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VIENDO 18/7/17
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Opinión: los mayores y el abuso de medicamentos

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BUENOS AIRES, julio 18: En esta columna, publicada por el diario salteño El Tribuno, Leonardo Strejilevich, Master en Gerontología Social de la Universidad Autónoma de Madrid, explica la necesidad de controla la interacción entre medicamentos cuando se está polimedicado.

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BUENOS AIRES, septiembre 13: El buscador de Internet prohibirá la publicidad que venden tratamientos que no tienen una base biomédica o científica establecida. Buscan evitar los engaños y los mensajes falsos.
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Cadenas de farmacias de Costa Rica limitan acceso a la pastilla del día después
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SAN JOSE, septiembre 20: Según una investigación de la Universidad nacional de ese país, algunas de las cadeneras imponen requisitos ilegales, como llenar formularios o ser mayor de edad. El Ministerio de Salud, que autorizó su uso, rechazó estos obstáculos.

El estado de salud de los mayores de hoy, a juzgar por lo que se dice en las encuestas, es bastante bueno. No es cierto que envejecer sea sinónimo de enfermar. De hecho, cuando a las personas mayores se les pregunta qué es lo que más les preocupa siempre sale la salud. La edad introduce cambios en la persona que modifican la manera de comportarse del organismo: hay cambios fisiológicos o normales; hay cambios a partir del padecimiento de enfermedades y, por último, hay cambios que derivan del tipo de vida que uno ha llevado, de los factores ambientales y de los factores de riesgo. Conviene no confundir el proceso normal del envejecimiento con la idea de que todo mayor es un paciente geriátrico.

Qué es, entonces, ser un paciente geriátrico: es ser una persona mayor -cuanto más edad se tenga es más probable- con problemas funcionales (algún tipo de incapacidad física o psíquica), con pluripatologías crónicas, es decir, con enfermedades acumuladas y, muchas veces, con problemas sociales (pobreza por ingresos) y psicológicos sobre los que se añade un problema agudo.

Ser mayor y enfermo no son términos sinónimos. El envejecimiento sobre todo determina dos cosas: pérdida de los mecanismos de reservas del organismo o reducción de las respuestas defensivas ante la agresión o la injuria biológica. Sí es cierto, que cuando uno va siendo mayor tiene muchas más probabilidades de enfermar y lógicamente de tener más enfermedades.

Hay muy pocas enfermedades que sean específicas de la vejez, pero la manera que tienen de presentarse es muy distinta y esto es lo particular en edades avanzadas, por ello, la mirada médica debe ser sensible, atenta y cauta para detectar estas atipicidades y tener en cuenta el factor edad a la hora de proponer un tratamiento.

La manera de responder a los fármacos en general y a algunos en particular, se modifica con la edad. Los medicamentos revelan toxicidad, promueven efectos adversos, resultados a veces paradojales, habituación, dependencia, gastos innecesarios y un modelo biomedicalizado con falta de calidad de vida con una excesiva internalización de los aspectos biopatológicos del proceso del envejecimiento.

La prudencia, mejor estrategia

Los ancianos suelen tener múltiples enfermedades que suelen ser medicadas sin tener en cuenta la interacción medicamentosa o la potenciación de efectos. Los viejos tienen una alta probabilidad de tener ciertos desórdenes de la salud que "invitan" a utilizar medicamentos con acción en el sistema nervioso central originando severos efectos adversos en las funciones intelectuales.

La polifarmacia ocasiona enormes riesgos. Los adultos mayores no deben tomar más de 2-3 monodrogas diarias, superada esta cantidad se corren severos riesgos sanitarios.

Como dijimos si bien los medicamentos tienen un efecto terapéutico, usados sin control ni supervisión médica pueden ser nocivos, es lo que viven a diario muchísimos adultos mayores y es peligroso: la tercera causa de internación de esos pacientes es la reacción adversa a los medicamentos. El 50% de las patologías e internaciones de pacientes geriátricos está causado por remedios; la polimedicación es más grave que la misma enfermedad.

La causa de ese peligro se llama "polipatología" (el hecho de que un paciente mayor en general sufre simultáneamente diferentes enfermedades) y genera la "polifarmacia": es decir, la prescripción de un sinnúmero de medicamentos.

Es común que cada afección se trate por separado a veces con varios especialistas en diferentes campos de la medicina lo que impide controlar y prevenir las interacciones de los medicamentos que se prescriben. El paciente muchas veces consulta especialistas sin la coordinación de un médico clínico o un geriatra; es decir, sin la supervisión de quien puede tener una mirada integradora. Muchos medicamentos tienen efectos contrapuestos y esto puede generar un efecto cascada.

El sistema de atención sanitaria falla en la coordinación de las acciones médicas. Por eso la figura del médico de cabecera y/o del gerontólogo son fundamentales ellos, a su vez, deben informar y coordinar con los familiares.

Cada vez que un médico receta debería saber qué es lo que toma el paciente; corroborar que no esté tomando una droga para los mismos objetivos y ajustar dosis, y estar atento a las interacciones con otras drogas o medicamentos.

Conseguir un médico generalista en nuestro medio que esté dispuesto a ir al domicilio del paciente es poco menos que imposible. Los adultos mayores por lo general no son muy responsables de su propia medicación o tratamiento. Se administran sobredosis y muchos no recuerdan si los tomaron y no prestan atención a la ingesta de medicamentos y su relación con los alimentos.

No es una pócima mágica

En el imaginario cultural de muchos adultos mayores circula una concepción mágica del medicamento, una ecuación mítica: "a más pastillas, más salud". Muchos presionan al profesional para que los medique; ­se enojan si no ocurre y cambian de médico! Los medicamentos mal prescriptos o sobredosificados se transforman en venenos. La gran accesibilidad puede derivar en automedicación.

Las farmacias no deben vender medicamentos sin exigir recetas y los pacientes no deben comprar remedios por recomendación de amigos. Se deben respetar las indicaciones del médico y no seguir tomando indefinidamente un medicamento sin ningún tipo de control. Los riesgos de intoxicación son altos.

Aumenta en nuestro país el uso irracional de medicamentos. La gente suele desconocer qué patología tiene, si el remedio elegido es el más adecuado y tampoco sabe cuántos días debe tomarlo ni en qué dosis. El costo de la automedicación tiene más perjuicios que beneficios y es absolutamente peligroso. La situación es tan grave que hoy se habla de “patología farmacológica”. Asistimos a la cultura de la medicalización de la vida cotidiana.

Buena parte de los argentinos usa indiscriminadamente medicamentos. Ya en 2010, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había advertido sobre este mal hábito que suele provocar consecuencias perniciosas e incluso llevar a la muerte. En esa oportunidad, el organismo señaló que más del 50% de los medicamentos se prescribían, dispensaban o vendían de forma inapropiada, y la mitad de los pacientes no los tomaban correctamente. Advirtió que el uso excesivo, insuficiente o indebido de los remedios tenía efectos nocivos para el paciente y constituía un desperdicio de recursos. Entre las causas se indicaba: la polifarmacia (consumo de demasiados medicamentos); el empleo excesivo de antibióticos, inyecciones y psicofármacos; la prescripción no ajustada a directrices clínicas y la automedicación inapropiada.

Ignorancia y negocios

Esta problemática no solo responde a la ignorancia o irresponsabilidad de la gente que se automedica, sino que influye también la industria farmacéutica que promociona por los medios de comunicación productos de venta masiva a través de íconos televisivos. Las empresas farmacéuticas tienen que vender sus productos y ampliar mercados. Existe la posibilidad de un adoctrinamiento de los médicos para que transformen a los pacientes en clientes, convirtiendo avatares de la vida en enfermedades susceptibles de ser medicadas. Los médicos deben actualizarse en forma permanente en farmacología. De hecho, la industria es la principal auspiciante de congresos, jornadas, posgrados y simposios.

El Estado nacional y los provinciales deberían proponer e institucionalizar un vademécum de monodrogas científicamente comprobadas con respecto a su eficacia terapéutica de prescripción obligatoria para racionalizar el uso de medicamentos y administrar adecuadamente los recursos financieros y el gasto en fármacos innecesarios.

Hay fármacos que han ocasionado la muerte de miles de personas; esto se conoce y se difunde poco y también pocos han pagado por ello.

La OMS aconseja, entre otras cosas, la eliminación de los incentivos económicos que facilitan la prescripción incorrecta, como la venta de medicamentos con ánimo de lucro por parte de los prescriptores, que ven así aumentados sus ingresos. El papel del

Estado es fundamental en la educación de la población sobre el peligro de la automedicación, así como en la formación de los futuros médicos en esta problemática farmacológica.

La automedicación es una enfermedad silenciosa; es una mala y peligrosa costumbre, suma cada día más remedios al botiquín casero; resta salud. El uso indebido y abusivo de medicamentos está convirtiendo a algunos remedios en objetos ineficaces.

En el arsenal de medicamentos que contienen los hogares, los antibióticos abarcan un espacio importante. No es un dato menor para la Organización Mundial de la Salud (OMS), que este año definió como el problema de salud más grave la resistencia de algunas bacterias a los antibióticos.

El mundo está a punto de quedarse sin estas curas milagrosas. Si no se aplican medidas correctivas, nos encaminamos a una era en la que muchas infecciones comunes no tendrán cura y volverán a matar con toda su furia.

En la Argentina, se estima que tres de cada cuatro adultos se automedican. Además, según investigaciones, la mitad de las tomas de antibióticos son incorrectas. Esto suele darse en cuadros respiratorios, cuyo origen es casi siempre viral y no bacteriano (para este caso se indica antibiótico).

El uso indebido de antibióticos está generando bacterias cada vez más resistentes. Hay medicamentos que están perdiendo efecto. A algunas enfermedades ya no les hacen nada. Se deben usar drogas cada vez más fuertes y con más efectos adversos.

Estamos al límite. En muchos casos, para matar una mosca estamos usando balas de cañón.

La cultura de la sociedad actual ha convertido a la automedicación en algo normal. La gente lleva pastillas consigo adonde vaya. Ante cualquier síntoma, recurre a ellas. Muchas cosas se manejan por teléfono o Internet. Ningún medicamento es inofensivo y es mejor que en las casas no haya fármacos. El clásico botiquín hogareño con algodones, agua oxigenada y algún antipirético hoy ha mutado y se parece más a una minifarmacia.

Los remedios se han convertido en un producto más de esta sociedad de consumo que necesita soluciones inmediatas a todos sus problemas. Así las cosas, el remedio parece ser peor que la enfermedad.