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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
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Enero “caliente”: prepagas, PAMI y la inviabilidad de las farmacias

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Como pocas veces se vio, los temas que aquejan a las farmacias tomaron estado público. Los reclamos por las bonificaciones confiscatorias que obligan a entregar las prepagas, el convenio de PAMI y la venta de medicamentos en kioscos ganan la agenda. Es hora de salir a hacer pública una situación insostenible.

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Lejos del verano de sol, mar y tranquilidad que muchos imaginaban, el 2011 arrancó para las farmacias con una ola de problemas que movilizan a propios y extraños. El conflicto con las prepagas, el contrato del PAMI y el vergonzoso fallo de la justicia porteña autorizando la venta de medicamentos en kioscos son obstáculos que el nuevo año introdujo en el camino de los farmacéuticos, y que necesitan solución inmediata. Pero si como solía decir el gran músico de jazz Duke Ellington, “los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe”, este verano “caliente” del sector puede ser una oportunidad para plantear a la sociedad el gran karma que venimos afrontando: la viabilidad del negocio de la farmacia independiente.

En primer lugar, debemos explicar de qué hablamos cuando decimos crisis económica en la farmacia. En principio, hablamos de una crisis de financiación de todo el sistema, una crisis de rentabilidad producto de que los costos suben por ascensor y la utilidad por escalera. Esta asimetría entre lo que entra y lo que sale se agrava cada vez, en tiempos que están por volver a abrirse las paritarias para los empleados de farmacias, los servicios volverán a aumentar y en general los costos diarios suben constantemente. Desde este espacio venimos denunciando que las bonificaciones a las que son sometidas las farmacias están viciadas de toda lógica y hacen inviable la oficina de farmacia, sobre todo si seguimos pagando porcentajes por encima de lo razonable.

Para citar otro ejemplo de este callejón: ya no se puede atender prepagas y obras sociales con bonificaciones que trepan desde el 17% al 25 por ciento o más, cuando lo que recuperamos son monedas que no devuelven la verdadera dimensión de las prestaciones. Ya no podemos financiar más el sistema, que termina colapsando. Y cuando colapsa, sucede lo que vivimos estos días, primero caerán las prepagas -recordando que ya muchos dejaron de atenderlas por las altas bonificaciones que hacen que no sea negocio alguno dispensarle a sus afiliados -hasta llegar, si no se detiene antes, a todo el sistema de seguridad social, PAMI incluido. El problema es económico y su raíz: La rentabilidad casi nula.

No se puede pretender bonificaciones altas, en un sistema financiado por los afiliados que pagan y la farmacias que soportan el resto de esta prestación. Lo que se pretende con estas medidas tomadas esta semana es una libre elección de los pacientes de las firmas de prepagas, y una baja de las bonificaciones, a la vez de ser las instituciones que representan a las Farmacias argentinas los tenedores y gestionadotes de todo convenio de prestación. La idea es por demás clara: No se puede soportar bonificaciones (para nosotros son peajes) igual o en mayor escala que la principal obra social de la Argentina, el PAMI.

Cuando uno pondera el mercado de medicamentos del país vemos que el consumo mayor de fármacos lo realizan todas las obras sociales sindicales incluidas en la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). Sumándolas todas, hacen un monto que esta por encima del consumo de medicamentos del PAMI. Pero individualmente, la obra social de los jubilados es por lejos la primera en este movimiento.

En definitiva, el PAMI es la obra social más grande de América, el mayor comprador de medicamentos del país y por ende el “marcador” de precios, el termómetro del mercado nacional. Lo es para la industria farmacéutica, lo es para el gobierno y lo es para nosotros las farmacias. A tantos años del reclamo, no se puede tolerar que el descuento y las bonificaciones a las que nos someten las empresas prepagas supere ampliamente las que otorgamos a quien lideran el sector. No se puede aceptar que obras sociales y prepagas -que están en camino de ser reguladas a través de una ley nacional -estén por encima en sus beneficios que el PAMI. Es intolerable. Esto se agrava si pensamos que la propia industria con sus notas de créditos devuelvan un gran caudal de fondos a las empresas de medicina privada, lo que hace que del 100 por ciento de los medicamentos sólo paguen un 5. Un negocio redondo por donde se lo mire.

En este esquema, el que más pone a la hora de dispensar un medicamento es el afiliado, con un 40 por ciento, la farmacia aporta de un 20 a un 25 por ciento según el caso, mientras el resto lo pone los laboratorios. Para colmo, las empresas le cargan parte de su porcentaje en la dispensa a las cuotas que pagan sus clientes, a través de los aumentos. Así, el afiliado paga doble: en la cuota y en el mostrador. Un sistema como este, desregulado, con incrementos automáticos, esta viciado de nulidad.

Mucha farmacias dejaron de atender varias a empresas antes de este conflicto, ya no por una cuestión gremial sino porque no pueden sostener el esquema. Directamente no le cierran los números. De hecho han cerrado más de un centenar de farmacias en los últimos meses. El PAMI, además de su importancia en materia de medicamentos, es por volumen de afiliados y comprar un motor de todo el sector, un gigante que marca el tiempo -y el humor -de todos los componentes del mercado. En estos días que la industria discute con el Estado un nuevo convenio -o la continuidad del anterior -desde las farmacias lanzaron una serie de reclamos para mejorar la situación de los mostradores (ver editorial “PAMI: la COFA reclama cambios a la industria”, MIRADA PROFESIONAL, lunes 10 de enero de 2010).

El mayor reclamo es de aumentar el porcentaje que el PAMI gasta en las prestaciones para los jubilados, ya sea en medicamentos u otros servicios. Se sabe que la tercera edad es una etapa donde los medicamentos son fundamentales para la vida de las personas, por lo que el Estado debería entender que necesita aumentar el dinero para las prestaciones de todos sus afiliados. Y la industria saber que con los porcentajes que en las grandes ciudades se bonifica al PAMI, las farmacias vuelven a ser inviables. Si pagando 17 por ciento de retención en la recetas del PAMI, que por lo general superan los 300 pesos por receta por mes, el negocio de la farmacia está casi acorralado, el margen que implican atender prepagas de vuelve una carga insostenible a corto plazo.

Son tiempos de definiciones, que pueden marcar el futuro del sector en lo inmediato. Con el actual estado de situación, no hay demasiadas diferencias en cómo afectan estas medidas a las farmacias chicas, medianas o grandes. Las hay, pero las discutiremos en su momento. Hoy, como recuerdan esas imágenes de la caída del muro de Berlín, los que tenía más fuerza empujaron con los que tenían menos, o con los que apenas podías moverse. Todos juntos colaboraron para que se cayera. En este caso, si no lo planteamos a la sociedad la inviabilidad de las farmacias, el estado de “vida o muerte”, no se tomará dimensión de lo que estamos pasando.

Empujar todos para el mismo norte será un precedente, una marca de dignidad en el mundo de las farmacias. Una vez finalizado este reclamo de las prepagas, seguramente tendremos que encausar el tema de la seguridad social y el PAMI. Son cuestiones muy centrales que curiosamente salieron a la luz en enero y que exigen una constante prédica a quienes pisen una farmacia en busca de medicamentos. Explicándoles que estamos tratando de desactivar una gran bomba, para evitar el cierre de prestaciones de medicamentos a todos los afiliados de cualquier obra social.

Néstor Caprov