflación de la economía; de su corrección antes de que sea tarde. Hasta ahora se trabajó a expensas de los que menos tienen: LAS FARMACIAS. Se mantuvo precios bajos –a costo de la rentabilidad farmacéutica –para evitar ser responsables de subas que impacten en la gente. Pero a la larga, esta idea es contraproducente. Si la farmacia independiente termina por pagar el costo de la crisis, la concentración que traerá el nuevo esquema (grandes espaldas para soportar rentabilidades mínimas) creará un modelo “a la chilena”. El resultado, grandes zonas sin atender y manejo discrecional de los fármacos. Un panorama negro que se puede saltar si se sostiene al mostrador independiente en condiciones –laborales y salariales –dignas. Ni más ni menos.