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En Argentina todavía hay un déficit de 40 mil enfermerosADJUNTO

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BUENOS AIRES: Además, el 30% está cerca de jubilarse. Aunque hubo avances, expertos y asociaciones sindicales advierten sobre la situación. Los bajos sueldos y el escaso reconocimiento, algunos de los motivos. Por Ezequiel Viéitez. Diario Clarín, martes 22 de octubre de 2013.

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BUENOS AIRES, agosto 16: Marcela Stambullian, directora de la carrera de Licenciatura en Nutrición de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, resaltó el rol de estos profesionales, como forma de festejar el Día del Nutricionista, conmemorado a principio de semana.

Uno de cada tres enfermeros pasó los 50 años y se acerca a la jubilación. Y de los 127.000 que ayudan a curar en todo el país, el 32% sólo tiene el diploma de auxiliar en enfermería, una formación de nueve meses considerada insuficiente. El diagnóstico se desprende del informe 2013 del Observatorio Sindical de la Salud Argentina (Osinsa). “Como mínimo, el país necesita 40 mil enfermeros más con formación terciaria o universitaria”, asegura Mónica Consoni, coordinadora del departamento técnico profesional de ATSA, el gremio de los trabajadores de la sanidad.

“La falta de profesionales se nota en el país y no se revirtió”, opina el director del Hospital Fernández, José Lanés. “Aunque son la columna vertebral de los hospitales, su trabajo tiene poco reconocimiento”, evalúa Hugo Magonza, titular de ACAMI, cámara que reúne a prestadores de salud sin fines de lucro, y director de CEMIC.

En el Ministerio de Salud aseguran que gracias a las políticas de los últimos años ya existen más de 210 mil enfermeros matriculados –cifra mucho mayor a la del estudio sindical y cuestionada por las asociaciones de enfermeros– y que cada año se anotan 30 mil alumnos en las carreras para estudiar enfermería, buena parte en universidades públicas. “No digo que tengamos el número suficiente, es probable que el país necesite más enfermeros, pero sí creo que se está revirtiendo el problema”, evaluó Arnaldo Medina, director del Hospital El Cruce Dr. Néstor Kirchner de Florencio Varela.

Aunque hay datos positivos, los enfermeros dicen que falta más. La cartera de Salud había reconocido en 2008 una relación de cuatro médicos por cada enfermero en actividad, que ahora bajó. Está cercana al 1 a 1, una meta fijada por la Organización Panamericana de la Salud, según las cifras sindicales. Si no se cuentan a los auxiliares, hay 1,4 médico por enfermero. Pero falta más esfuerzo para alcanzar el ideal de cuatro enfermeros –de nivel universitario– por cada médico, lo que recomiendan los organismos internacionales.

“Los indicadores mejoraron, pero todavía son bajos”, opina Consoni. En las evaluaciones sindicales, se cuentan 30,5 enfermeros (de toda formación) cada 10 mil habitantes, mientras que en países desarrollados hay más de 70 enfermeros cada 10 mil habitantes.

Las investigaciones señalan que con menos enfermeros, suben los índices de morbilidad en los hospitales. Se entiende: la inyección se demora, el paciente espera más y quizá no recibe atención inmediata. El médico Jorge Tavosnanska, jefe de Neonatología del hospital Fernández, agrega: “Un enfermero al que le tocaba atender a un paciente grave debe hacerse cargo de dos o tres. Sube su estrés, necesita más licencias y se agrava así la crisis por falta de personal”.

En el rubro, en la mayoría de los casos, los sueldos de bolsillo van de los 5.500 a los 7.000 pesos. “Muchos enfermeros tienen dos y hasta tres trabajos para mantener a su familia”, remarca Alejandro Miranda, presidente de la Asociación de Enfermería de la Capital Federal (Aecaf). En ese contexto, no son pocos los que trabajan de lunes a lunes, usando días libres para dar servicio en otras instituciones como “franqueros”, según la jerga. Otros preservan algún día libre, pero con jornadas laborales de hasta 14 horas, por las horas extra, en un ámbito en el que estar descansado es clave. Otra complicación: aunque las leyes imponen límites de acción según la capacitación (ver Niveles...), “en la práctica se nota que todos terminan haciendo de todo por falta de personal”, precisa Miranda.

Los ejemplos de la problemática abundan. En agosto, unos 80 enfermeros recibidos en La Pampa exigieron en Santa Rosa ser incorporados al sistema público y explicaron que en esa provincia faltan unos 400 profesionales. Días atrás, en una recorrida de campaña por hospitales, el legislador porteño Alejandro Bodart (MST) reclamó: “Faltan enfermeros en los hospitales de la Ciudad, en los nacionales como el Francés y en los que comparten ambos gobiernos, como el Garrahan”. En Córdoba capital, el gremio ATE varias veces denunció la falta de profesionales.

“Acá siempre hay algo para hacer, no paramos nunca”

En la guardia todos corren. Uniformados, los enfermeros van de una puerta a otra siguiendo las indicaciones de los médicos. Una mujer de 65 años espera sobre una camilla que le baje la presión, en una habitación con la puerta abierta. Pared de por medio, en otro gabinete, están nebulizando a un chico de 18 años con asma. En el pasillo, una mujer pelirroja de 40 años, bien vestida, espera de pie que la atiendan. Se la ve mal, aún no se sabe qué tiene. Se escucha un sirena. La ambulancia llega con otro paciente, quizá grave.

Clarín pasó tres horas en la guardia del hospital Ramos Mejía un mediodía de jueves y fue testigo del ritmo dramático en esa puerta de entrada a un hospital público. Allí, por turno hay cuatro enfermeros y dos médicos. Se tienen que repartir para atender once camas en la internación de guardia y cinco “box” donde se dan los primeros auxilios a los recién llegados.

“Acá siempre hay algo para hacer, no paramos casi nunca”, dice Luis Ledesma (37), que trabaja en el hospital desde hace 18 años. El diálogo se interrumpe. Uno de los médicos pide, cortante: “Por favor, no te olvides de controlarle la fiebre al paciente del que te hablé”. Enseguida, un compañero le avisa: “Hay que volver a tomarle la presión a la señora de 65”.

Se observa un ir y venir sin pausa, en una guardia que está limpia, pero que no tiene las comodidades ni los lujos de los sanatorios privados. “Más de una vez faltan insumos”, admite un enfermero que, “por las dudas”, pide que se mantenga su anonimato. Cuando van de un lado a otro, los profesionales cruzan miradas cómplices o algún chiste. La clave es bajar la adrenalina y tramitar la tensión de estar cuidando vidas.

Cuenta Luis: “Hace un mes dos apuñalados que trajo la Policía se volvieron a trenzar acá. Hubo una caravana de destrozos y rompieron varios vidrios hasta que los pudieron controlar”. No fue una excepción. Entre paciente y paciente, los enfermeros cuentan que muy seguido entra algún adicto agresivo en crisis de abstinencia al que deben calmar con medicación, adultos en situación de calle a los que, a pura vocación, deben curar, bañar y afeitar y hasta vecinos de clase media que exigen que se les aplique una medicación aunque no hayan visto a ningún médico.

“Yo entendí lo importante de dar afecto al paciente”

Paula Verón tiene 43 años y es enfermera. Su hija, Ruth, nació prematura en diciembre de 1999, con 25 semanas de gestación. Pasó 45 días conectada a un respirador en el Hospital de Clínicas, peleando por vivir. “Alejandro Miranda y Marta Albornoz, dos de los enfermeros del equipo que la atendió, fueron claves en su recuperación”, cuenta la mamá. No sólo atendían a la beba, sino que daban contención. “Yo me quedaba horas. Ellos salían de la internación y me acercaban algo caliente, me charlaban. Si me quebraba al ver a la nena conectada a los ‘cablecitos’ en la incubadora, me pedían que sea fuerte”, recuerda. Así, nació un vínculo que perdura. Trece años después, Ruth y Paula se siguen viendo con “sus” enfermeros. ”Con ellos entendí lo importante de dar afecto al paciente, otro rol que asumimos los enfermeros”.