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Avances científicos: la cura del cáncer ya existeADJUNTO

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BUENOS AIRES: El oncólogo Reinaldo Chacón explica por qué la cura del cáncer ya no es una utopía. Por Matías Loewy. Newsweek, septiembre de 2010.

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Para Reinaldo Chacón, el oncólogo más reconocido de la Argentina, “curación” no es una palabra infrecuente en su diálogo con los pacientes. “En las grandes ciudades del país, donde hay acceso a los medios diagnósticos y tratamientos que se usan en los mejores centros del mundo, un 50 por ciento de los cánceres diagnosticados se cura”, dice a Newsweek el director de la carrera de Oncología de la UBA, “alma mater” del Instituto Médico Alexander Fleming y presidente de FUCA. “Pero todo tiene un límite: no se olvide que la vida es una enfermedad incurable”, bromea.

¿Los pacientes entienden la palabra “cura” de la misma forma que los médicos? -No. Para el paciente, la cura empieza a correr después de cinco años [sin recaídas]. Para el médico, curar significa que ese tumor no va a reaparecer.

¿Pero se puede asegurar eso? -En realidad, por el juramento hipocrático, uno no puede afirmar nunca que un paciente está curado, ni siquiera de un resfrío. Sí, que tiene “altas chances de curarse”.

¿Cuánto de esas “altas chances” depende de la detección precoz y cuánto de los nuevos tratamientos? -Las dos cosas importan. Para el cáncer de mama, por ejemplo, la detección precoz es fundamental en lo inmediato (tumores de menos de un centímetro tienen hasta el 90 por ciento de probabilidades de curación). En el mediano plazo, van a ganar más peso los nuevos medicamentos específicos.

¿Es cierto que ahora los médicos intentan dar dosis más altas de quimioterapia de entrada? -Depende del tumor. Hay algunos que son altamente sensibles, y a menudo se emplean desde el comienzo drogas en dosis altas o combinaciones. En otros casos, como los tumores germinales de testículo o los linfomas, las dosis altas se aplican cuando fracasa el esquema inicial. Pero, en realidad, la tendencia moderna apunta a individualizar subgrupos de tumores para identificar cuáles responden mejor a determinadas drogas.

Suena bien. ¿Pero eso se está haciendo con todos los tipos de cáncer? -Bueno, todavía no, pero sí con algunos que afectan a muchos pacientes. Un buen ejemplo es el cáncer de mama, que en la Argentina se diagnostica a 15.000-20.000 mujeres por año. Ahora sabemos que no es una sola enfermedad y que, como si fuera una mamushka, se puede ir encontrando factores distintivos que orientan el tratamiento. Por ejemplo: si el tumor presenta receptores hormonales, se lo trata con hormonas; si tiene un receptor llamado HER2, responde muy bien a un anticuerpo monoclonal, trastuzumab; y si es “triple negativo” [que no expresa receptores estrogénicos, progestínicos ni HER2] se usa otra familia de medicamentos, los “inhibidores de la PARP”.

¿Y qué pasa con otros tumores sólidos? -En el cáncer de pulmón, cuando existe un gen mutado de un factor de crecimiento (EGFR-TK), se puede usar ciertos anticuerpos selectivos, gefitinib o erlotinib. En el cáncer renal, los “inhibidores de la tirosina kinasa” actúan sobre una reacción enzimática específica, aunque no logran destruir el tumor, sino cronificarlo.

Antes se pensaba que a las compañías farmacéuticas no les convenían los medicamentos útiles sólo para ciertos subgrupos de pacientes, porque les achicaban mercado. ¿Hoy la situación es diferente? -Sí, los propios laboratorios facilitan los estudios para caracterizar genéticamente los tumores. Y eso es porque si un medicamento es efectivo en uno de cada cinco pacientes [con determinado receptor o alteración genética] pero se lo administra a todos, el éxito va a quedar diluido a apenas un 4 por ciento. Eso desalienta al médico y conspira contra la posibilidad de que ese medicamento sea aprobado.

Algunos tratamientos moleculares específicos, como el Glivec (imatinib) para la leucemia mieloide crónica, aprobado en 2001, tuvieron resultados espectaculares. Pero otros fármacos modernos han demostrado aumentar la sobrevida promedio apenas algunos meses. ¿Por qué tanta diferencia? -Porque el Glivec está dirigido contra un tumor caracterizado por un clon celular uniforme: todas las células responden a lo mismo. En cambio, en los tumores sólidos coexisten varios clones celulares, y algunos son sensibles a la medicación y otros no. Por eso muchos pacientes recaen después de una mejoría temporaria.

¿Entonces habría que dar un cóctel de medicamentos dirigidos contra cada uno de los clones celulares? -Sí, sería lo ideal. Pero, en cualquier caso, si uno ataca tumores sólidos como los de mama, pulmón y colon con quimioterapia adyuvante (inmediatamente después de la cirugía), la probabilidad de curación sube entre un 5 y un 10 por ciento. El porcentaje puede parecer bajo, pero en números absolutos, son muchas las vidas que se curan.

El jueves 30, para inaugurar el Mes del Cáncer de Mama, usted va a dar una conferencia [en el Centro Montañés, Jorge Newbery 2818] titulada: “Ganamos batallas, vamos por la paz”. ¿Por qué eligió esa expresión? -La pensé mucho. Si vamos ganando batallas, la idea es llegar al momento en que el diagnóstico no se asocie más con la idea de muerte. Antes no contábamos con radioterapia adecuada, anticuerpos monoclonales, ciertas cirugías... y año tras año aparecen cosas nuevas. Así, cada vez se incorporan más pacientes a la fila de los curados.