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Cómo identificar un trastorno de ansiedad

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BUENOS AIRES: Un dispositivo que nos ayuda a reconocer el peligro pero que puede convertirse en un enemigo. María Gabriela Fernández (*). Diario Perfil, jueves 5 de junio de 2014.

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La ansiedad en sí misma no sólo no es amenazante, sino que, al contrario, está al servicio de la supervivencia. Es como un “dispositivo incorporado” que nos ayuda a reconocer el peligro y a instrumentar los recursos necesarios para preservarnos a través de las reacciones defensa y huida. El problema sucede cuando este dispositivo falla y el organismo no sólo reacciona ante el peligro, sino que permanece constantemente activado como si hubiera algún peligro inminente acechándonos. En estos casos, se presenta una serie de síntomas físicos que, más allá del malestar que producen, inhabilitan a la persona para realizar las actividades normales de su vida.

Habitualmente, el perfil de personalidad de las personas que sufren trastornos de ansiedad es el de alguien con una gran autoexigencia, una demanda interna que no admite medias tintas, no se permiten el más mínimo error. El ansioso es una persona que necesita tener el control de todo su medioambiente, familia, trabajo y vida social ya que si algo se sale de su sitio se siente que la situación se fue de control. Esta sensación produce una angustia que termina siendo el caldo de cultivo para que los niveles de ansiedad suban (y permanezcan altos) y se manifiesten en síntomas.

Los síntomas físicos son diversos y también hay particularidades en el pensamiento, tornándose éste en un pensamiento activado en alerta, de tipo catastrófico que, junto con la sintomatología física, resultan agobiantes y producen mucha angustia a la persona que los padece.

Más allá de síntomas inespecíficos, formalmente los trastornos de ansiedad son cinco: ataque de pánico, ansiedad generalizada, fobia social, estrés post traumático y agorafobia.

Es notable cómo en los últimos años se ha visto un incremento en las consultas (tanto en psicólogos como en médicos), no sólo en nuestro país, sino en la población mundial. Según los últimos estudios estadísticos poblacionales, más de una de cada cuatro personas tuvo, tiene o va a tener algún tipo de trastorno de ansiedad, en algún momento de su vida.

Los Trastornos de Ansiedad son (dentro de lo que son los trastornos mentales) los trastornos más frecuentes en la población, el doble de la depresión, por ejemplo. Aproximadamente uno de cada diez individuos tiene, al menos, una crisis de pánico en algún momento de su vida. En los Centros de Atención Primaria, los Trastornos de Ansiedad también son muy frecuentes (19,5%), motivo por el cual, el grado de conocimiento de este tipo de patologías en los Médicos Clínicos, Generalistas y Emergentólogos es fundamental. El principal obstáculo para el tratamiento adecuado de estos trastornos es el desconocimiento de estas patologías por parte de la población. Los Trastornos de Ansiedad, excepto el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), son mucho más frecuentes en mujeres que en hombres. Estas diferencias se deben a factores biológicos, hormonales y sociales que hacen a las mujeres más vulnerables que el género masculino.

Los trastornos de ansiedad difícilmente se presenten de manera aislada en una persona, por el contrario, la mayoría de las veces se observan dos o más trastornos asociados. Esto dificulta el diagnóstico y el tratamiento.

La edad en la cual se hace el diagnóstico, si bien ha disminuido, suele ser todavía tardía. En nuestra población abarca un rango muy variable que está entre los 20 y 50 años, con un promedio de 39 años. Claro que cuanto antes se arribe a un diagnóstico preciso y se empiece un tratamiento, mejor pronóstico tendrá el paciente respecto a su problema. Es importante que las personas que padecen estos síntomas sepan que hay tratamientos específicos para tratar con éxito este tipo de padecimientos.

El abordaje que mayor éxito terapéutico ha presentado es el abordaje cognitivo-conductual. Hay técnicas psicoterapéuticas focalizadas mediante las cuales se busca disminuir los niveles de ansiedad para disminuir los síntomas y sobre todo que no se repitan. Para esto, trabajamos para que el paciente pueda incorporar nuevas herramientas y desarrollar nuevos recursos internos para poder mirar la vida de otra manera, ya que es fundamental trabajar sobre los esquemas de pensamiento basados en sistemas de creencias muy arraigados y en el manejo más saludable de las emociones que son las principales directrices de nuestra conducta, aspectos que cuando se rigidizan sin permitir posibilidad de cambio, comprometen el normal funcionamiento de la persona dentro de su contexto y medio ambiente.

Existe la posibilidad de tener una forma de vida más saludable, si elegimos la opción más conveniente para ello.

(*) Especialista de Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad