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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
NéstorCaprov

#NéstorCaprov

Una pequeña historia detrás del auge de la ciencia en el paísADJUNTO

NéstorCaprov

Un cambio de época que merece ser destacado. Un pequeño relato de alguien que vive en carne propia los avances de una verdadera política de Estado.

#faltantes
Faltante de medicamentos: ahora apuntan a problemas con los oncológicos
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BUENOS AIRES, agosto 12: Desde Santa Fe, la ministra de Salud provincial dijo que el gobierno nacional no envía los fondos para hacer frente a la compra de al menos dos tratamientos contra el cáncer. Los tratamientos llegan a través de un Banco de Drogas, que por el momento tienen retrasos en el giro de los fondos necesarios para su compra.
#SeguridadSocial
Obra social rionegrina anuncia nueva forma de cubrir medicamentos
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VIEDMA, agosto 14: Desde el mes que viene, el Instituto Provincial del Seguro de Salud de Río Negro (IPROSS) comenzará a pagar un monto fijo de los medicamentos, y los afiliados abonarán la diferencia del precio final, si existe. Además, se actualizará el vademécum de medicamentos, y mantendrá la posibilidad de elegir marca comercial.

Algunas veces, la historias personales sirven para retratar los cambios de época, el clima que se vive en términos generales. Las películas lo hacen mucho, las peripecias del pelotón del General Miller en “rescatando al soldado Ryan” hablan en realidad de los horrores de la segunda Guerra Mundial, por mencionar de un ejemplo reciente y concreto. Pienso ésto mientras revuelvo el primer café sobre la mesa, esperando a un viejo amigo, que los avatares de la vida llevó a trabajar al exterior y hoy, varios años después, vuelve al país a desarrollar su profesión, con la alegría de estar cerca de los afectos, y la seguridad de que algo cambió. Su nombre y profesión no importan, puede ser Jorge y matemático, Miguel y farmacéutico, Cecilia y bioingeniera. Lo importante es que volvió, está en el país, y vive de cerca el desarrollo científico inédito, que uno nunca vio desde el renacer democrático.

En la televisión del bar repiten la inauguración del Polo Científico Tecnológico , en las ex bodegas Giol, una inversión millonaria que pone al país en la vanguardia en la materia. En el lugar funcionarán, dice la Presidenta, el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y cuatro centros de investigación, además de un segundo edificio para el Conicet, un Museo Interactivo y un Auditorio. La inversión total será de 250 millones de pesos. “El Polo Científico Tecnológico es un edificio múltiple que tendrá tres funciones específicas: la gestión, la investigación y la divulgación. La construcción del edificio contempla criterios de sustentabilidad ambiental que involucran al propio diseño funcional y a las instalaciones, con el objetivo de reducir los consumos estándares de diferentes recursos, como por ejemplo, la economía en el uso del agua”, se escuchó.

Además, en el lugar se instalará el Instituto de Biomedicina asociado con la Sociedad Max Planck de Alemania. “Es la nave insignia de Alemania en materia de investigación y ciencia, haya decidido elegir a nuestro país como su primera sede en América del sur. Nos llena de orgullo esta decisión y de esperanzas también”, dijo Cristina. No puedo dejar de sonreír. Pido un segundo café. Los años en el exterior y el rigor científico no le quitó su habitual sentido de la impuntualidad.

Unos años atrás, cuando la distancia era grande, mi amigo me envió un mail. Era un correo triste, resignado, con bronca. La distancia suele potenciar algunos sentimientos. Recordaba los años de militancia universitaria, la peleas por mayor presupuesto, los años de debate sobre la necesidad de invertir en ciencia y en quienes la hacen. Porque no alcanza con levantar laboratorios, me decía, debemos fomentar la materia gris. “Pero acá estamos, después de tanta lucha, bien pagos y con expectativas, pero lejos de los afectos. A veces pienso si la indiferencia es nuestra marca de origen”, me decía. Pienso en Domingo Felipe Cavallo, padre de una época, mandando a “lavar los platos” a los científicos del CONICET. Pienso que sus palabras le marcaron el único camino posible a esos profesionales: Ezeiza.

Hoy, en cambio, la ciencia ocupa un lugar central en la agenda de gobierno. Si hasta lo reconoce la oposición. Ciencia aplicada a la producción, al saber, a la vida cotidiana. Porque parte de esto es el auge de la Producción pública de Medicamentos, que con ley incluida se expande en todo el país. Desde la vuelta a la democracia, para un farmacéutico esta es la noticia más importante: por ley, el país reconoce como “un bien social” a los medicamentos. Lo hizo un Congreso, este país siempre va a ser algo "raro", pero lo militamos todos, desde siempre, en cada mostrador, en cada jornada, cuando decíamos que nuestra tarea también era y es esa, mejorar el acceso a los remedios esenciales para toda la población.

“Cambio de época o época de cambio”. Eso me preguntó mi viejo amigo cuando me escribió hace un tiempo, anunciando que lo tentaron para volver al país. Quería saber de qué iba esto del ministerio, del plan para repatriar científicos, que Lino Barañao ponía en marcha, para revertir la brutal “fuga de cerebros”. Hablamos mucho, dudamos (los dos dudamos). Si la “Noche de los bastones largos” devastó por años la calidad universitaria del país, si el neoliberalismo de los ‘90 fue una catapulta para el mundo de la ciencia. Se fueron, y no pensaban volver. Pero ahora había un ministerio de Ciencia, ¡un ministerio! Nos entusiasmábamos. Que, además, tenía al frente a un científico. Surrealismo puro. Parece un dato menor, pero no lo es. La tradición de los gobiernos anteriores era poner a un político al frente de todo. Pero ahora, alguien respetado por sus pares, con una fuerte trayectoria en la materia, que publica sus investigaciones en los principales foros mundiales, decidía sobre la ciencia argentina. Era para entusiasmarse.

Pero las dudas estaban. Tardé unos días en contestar. Se me ocurrió que la mejor respuesta no la podía dar yo. Unos días atrás, Adrián Paenza, un matemático de mucho prestigio más allá de su tarea periodística, recibió un premio, y sin saberlo me dio las palabras justas. “Esto empezó primero con Néstor Kirchner, y ahora con Cristina Kirchner, quienes han invitado a la Ciencia a la mesa de las decisiones del país. Y esto no es un tema menor, porque Kirchner ya no está y Cristina se va a ir algún día, pero el Ministerio de Ciencia y Tecnología quedará en la Argentina”, dijo Paenza, cuando recibía un Martín Fierro por su programa “Científicos industria argentina”. Por si fuera poco, hasta la farándula premiaba a los que piensan. Otro dato de que la cosa venía en serio. Si, verdaderamente; un país singular.

“Ya está, me vuelvo”, dijo a los días. Con él, más de 800 científicos volvieron al país convencidos de que era tiempos distintos. “854”, precisa en la TV Barañao. Cómo para no entusiasmarse. Uno que ha soñado ver a los farmacéuticos metidos en la mesa de discusiones serias sobre el futuro del país, que pide ser parte de un sistema de salud integral, piensa que estos pasos son propios, que son formas de cambiar lo que hasta ahora, perdón por el desborde de entusiasmo, parecían utopías.

El tercer café se va terminando. Los años ablandan a cualquiera, Chambón!, no llores más que me hacés llorar a mi también, me dirá mi amigo; cuando me abrazó con fuerza. Fueron años de ausencia, de alegrías compartidas a la distancia, de tristezas multiplicadas por dos. Ahora el tiempo se va perdiendo, entre recuerdos y añoranzas. Estamos grandes y pelotudos. Vendrán más pocillos de café, alguna ginebra con hielo. Vendrá ese espíritu que alguna vez nos acompañó en los pasillos de la facultad. Hablaremos de todo esto un buen rato. Nos reiremos de quienes piensan que esto es política, proselitismo, “militancia K”. Nos reiremos. Porque estamos felices de contar esta mínima historia. Y todas sus implicancias que vienen atrás.

Farm. Néstor Caprov