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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 2/5/16
EDITORIAL

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Aportes para la confusión general: acerca de las retenciones al champagne y a los medicamentos

EDITORIAL

BUENOS AIRES, abril 29: pese a las promesas de cambios, el PAMI sigue manteniendo un sistema cuanto menos ilógico. Mientras que las farmacias pagan 17 puntos de rentabilidad para dispensar fármacos a los jubilados, se beneficia a las bodegas con la extensión de impuestos para el champagne. No existe argumento que priorice la atención de un producto suntuoso sobre otro de importancia vital en la salud pública.

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BUENOS AIRES, diciembre 22: Como anticipó MIRADA PROFESIONAL, el gobierno y los laboratorios acordaron para esta semana una suba de los valores de los fármacos. Así, el 2014 cierra con los precios tres veces por debajo de la inflación real, una fórmula que empuja a la crisis a los mostradores. Las proyecciones para el año que viene parecen mantener la raíz de este modelo nefasto para el sector independiente.

En febrero de este año, mediante el decreto 355/2016, el gobierno nacional decidió que el champagne y los vinos espumantes dejen de pagar las retenciones del 12,5, una decisión que pasó desapercibida pero que marca cierta tendencia de las políticas gubernamentales. Acusado de favorecer a los sectores concentrados de la economía, el frente Cambiemos comenzó a construir su imagen gubernamental en base a algunas curiosidades. Una de ellas es bajarle las retenciones a un bien suntuoso como el champagne y mantener las bonificaciones que pagan las farmacias para atender al PAMI.

Esta asimetría, que no tiene lógica ni siquiera en un gobierno que puede calificarse de liberal, marca la falta de una lógica a la hora de manejar los instrumentos que tiene el Estado para con su política económica.

No sabemos, somos absolutamente sinceros, bajo qué concepto se decide asfixiar a un sector que atiende la salud de los jubilados, y a la vez se invierte millones de pesos en una bebida que, suponemos, se bebe mucho.

El ejemplo del medicamento y el champagne sirve para comprobar que más allá de la discusión política, el actual gobierno tomó decisiones que en lo simbólico hacen ruido.

Como sucedió cuando anunció el fin de las retenciones a la minería, a la vez que anunció un aumento en las tarifas, mantener retenciones a la venta de medicamentos a través del PAMI con porcentajes que superan el 17 por ciento luego de eximir de todo pago a los productores de champagne es una contradicción inexplicable. No hay lógica que determine las razones para sostener las bonificaciones confiscatorias en un sector que atiende la salud de millones de jubilados, mientras entrega beneficios a sector poderosos, suntuosos, casi de lujo.

La misma sensación genera saber que se invierten 14.500 millones de pesos para sostener el boleto del transporte público en el interior del país, mientras se decide excluir a unos 160 medicamentos de la cobertura del PAMI, una medida que ahorra tan solo, unos 50 millones de pesos. No parece lógico hacer que los jubilados –que en un 80 por ciento cobran la mínima $ 5000 –paguen algunos de sus tratamientos para achicar tan poco los gastos de la obra social, mientras se destinan millones de pesos para sostener de manera arbitraria el precio del transporte. Contrastes de un sistema que entristece.

Cuando este gobierno prometió cambios, muchos se esperanzaron. Incluso dieron algunos pasos, como cuando decidieron denunciar a las antiguas autoridades del PAMI por el manejo irregular de los fondos. Pero esa idea de “cambiemos” se va desluciendo cuando vemos que los medicamentos ocupan un lugar marginal en las prioridades oficiales que incluso, renuevan un contrato tal como estaba escrito por la anterior administración del gobierno precedente.

La precariedad de la seguridad social necesita cambios profundos, y hasta ahora más allá de las palabras no generó nada nuevo. Parece que la política –y sus vicios –sigue ganando la pulseada contra la lógica. Seguimos sin entender los motivos, y de reclamar un sistema que atienda las necesidades de todos, de acuerdo a una prioridad. “Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo”, decía el filósofo español José Ortega y Gasset. Las farmacias estamos en esa tarea. Ardua tarea, que todavía no logramos destrabar.