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Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
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Las prepagas y las farmacias en la pelea por la rentabilidad.

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(bis) Los medios periodísticos recogieron un informe que habla de “baja rentabilidad” en el sector de la prepagas. Lejos de la queja mediática, las farmacias independientes sufren un mercado distorsionado que las empresas de salud privadas ayudan a profundizar. La estrategia de “golpear y negociar”.

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Pese a la catarata de cierres que registran las farmacias independientes en los últimos años, las advertencias hechas por el sector y los muchos reclamos realizados, es difícil ver alguna noticia sobre esta problemática en los grandes medios. Pasa casi desapercibido. Sin embargo, cuando uno ve en gran cantidad de medios periodísticos la repercusión que tiene un informe privado que alerta sobre la supuesta baja de la rentabilidad de las empresas de medicina privada, no deja de llamar la atención. No por tener una mirada ingenua de los medios, y mucho menos del poder de lobby del sector de la salud privada. Pero si no deja de asombrar cómo “movidas” como estas pasan sin mayores filtros por los medios de comunicación, que le hacen el juego a un reclamo cuanto menos cuestionable.

No se trata de desprestigiar un reclamo para impulsar otro. Sino de poner todo en su justa medida. Si las denuncias incansables del sector de los farmacéuticos independientes por los cierres de farmacias en todo el país no son visibles, no es porque involucre a menos gente o se hagan con menos fuerza. Mientras, las prepagas logran gran repercusión de una demanda que no se entiende, si no se da una mirada integral al sistema sanitario argentino, con sus asimetrías y sus arbitrariedades.

“A pesar de los últimos aumentos en las cuotas de los servicios de medicina prepaga, las empresas del rubro continúan mostrando uno de los niveles más bajos de rentabilidad. De acuerdo con un informe de la consultora Claves, el promedio de ganancias sobre ventas del negocio ronda entre 1 y 3 por ciento” (Abeceb.com, 28 de septiembre de 2010) . Según el trabajo, “si bien la recuperación del empleo y de las remuneraciones generó, desde 2004, una importante expansión en la cantidad de afiliados al sistema, hoy éste se encuentra en una fase de madurez”.

Las diferencias entre ambos reclamos, y por ende entre ambas situaciones, es casi directamente proporcional, mientras que la concentración está asfixiando al sector independiente de la farmacia, la prepagas tiene “vía libre” para cobrar sus cuotas -sólo en 2010 hay un aumento acumulado del 35 por ciento -en un mercado sin regulación que más de una vez fue objeto de críticas. Además, las empresas se ven beneficiadas por el actual esquema en la venta de medicamentos, donde imponen porcentaje de bonificaciones onerosas, que la farmacias se ven obligadas a pagar sin lugar a la protesta. Por lo menos hasta ahora.

Aquí, el peso de la concentración juega un rol fundamental. Mientras la farmacias son 12 mil puntos de atención en todo el país, en las prepagas las cinco empresas líderes (en orden alfabético: Galeno, Grupo Swiss Medical, Medicus, Omint y OSDE) representaron en 2009 el 75 por ciento de la facturación, en un mercado en el que actúan 260 empresas privadas. Esto le da un poder de fuego a las firmas que difícilmente pueda ser igualado. El reclamo del resto de los actores del mercado de la salud, ni siquiera tiene presencia en los medios de comunicación.

Esta situación es aprovechada por las empresas de medicina privada que ahora hablan de rentabilidad, mientras imponen bonificaciones a las farmacias que en algunos casos alcanzan el 24 por ciento. Así se arma un sistema que nos aprieta, que nos obliga a asumir compromisos que después se vuelven impagables. Además, los costos fijos siguen subiendo, los pagos se atrasan y la inflación se “come” nuestra rentabilidad.

“Esta es la única profesión donde te obligan a pagar para trabajar”. Esta fue una de las conclusiones que los más de 80 profesionales farmacéuticos que se reunieron la semana pasada en la convocatoria realizada en el hotel Presidente Perón. El sistema de bonificaciones fue calificado “a lo bonzo”, y fue uno de los mayores reclamos respecto a la situación de crisis que vive el sector independiente. Las quejas apuntan a la cada vez más híper concentración de un mercado cada vez más orientado a la “mercantilización” de los medicamentos. Que dicho sea de paso tiene precios que no regula la propia farmacia, sino los grandes formadores, como los laboratorios y que son estos los que financian el consumo de remedios a las prepagas. El impacto de ese consumo de medicamentos en los costos de las prepagas sería altísimo sino tuvieran que colaborar a modo de benefactores compulsivos, las diferentes farmacias que bonifican en gran medida ese costo y los laboratorios ya citados, haciendo que solo un pequeño porcentaje del 5% sea el que termina cubriendo cualquier prepaga de renombre por ese rubro. Una paradoja difícil de explicar y más de entender. (Un detalle no menor es que el 40 por ciento del valor de esos medicamentos los paga el afiliado a la prepaga, que además debe pagar rigurosamente la cuota. O sea que no sólo absorbe los aumentos, sino que se hace “socio” de la empresa pagando gran parte del valor del medicamento).

Hoy, uno de los aspectos más álgidos del sector es precisamente el diseño y administración de un marco regulatorio claro y previsible. Las intervenciones oficiales para regular los ajustes de precios de los planes de salud de medicina prepaga, los límites al traspaso de obras sociales desreguladas y las iniciativas que se proponen para regular la actividad (cambios en el Programa Médico Obligatorio, etc.) evidencian esa necesidad. (“Cuál es hoy la rentabilidad del negocio de la medicina prepaga?”). En esta reflexión se ven parte de los puntos oscuros de este mercado, que pese a los augurios goza de los beneficios de las asimetrías criollas. En tanto, las farmacias pelean todos los días por la rentabilidad, que en picada cierra persianas a la velocidad de la luz.

No es, insistimos, cuestión de poner una protesta por encima de otra. Tampoco descalificar el reclamo por la viabilidad de un sector con respecto al otro. Es de tratar de poner blanco sobre negro. Las prepagas son parte del problema, sobre todo porque distorsionan el mercado de las propias oficinas de farmacias, sin esa mirada sanitarista que venimos reclamando. Mientras puedan imponer su poder económico, los medios seguirán atentos “la baja en la rentabilidad” de un solo sector. El árbol más importante que el mismo bosque. Lejos de ellos, el resto, pelea por mantenerse a flote en un mercado cada vez más atomizado. Pero eso no figura en los medios. En estos medios tan cuestionados. Porque como dice el gran Joaquín Sabina, “hoy, amor, como siempre, el diario no hablaba de ti, ni de mí”.

Néstor Caprov