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VIENDO 15/6/15
Investigación

#Investigación

Opinión: la industria y el marketing del miedo

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Investigación

CORDOBA: La industria farmacéutica sigue creciendo como una metástasis económica. Por Juan F. Marguch. La Voz del Interior, lunes 15 de noviembre de 2010.

#Faltantes
Escocia se suma al protocolo de reemplazo en faltante de medicamentos
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LONDRES, noviembre 13: El gobierno de ese país acordó con los farmacéuticos poner en marcha los llamados protocolos de escasez grave (SSP), para reemplazar tratamientos que no se encuentran en las farmacias.
#PAMI
Procesan a una banda que estafó al PAMI con 500 troqueles apócrifos
ADJUNTO
BUENOS AIRES, noviembre 8: La justicia desbarató un mecanismo de estafa contra la obra social nacional, que defraudó por 3 millones de pesos. Están involucrados personal de la obra social y farmacias.

Olvidamos muy rápidamente. ¿Recuerdan cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) pronosticó que el virus de la gripe aviar podría causar hasta 150 millones de muertos? Los gobiernos acumularon himalayas de vacunas para salvar a sus poblaciones del riesgo de su inminente extinción. Un año duró la histeria, las vacunas siguen estibadas en depósitos oficiales, de costoso mantenimiento, y se acorta la vida útil (no mayor de cinco años) del remedio mágico.

Olvidamos muy rápidamente. Después de las demoliciones de las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001), Estados Unidos difundió por el mundo la presunta amenaza del terrorismo islámico de lanzar una guerra biológica. Los terroristas utilizarían el ántrax (¿recuerdan?).

En la aterrorizada superpotencia murieron tres personas, curiosamente, menos que la media anual. Pero Bayer hizo el negocio de su vida (aspirina aparte): tenía la patente del antibiótico Ciprobay, que inmunizaría contra el terrible ántrax. El gobierno de George W. Bush ordenó 1.200 millones de dosis, pero la corporación alemana sólo podía producir 60 millones por mes. La Casa Blanca amenazó entonces con que se produciría el Ciprobay en forma genérica. A su vez, Bayer amenazó con una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se llegó a un acuerdo: la caja pasó de costar casi 500 dólares las 60 dosis a 135 dólares. Además, los alemanes pactaron con Barr Laboratories, una de las fábricas de genéricos más importantes de Estados Unidos, y entre 1997 y 2003 (cuando venció la patente del medicamento) le pagó 30 millones de dólares anuales para que no fabricase una sola dosis. ¿Y el ántrax? Bien, gracias.

¿Y el síndrome respiratorio agudo severo (conocido como Sars, del inglés Severe Acute Respiratory Syndrome)? Apareció en 2002 y, según la OMS, un virus desconocido hasta entonces provocaba fiebre alta, dolores corporales, tos, pero raramente mataba al enfermo. Sin embargo, el marketing del miedo se puso en acción. Estremecedoras imágenes de desgraciados que morían asfixiados se multiplicaron en los medios; las muertes solamente tuvieron fugaz relevancia en Canadá y Hong Kong. Más relevantes fueron las ganancias de los laboratorios en todo el mundo.

¿Y el síndrome de la vaca loca? Hubo alrededor de dos mil casos en Europa, cuatro en Japón, uno en Canadá y otro en el estado de Washington (EE.UU.); en todo el mundo, 1.646 casos en 2003, 878 en 2004 y 474 en 2005, en total, no más de 10 casos fatales. Miles de millones de dólares perdieron los ganaderos porque debieron sacrificar millones de vacas, pero las ventas de antivirales para uso humano y veterinario subieron como misiles intercontinentales.

¡Ah, la gripe aviar! Según la OMS, una mutación del virus que provocase el contagio directo entre personas podría causar hasta 150 millones de muertos. Felizmente, Roche disponía del Tamiflu, cuya molécula, la Oseltamivir, había sido desarrollada por la empresa de biotecnología Gilead Sciences, entre cuyos ejecutivos se contaban Dick Cheney y Donald Rumsfeld, ex vicepresidente y ex secretario de Defensa de Bush, respectivamente. Según la revista Fortune , Rumsfeld ganó 20 millones de dólares cuando vendió a Roche la patente, y Roche rastrilló 1.002 millones de euros por las ventas mundiales del Tamiflu. Para dos criminales de lesa humanidad, como Cheney y Rumsfeld, capaces de convencer a medio mundo del riesgo que suponían las “armas de destrucción masiva de Hussein”, crear un pánico de marketing fue un juego de niños. ¿Cuántas personas murieron por gripe aviar, con pandemia a cargo de la OMS, y todo? Alrededor de 100. ¿Qué sigue ahora? ¿La gripe canina? Que San Francisco de Asís proteja a los perros.

Ajena, al parecer, a todo esto, la OMS alertaba que ya no se producen remedios para enfermedades perfectamente conocidas, aunque maten anualmente a más de 17 millones de personas que no pudieron pagar fármacos fundamentales, corrientes en los países ricos. Investigar y desarrollar una molécula puede costar más de 100 millones de dólares. ¿Para qué gastarlos en una vacuna contra la malaria, por caso, si la mayoría de las 850 mil personas que murieron en 2009 por esa enfermedad eran africanos indigentes?

Con más de 650 mil millones de dólares de ganancias anuales, la industria farmacéutica sigue creciendo como una metástasis económica. En los últimos dos años ha realizado cerca de mil fusiones y adquisiciones, según estadísticas de Thomson Reuters. Desde 2000, año de la fusión de los gigantes Glaxo Wellcome y SmithKline Beecham, la multinacional Pfizer recuperó el liderazgo mundial, gracias a su Lipitor, canónico en el tratamiento de enfermos cardiovasculares. Pagó en febrero de 2009, en plena crisis financiera, 68 mil millones de dólares por Wyeth; 3.600 millones por King Pharmaceuticals y 240 millones por el 40 por ciento de Teuto Brasileiro, mientras Sanofi Aventis efectuaba una hostil OPA (Oferta Pública de Adquisición) por 240 millones de dólares por Genzyme.

A mayor concentración, mayor capacidad de marketing, mayor poder de presión política y, es obvio, mayores ganancias. Desde 1995, el personal de Investigación y Desarrollo (I+D) de las grandes compañías estadounidenses ha disminuido dos por ciento, mientras que el de marketing aumentó 59 por ciento, según Pharma Industry Profile.

En medio de tanta faramalla “marketinera”, un bioquímico inglés, que se desempeña en una corporación de vanguardia y pidió comprensible reserva de identidad, recordó que, más allá de ciertas virulencias que razonablemente exigen vacunas: “la manera más fácil y sencilla para mantenerte sano es simplemente lavarse las manos con frecuencia”.