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Promisorias vacunas contra los tumores: ¿el fin de la historia?ADJUNTO

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BUENOS AIRES: Los científicos afirman que las vacunas podrían ser la clave no sólo de la cura, sino de la erradicación definitiva del cáncer. Por Sharon Begley. Revista Newsweek, enero de 2012.

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Shari baker debió haberse despedido del mundo hace mucho. En 2005, a más de un año de que tres médicos hubieran descartado el bulto bajo su brazo como un simple quiste inofensivo, la mujer recibió el diagnóstico de cáncer de mama estadio IV, que mata como mínimo al 80 por ciento de las pacientes antes de los cinco años. La mitad de las diagnosticadas con cáncer de mama metastásico (en el caso de Baker, había invadido la columna) mueren en un promedio de 39 meses y, sin embargo, la diseñadora de joyas de 53 años, residente en Arizona, no estaba dispuesta a rendirse. "Soy atleta y fisicoculturista", dice. "Tenía que luchar contra esto".

Baker comenzó a buscar un ensayo clínico, y a través de la organización International Cancer Advocacy Network (ICAN) halló su chance: una vacuna contra el cáncer. En mayo de 2006 viajó a la Universidad de Washington, donde la inyectaron en el brazo y le administraron cinco dosis adicionales. Hoy, los estudios no detectan rastros de cáncer en su cuerpo.

Es imposible saber con exactitud qué hizo la vacuna. No obstante, a partir de estudios con animales de laboratorio y cultivos de células, los científicos tienen una idea bastante aproximada. La vacuna contenía fragmentos de una molécula llamada HER2/neu que, depositada en la superficie de las células tumorales, fomenta el crecimiento y la proliferación de algunos tipos de cáncer mamario. Sin embargo, el sistema inmunológico de Baker interpretó la inyección de HER2/neu como un ejército invasor, y contraatacó. Primero, unas células llamadas CD4 hicieron sonar la alarma y despertaron a los glóbulos blancos conocidos como células T. Esos soldados invadieron el tumor y pidieron refuerzos llamados células T citotóxicas ("asesinas"), que destruyeron las células malignas en la mama y columna de Baker. Otras 21 mujeres inoculadas experimentalmente contra el carcinoma mamario metastásico respondieron tan bien que la inventora de la vacuna, la inmunóloga Mary (Nora) Disis, de la Universidad de Washington, empezó a imaginar que las vacunas "controlarán y erradicarán el cáncer".

Al cabo de cuatro décadas de esperanzas mayormente fallidas (el 23 de diciembre se cumplieron 40 años desde que Richard Nixon declaró la guerra al cáncer), la comunidad científica encontró una cura potencial que pocos imaginaban posible: las vacunas. De tener éxito, podrían revolucionar el tratamiento oncológico y acabarían con los efectos secundarios de la quimioterapia y la radiación. Unos cuantos pinchazos, sueñan los expertos, podrían convertir el cáncer en un padecimiento tan prevenible como el sarampión.

"Podrían" es la palabra clave. Las vacunas contra el cáncer siguen en fase de prueba. En 2010, el ente que regula los alimentos y medicamentos en Estados Unidos (la FDA) aprobó Provenge, la primera vacuna antitumoral de la historia utilizada en el tratamiento del cáncer de próstata, y otras decenas de vacunas están en desarrollo. Meses atrás, investigadores de la Universidad de Pennsylvania dieron a conocer lo que califican como "un gran logro (oncológico) que estuvo gestándose a lo largo de 20 años": una vacuna contra la leucemia linfocítica crónica (LLC), que ha producido remisiones de hasta un año y que podría adaptarse para combatir tumores de pulmón, ovarios, mielomas y melanomas. También en proceso se encuentran vacunas contra el cáncer de páncreas y cerebral. "Por primera vez, los ensayos clínicos demostraron su eficacia en grandes poblaciones de pacientes".

Pero una "vacuna anticancerígena" es todo aquello que estimule el sistema inmunológico para atacar células malignas. Diversos estudios sugieren que la ruta más directa es la inyección de antígenos, moléculas adheridas a la superficie de las células malignas como los sombreros de Lady Gaga. Al igual que como sucede con la vacuna HER2/neu, la inoculación estimula las células T a combatir antígenos y fomenta la producción de nuevas células T asesinas específicas. Aunque parezca extraño que nuestros cuerpos ataquen sus propias células, la tarea de los antígenos modificados es estimular el sistema inmunológico a combatir el tumor, y así, al menos en teoría, semejante vacuna podría tener usos terapéuticos (eliminar tumores) o preventivos (impedir la formación de tumores).

Las vacunas ya disponibles contra el cáncer cervical son preventivas, pero su particularidad es que combaten cepas malignas del virus Papiloma (HPV). En Argentina, el investigador de la Fundación Instituto Leloir Gonzalo Prat Gay participa de un start up (XBio SA) que pretende asociarse a un laboratorio nacional para fabricar sendas vacunas -una preventiva y otra terapéutica- contra el HPV. Pero el campo podría ser más amplio: "Hay científicos que creen que un 30 por ciento de los cánceres puede relacionarse con agentes infecciosos", dice Prat Guy a Newsweek.

Aprovechar al sistema inmunológico se contrapone al paradigma de todos los tratamientos modernos contra el cáncer que, basados en quimio y radioterapia, debilitan las defensas. Pero la historia está cambiando: la investigación en vacunas contra, por ejemplo, el cáncer de mama, se disparó. Antigen Express, una compañía de biotecnología, anunció que el 89 por ciento de las pacientes que recibieron su vacuna HER2/neu seguían vivas al cabo de 22 meses, contra el 72 por ciento de las mujeres no inoculadas. La empresa espera la autorización de la FDA para iniciar un ensayo clínico de tres etapas en 2012. "Hasta 75 por ciento de las pacientes con cáncer de mama podrían ser candidatas para la vacuna", apunta el presidente de Antigen Express, Eric von Hofe. En 2010, el grupo National Breast Cancer Coalition (NBCC) lanzó el Proyecto Artemisa con el audaz objetivo de erradicar el cáncer de mama para el 1° de enero de 2020. Y para su presidente, Fran Visco, el método más viable de alcanzar la meta consiste en administrar vacunas (por lo que NBCC está dando subvenciones para investigaciones en este campo).

Las vacunas tienen el potencial de revolucionar el tratamiento del cáncer porque no se limitan a los tumores existentes. El cáncer modifica los procesos biológicos y ocasiona que las células proliferen de tal manera, que la quimioterapia y hasta las terapias moleculares dirigidas se vuelven ineficaces a corto plazo. Pero las vacunas podrían combatir, una a una, las adaptaciones celulares. En las mujeres que recibieron la vacuna de Disis, las células T destruyen las cancerosas, y a continuación las engullen y escupen, por así decirlo. Esto inunda el organismo con los antígenos que adornaban las células tumorales, estimulando al sistema inmune a dirigir su ataque contra la segunda ola de antígenos. Esta inmunidad crea células T listas para combatir incluso años después de administrada la vacuna –el mismo tipo de inmunidad que da, por ejemplo, la vacuna contra la viruela.

Lo mejor es que las células T nunca olvidan. Una vez que identifica una amenaza, llámese cáncer o viruela, el sistema inmunológico mantiene una milicia de reserva. En principio, esto conferiría inmunidad contra el cáncer de mama y otros tumores para siempre.

Una serie de descubrimientos parece confirmar que el sistema inmunológico es capaz de vencer al cáncer. La actividad inmune dentro y alrededor de un tumor suele presagiar la remisión y eventual desaparición de un cáncer. Por ejemplo, un estudio realizado en 2006 encontró que los cánceres de colon que atraen mayor cantidad de células T asesinas son menos propensos a reaparecer tras la terapia. Del mismo modo, cuando las células del cáncer pulmonar (en etapas iniciales) y algunos tipos de cáncer mamario se cubren con moléculas que atraen células T, los pacientes tienen mayor probabilidad de evitar las metástasis, permanecer en remisión y, en última instancia, gozar de una sobrevida más larga. En cuanto a los cánceres de hígado y ovario, si el tumor es invadido por células T, los pacientes viven más tiempo. El poder de las propias defensas es graficado por Susan Love, una cirujana de mamas de la UCLA: "Por lo menos un 30 por ciento de los tumores detectados con mamografías desaparecería aunque no hiciéramos nada".

Esto plantea una interrogante obvia: ¿por qué desarrollan cáncer quienes tienen un sistema inmunológico funcional y, más aún, por qué mueren por esa causa? Una respuesta es que las células tumorales producen moléculas defensivas que repelen o destruyen células T. Varios tratamientos experimentales tratan de solucionar este problema, incluida una inmunoterapia contra el melanoma metastásico (Yervoy), aprobada por la FDA a principios de 2011. Sin embargo, el fármaco de Bristol-Myers Squibb –cuyo precio es de US$ 120.000– sólo aumenta el promedio de supervivencia de 6,5 meses a 10, por lo que se piensa en incluir en la vacuna más moléculas que estimulen la inmunidad.

El Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. (NCI) clasificó más de 150 tipos de tumores malignos, desde el cáncer testicular hasta el pancreático. Las variedades susceptibles de vacunas experimentales incluyen algunas de las más mortíferas, en las que las terapias existentes son inútiles. En noviembre, un grupo liderado por James Gulley, inmunólogo tumoral de NCI, anunció los resultados de una vacuna experimental única contra los cánceres metastásicos de ovario y mama. Denominado PANVAC, el compuesto contiene los genes de dos antígenos que suelen encontrarse en las células cancerosas, el antígeno carcinoembrionario (CEA) y mucin1 (MUC1). Hasta ahora, las 14 pacientes con cáncer ovárico que participaron en el estudio tuvieron una sobrevida promedio de 15 meses, en tanto que las 12 voluntarias con cáncer mamario metastásico sobrevivieron unos 13,7 meses. Sin embargo, lo más notable para Gulley fue una mujer cuyo cáncer de mama metastásico "desapareció por completo", y sigue con vida más de cuatro años después del diagnóstico. "Fuimos testigos de reducciones tumorales nunca vistas", declara Gulley, quien sospecha que los resultados podrían ser muy superiores en pacientes que no recibieron antes quimioterapia.

Las vacunas podrían someter incluso al cáncer de páncreas. En marzo de 2010, Bert Williams, de 78 años, fue inoculado por primera vez en el tumor (que no se podía operar), y para diciembre los estudios no detectaron tumoración alguna. Según informaron Elizabeth Poplin y colegas del Instituto de Cáncer de Nueva Jersey, tres de otros cinco pacientes con cáncer pancreático inoperable se encuentran también en condición estable. La mejor explicación es que la vacuna, que satura el organismo con los antígenos tumorales CEA y MUC1, estimuló las células T para que acabaran con las células tumorales marcadas con esos antígenos. "Los pacientes vacunados hace 13 a 19 meses respondieron muy bien y durante mucho más tiempo de lo habitual", dice Poplin. "Ninguno tiene metástasis en hígado u otros órganos, cosa sorprendente, porque el cáncer de páncreas suele diseminarse a todas partes".

El cáncer cerebral es tan mortífero como el de páncreas, pero al menos una vacuna experimental promete ser eficaz contra el glioblastoma multiforme, la variedad más común y agresiva. El compuesto contiene fragmentos del antígeno de la variante III del receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFRvIII), que recubre las células cancerosas. En un ensayo clínico publicado en 2010, investigadores de la Universidad de Duke inocularon a 18 pacientes sometidos previamente a extirpación quirúrgica, registrando una media de supervivencia de 26 meses contra el promedio habitual de 14. Y en julio, Larry Kwak y sus colegas de M. D. Anderson informaron que, en pacientes tratados con una vacuna experimental contra el linfoma folicular, el cáncer estuvo en remisión casi el doble del tiempo que en pacientes no vacunados.

Por supuesto, todavía es un terreno experimental. Participantes de estudios como Baker y Williams fueron excepciones que respondieron casi de milagro. Algunos pacientes están demasiado enfermos o débiles para tener una respuesta inmune intensa, y, además, el tratamiento puede tardar meses en hacer efecto, permitiendo que los tumores crezcan y hagan metástasis. Y si el antígeno que combate la vacuna se encuentra también en las células sanas, las T asesinas podrían atacarlas y precipitar una enfermedad autoinmune. De todas formas, la cifra de quienes creen en las vacunas anticancerosas va en aumento.