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Opinión, venta de aspirinas en kioscos, lo que está en juego

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BUENOS AIRES: Columna de opinión de Martín Seoane, médico especialista en Salud Publica y Medicina Legal. El Cronista Comercial, jueves 28 de abril de 2011.

#Sarampión
Alarma por los dos niños extranjeros sin vacunar que tuvieron sarampión en su visita al país
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BUENOS AIRES, septiembre 12: Una nueva alerta epidemiológica lanzada por la secretaría de Salud confirmó los casos, menores de 7 y 11 años. Los pacientes estuvieron en Capital Federal y l localidad bonaerense de Luján, y partieron a Europa desde el Aeropuerto de Ezeiza.
#AbusoDeMedicamentos
Reino Unidos en alerta por el abuso de opiáceos y sus efectos sanitarios
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LONDRES, septiembre 11: Como sucede en Estados unidos, el uso abusivo de estos medicamentos está creciendo en la última década, y genera cada vez más cuadros adictivos.

Los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires asisten desde hace un tiempo a una intensa pelea entre farmacéuticos y kiosqueros por la comercialización de medicamentos de venta libre. Después de meses de acusaciones cruzadas entre ambas partes, la realidad indica que los únicos perjudicados son los vecinos.

Desde 1991, los medicamentos de venta libre pueden venderse libremente en establecimientos como supermercados o kioscos, favoreciendo a los consumidores con una mejor accesibilidad y precios competitivos. Pero la ley 26.567 sancionada en 2009 intentó acotar la comercialización de medicamentos -incluidos los de venta libre, como aspirinas, ibuprofeno, sales antiácidas o paracetamol para el resfrío común-, restringiéndola a farmacias y a profesionales farmacéuticos detrás del mostrador.

La sanción de la ley desató la tormenta entre farmacéuticos y kiosqueros pero el tiempo demostró que ninguno de los dos realmente perdió mucho con la norma. En términos comerciales, los medicamentos de venta libre representan un volumen y facturación marginal para ambos. El fuerte del negocio del kiosquero son los alimentos y bebidas, mientras que el farmacéutico gana con la venta de medicamentos bajo receta.

Ahora bien, quien quedó en medio del fuego cruzado y se ve perjudicado es el consumidor. El ciudadano común hoy ve acotadas las posibilidades de acceder a una aspirina para su dolor de cabeza o a un sobrecito de sales para la acidez estomacal, porque el kiosquero de la cuadra no sabe si le puede vender y la farmacia, además de quedar más lejos, cierra a la misma hora que cualquier otro negocio y lo obliga a sacar número hasta para esos remedios, que no necesitan de prescripción médica.

En las comunas del sur y oeste de la Ciudad de Buenos Aires, la ONG ?El Defensor de la Salud? demostró que no sólo existe uno de los peores ratios de habitantes por farmacia, sino que el 96% de ellas están cerradas fuera del horario comercial y no cumplen con los turnos.

El impacto en el bolsillo es cuestión de tiempo indica la experiencia chilena. Allí, hasta la aprobación del Decreto de la ex presidenta Michele Bachelet liberando la venta de medicamentos de venta libre, se probó en medio de un escándalo público que las dos principales cadenas de farmacias habían cartelizado por años los precios de medicamentos, incluidos los de venta libre.

A más de un año de la sanción de la ley 26.567 es tiempo de admitir que la sanidad de la población no sufrió ningún tipo de alteración, como tampoco el balance contable de las farmacias y de los kioscos. Más bien llegó la hora del consumidor, que no encuentra una farmacia abierta en su barrio y que perdió su libertad para elegir cuándo, dónde y cómo curar su dolor de cabeza.

La medida cautelar de la jueza Elena Liberatori fue un signo alentador el último diciembre. Ahora es el turno de los legisladores porteños de privilegiar la conveniencia y mejor interés del vecino.