#NéstorCaprov: Medicamentos “truchos”: un monstruo de tres cabezas
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Farm. Néstor Adrián Caprov

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Medicamentos “truchos”: un monstruo de tres cabezas

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Una nueva banda de traficantes de medicamentos cayó esta semana. Una productora de asesinatos seriales que mata en silencio. Pero es también insoslayable el “gran silencio de nuestra profesión”, la inacción de los funcionarios de la Superintendencia de Servicios de salud -SSS- y la falta de conciencia de los usuarios de medicamentos de las obras sociales. Estas son algunas reflexiones sobre el mundo real y el mundo virtual que vemos cada día.

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#FarmaciasenCrisis
Caída en las ventas de medicamentos: crisis en puerta del sector
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BUENOS AIRES, mayo 18: Según las farmacias bonaerenses, la caída de la dispensa en abril fue del 10 por ciento, aunque algunos datos hablan de un desplome mayor. Desde el Colegio de Farmacéuticos bonaerenses alertan sobre las consecuencias de esta crisis. Problemas con la gran cantidad de recetas que circulan.
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#FarmaciasYCoronavirus
Los farmacéuticos alertan por la creciente deuda de la seguridad social y analizan cortes de servicio
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BUENOS AIRES, mayo 12: Desde la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) aseguran que cada vez más entidades tienen retrasos en los pagos, y si no hay una respuesta no podrán sostener los descuentos.
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C
on la estridencia del caso, otra vez el mundo de los medicamentos saltó en los diarios y noticieros de las secciones de salud a las de policiales. La caída de otra mega banda que adulteraba y traficaba fármacos de alta complejidad (HIV, antihemofílicos, oncológicos y otros) ocupó un buen espacio de la agenda mediática.

No es para menos: 46 allanamientos, 14 detenciones, secuestro de miles de troqueles y envases “truchos”, toda una logística al servicio de este comercio mortal que pone en riesgo la vida de millones de argentinos. El monstruo silencioso, que mata más que varias enfermedades, volvió a mostrar su cara. Sus caras. Porque como vienen sucediendo, la noticia estuvo acompañada de tres ejes para discutir, tres facetas de una misma problemática: la falta de controles; la liviandad informativa y -tal vez la peor -el silencio de nuestra profesión, nuestro silencio gremial.

Cada vez que aparece una de estas noticias, que implica a sindicalistas, empresarios y hasta farmacéuticos inescrupulosos, se produce una especie de movimiento espasmódico. Hay alarma, preocupación, se habla de un sistema que no funciona, de corrupción, de negocios millonarios, de intoxicaciones, de muerte, etc. Se habla un par de días, hasta que otro nuevo desastre, otra nueva tragedia, ocupa su lugar.

No vamos a discutir las reglas mediáticas, no es nuestro tema Nos queda grande el sayo. Pero cuando “las luces de las cámaras se apagan”, estos sistemas de muerte que tanto asustan vuelven a funcionar. Es más, cuando la noticia se diluye, florecen al amparo de la falta de decisión de combatirlos. No se logra que, por ejemplo, la atención de las obras sociales vuelva a la farmacia. No se regulariza el sistema, y se entra en una doble realidad, una virtual y otra real.

Entonces, mientras que los medios denuncian estos negociados millonarios, en la práctica se siguen realizando sin que nadie asuma la responsabilidad de encauzar toda las obras sociales dentro de único lugar que ofrece seguridad a la vida de los consumidores: La Farmacia Comunitaria Profesional. La farmacia que todos tienen de confianza. Cerca de su casa. A la luz del día. Cuando esto no pasa, cuando esto es no tenido en cuenta por el funcionario de turno de la Superintendencia de Servicios de Salud y nuestros representantes farmacéuticos colegiados, lo soslayan; se hace más grande este circuito de atención de las obras sociales por fuera de las farmacias. Este mercado negro incontrolable.

Mucho hay de culpa en las instituciones del Estado por no logran resolver esto. La Superintendencia de Servicios de Salud (SSS) es la que custodia los convenios de las obras sociales sindicales, y los que aseguran que se cumpla el Plan Médico Obligatorio y la dispensa correcta de medicamentos.

Nos consta que hubo normas que obligan a estas obras sociales a universalizar la prestación de los remedios, en toda la red de farmacias a lo largo y a lo ancho del país. Su no aplicación fue motivo de queja desde algunos colegios de farmacéuticos. Eso también nos consta. Pero, vale la aclaratoria personal, que se realizaron acciones (expedientes) de forma casi timorata. Testimonial. Se presentó una “queja” formal, que derivó en un número de trámite que hoy -previa circulación por todas las dependencias y subdependencias habidas y por haber- duerme el sueño de los justos, en algún escritorio de algún funcionario de dicha Superintendencia de salud.

Como correlato de esta negligencia oficial, nos encontramos con otra faceta de este monstruo que sigue matando. Y tiene que ver con un silencio ofensivo que hay de nuestra dirigencia gremial farmacéutica ante esta problemática. Muy pocas voces asumen la defensa de la farmacia como garante del medicamento seguro cuando estas noticias se conocen. Apenas somos parte del concierto de opiniones mediáticas, y muy pocas veces logramos hacer escuchar nuestra reivindicación sobre la necesidad de devolver todos los medicamentos al ámbito con más controles: a la farmacia comunitaria. La dirigencia profesional se limita a protestar formalmente, “para la tribuna”; abrir ese expediente que sabe no verá la luz, esperando que de forma casi mágica se de respuesta al reclamo. Pero eso no pasa.

En el país real, la burocracia se encarga de que cada día estemos un poquito más lejos de los medicamentos sólo en farmacias, lo que consolida esta turbia relación entre los empresarios y sindicatos. Se consolidan y se hacen más fuertes.

Entre la complicidad oficial y el silencio gremial, una nueva cara del monstruo revela su lado maldito. Porque la espectacularidad mediática, que en otros casos sirve para tomar medidas inmediatas -después discutiremos su efectividad -en el caso de los medicamentos es casi nula. Porque si una terrible salidera bancaria hizo trabajar a diputados de todos los partidos, a funcionarios y dirigentes, y en menos de 15 días se creó un paquete de medidas contra este tipo de delitos, por qué cada vez que aparece una de estas bandas de traficantes de medicamentos, no hay un solo legislador que se preocupe. Por qué si el mercado negro de medicamentos mata mucho más que las salideras a nadie conmueve su presencia, como para lanzar una serie de medidas.

No se trata de ponderar cuál delito es peor. Hoy en día la seguridad es un tema sensible a la sociedad y moviliza a las autoridades, se tomen medidas, se prometen “nunca más”. Algo que no sucede con el mercado negro de los medicamentos, que de forma menos visible y más lenta, mata mucho más que esos delitos que ocupan a funcionarios y periodistas. En definitiva, hay una enorme celeridad para cuidar a clientes de bancos, pero nula actividad para proteger a la gente -que son también esos clientes de bancos -del peligro de los medicamentos falsificados.

Tres cabezas de un monstruo que asusta, porque parece que puede matar impunemente en un país demasiado acostumbrado a la tragedia. Cabezas que no pueden ser cortadas a la vez. Una, debe ser extirpada por los funcionarios de salud, que tienen en sus manos parar la burocracia y hacer cumplir las normas. Otra, que debe terminar con el silencio cómplice desde la profesión farmacéutica, en especial en la estructura dirigencial, que debe usar como arma la aplicación de la resolución 468 de la SSS. La última, tomar conciencia de que las muertes por más que no se vean están, y que se debe trabajar todos los días más allá de la agenda mediática. No salir a destrozar este monstruo de tres cabezas, en momentos donde queda tan a la vista este irremediable circuito de muerte.

No perdamos cada oportunidad histórica de poner blanco sobre negro. No esperemos, en definitiva, una nueva tragedia para tomar conciencia de que este monstruo vive de estos fármacos y que se alimenta de nuestra indiferencia.

Néstor Caprov

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