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VIENDO 15/6/15

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“La vacuna ayuda a que el cáncer sea sólo un mal crónico”

BUENOS AIRES: Creó el consorcio público- privado que desarrolló la primera inmunización terapéutica contra el tumor de pulmón y cuenta paso a paso el hallazgo. Diario Perfil, lunes 3 de junio de 2013.

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Hicieron falta 18 años de investigación, una alianza público-privada de instituciones y laboratorios de Argentina y Cuba, el trabajo de más de noventa científicos y el espíritu innovador y transgresor del psiquiatra y empresario argentino Hugo Sigman y su equipo para que la primera vacuna contra el cáncer de pulmón avanzado se convierta en una realidad: una nueva opción terapéutica para las 10 mil personas que anualmente son diagnosticadas con este tipo de tumor en el país.

“Mi sueño es convertir al cáncer en una enfermedad crónica, y este es un aporte en ese sentido”, aseguró Sigman, CEO del Grupo Insud y fundador del Consorcio de investigación público- privada que desarrolló Racotumomab, la vacuna que ya cuenta con la aprobación de la Anmat y estará disponible a partir del 14 de julio (ver recuadro).

El proyecto nació en 1995 durante un encuentro que Sigman mantuvo con Agustín Lage Dávila, director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana (CIM), Cuba. “Ellos habían empezado a desarrollar este producto pero estaban en una fase muy incipiente, en un momento en el que el país atravesaba una situación muy difícil, y me propusieron participar del proyecto. Me interesó por dos motivos: porque era un concepto nuevo en el tratamiento del cáncer y, en segundo lugar, porque se trataba de una batalla épica, en el sentido de ver si dos países sin tradición en el descubrimiento de nuevos productos podían hallar uno original y que tuviera presencia internacional”, le dijo a PERFIL Sigman.

Pero el camino no fue fácil. En principio, la compañía no tenía un grupo de científicos propios y así comenzaron a buscar la ayuda de investigadores del sector público: universidades y hospitales. De esta forma, se fue creando el consorcio ID+i que finalmente integró la Universidad Nacional de Quilmes, el Instituto de Oncología Angel Roffo, el Hospital Garrahan, el Conicet, la Universidad de Buenos Aires, en colaboración con el CIM y Laboratorio Elea. “La creación del Consorcio surgió de la necesidad, como también el asociarnos con laboratorios de otros países, ya que la alianza entre los cubanos y los argentinos se extendió con brasileros, mexicanos y asiáticos”, explicó Sigman, fundador de la farmaceútica Chemo, hoy presente en cuarenta países. De hecho, el 80% de su facturación (U$S 1.200 millones al año) proviene de negocios fuera de la Argentina.

El primer paso para el desarrollo de la vacuna fue la identificación de un blanco terapéutico llamado NgcGM3, un antígeno (sustancia que promueve la formación de anticuerpos) que se expresa en las células tumorales y no en las sanas. Luego, se desarrollo un anticuerpo monoclonal que induce al cuerpo a reaccionar contra estos antígenos y, por ende, ataca y controla el residuo del tumor y sus metástasis. “Es una terapia dirigida a la célula enferma. Cuando se inyecta un antígeno que es la imagen especular del que está en la célula tumoral, el anticuerpo sólo ataca la célula enferma, no la sana. En cambio, la quimioterapia y radioterapia atacan todo el sistema celular del cuerpo. Lo que explica por qué la vacuna tiene pocos efectos adversos”, sostuvo Sigman.

Una vez definido el blanco terapéutico, fue necesario pasar las etapas de validación del producto: los estudios en cultivos celulares, en modelos animales y, finalmente, los ensayos clínicos donde se demostró un beneficio. La vacuna triplicó el porcentaje de pacientes que viven dos años después de la aplicación de la vacuna.

“Creo que fuimos transgresores en el tipo de producto, en la creación del consorcio público privado, en trabajar con medicina traslacional, en tratar de ofrecer al paciente una alternativa que no existía, en revalorizar una alianza sur-sur y en poder mostrar que esto es posible. No existe ningún registro de un producto inventado en nuestra región. Si uno pudiera estimular a otros grupos de investigación a que emprendieran la misma tarea esto sería misión cumplida”, concluyó Sigman.