Edición y Dirección General
Farm. Néstor Caprov

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VIENDO 15/6/15
Editorial

#Editorial

Las reglas de juego al mejor postor: Farmacia sindical una franquicia más.

ADJUNTO
Editorial

Las noticias sobre reformas de varias leyes de farmacias provinciales, que benefician a las franquicias de farmacias de ciertos sindicatos, alertan al sector . Si rompen el modelo sanitarista de distribución de farmacias, los mostradores gremiales se alinean con las cadeneras farmacéuticas y sus fondos de inversiones. Cuadro de situación.

#Editorial
Regulación de las entidades de medicina prepaga. Dip. Macaluse gracias por su claridad.
ADJUNTO
Querido lector, estabamos intentando ensayar nuestros "pareceres" con respecto a la regulación de la medicina prepaga recientemente votada en el Congreso Nacional. Pero, alguien con mucho más talento y claridad que este editor, ha pronunciado un discurso EXQUISITO, sin fisuras. Un discurso que va más allá del color político que se tenga. El Diputado Eduardo Macaluse expresó lo que este improvisado comentador se propuso antes de sentarse frente al teclado. Solo decirle, no se pierda de leer este discurso.
#Editorial
Mafia de los medicamentos: la policía detuvo en Salta a un empresario farmacéutico
ADJUNTO
BUENOS AIRES: Pedro Vommaro fue arrestado en el marco de la causa que investiga el juez federal Norberto Oyarbide. Ya hay 10 personas detenidas por el escándalo.

Pese a que parece un hecho aislado, el intento en la legislatura de Río Negro de reformar la Ley de Farmacias provincial (ver “Río Negro: polémica por reforma de la ley de farmacia”, MIRADA PROFESIONAL, miércoles 6 de octubre) esconde una historia repetida en el sector, que tiene su correlato en un proyecto similar que espera tratamiento en la provincia de Buenos Aires. La idea es permitir que las farmacias sindicales no cumplan los requisitos de distancia para su instalación, algo que si deben hacer las farmacias privadas independientes. En ambos casos –más otros que se dan en otras provincias y que no vienen al caso nombrar -la esencia de la movida es la misma: desbancar una legislación sanitaria que se impone a las reglas del mercado y a la liberalización de la profesión farmacéutica, por lo menos por ahora. Esta lucha se refleja en las normas que regulan la instalación de las farmacias, que separan un local de otro y evita que los centros urbanos se llenen de farmacias dejando a las periferias sin atención ni servicios.

Una aclaración necesaria: esta visión sanitarista entiende que el medicamento es un bien social, y que está primero que todo. Y que la distribución de un número parejo de farmacias por población y distancia, asegura un acceso equitativo a toda la gente de ese medicamento. Aquí está, sintetizado, el espíritu de la farmacia que defendemos, el modelo sanitario que tenemos hoy en la provincia de Buenos Aires como en Río Negro y otras. En cambio, el modelo de mercado, como no comparte esta visión y piensa al remedio como una mercancía más, pretende otra cosa. Pide más bocas de expendio en lugares más poblados para asegurarse la venta, lucrando con una medicalización absurda de la población. Este es el modelo de farmacia “estilo drugstore” anglosajón . Y lo es también el modelo de farmacia sindical que se quiere imponer.

¿Por qué decimos esto? Porque estas farmacias –las sindicales –hace rato se alejaron del espíritu de esos primeros movimientos obreros, de esas organizaciones sindicales pensadas y estructuradas para dar beneficios al trabajador y su familia. Hoy, reiteradamente, la farmacia sindical no esta pensada para la dispensa de medicamentos al afiliado, lo que hacen es copiar al modelo de mercado de las cadeneras, licitando a cualquier operador franquiciado la propia farmacia que representa al sindicato y se instalan en los grandes centros urbanos. Para hacer negocios solamente. Ya que están eximidos de muchas tasas impositivas importantes, la competencia desleal es la moneda de todos los días; convirtiendo al estado (todos nosotros) en la principal víctima por la falta de recaudación de esos impuestos, subsidiando en definitiva, a cuatros vivos que lucran con los medicamentos. Y como pese a lo que dice la ley generalmente atienden a todo el mundo, no sólo a sus afiliados, se vuelven “mostradores monopólicos” apenas nacen. El estado las eximen de gravámenes y ellos utilizan esa diferencia para hacer desaparecer a las demás farmacias que intervienen en la misma ciudad pero, por supuesto, con otras reglas.

En las legislaciones que regulan la instalación de nuevas farmacias, en la modalidad de farmacias sindicales, figura una excepción legal que el poder de lobby de los gremios dejó allí, latente, para explotar a su antojo y así violar la prohibición de dispensar medicamentos a otras personas que no están afiliadas al gremio que representan. Se tratan de los convenios de reciprocidad, que establecen que una farmacia sindical puede atender a afiliados de otra obra social si su farmacia hace lo mismo con sus afiliados. Así, azucareros de Tucumán son atendidos en farmacias de petroleros de Río Negro, siempre y cuando sus farmacias hagan los mismos con los otros afiliados. Esto casi nunca es comprobable, y menos, auditado por el estado, pero sirve para los fines del negocio que quiere imponer.

Pero el espíritu real de estos convenios es lisa y llanamente vencer la letra fina de la ley que regula al sector, rompiendo la esencia para la que fueron creadas: para atender a sus afiliados. Así, suman atención a otros seguros médicos, a prepagas, a personas sin cobertura, todo para lograr un mayor flujo de ventas y comisiones. Convirtiendo una herramienta del sindicalismo en una estructura “pro mercado”. Beneficiándose solamente los que “explotan” la farmacia, mientras que sus afiliados hacen la cola pacientemente, viendo pasar una tras otra persona que nada tienen que ver con el propio gremio.

Es tan grande el descontrol en la materia que hoy gracias a estos convenios de reciprocidad se da como obvio que una farmacia sindical puede atender a cualquier persona, cuando no es así. Y con el margen de ganancia que las excepciones impositivas otorga van a la negociación de las bonificaciones a las seguridad social y al mercado de las prepagas con ventajas sobre el resto de las farmacias. Un negocio de vivos que tienen a la ley para que la respeten los otros. Los zonzos.

No es difícil lograr la instalación de una farmacia sindical. Todos los gremios tienen la potestad de dar servicios asistenciales a sus afiliados, entre ellos el servicio de farmacia. Así, si esta normativa está en su estatuto general, el gremio tiene derechos a instalar una farmacia. El tema es que en estos días, es muy frecuente encontrar que no es el propio sindicato el que gerencia la farmacia, porque es tan complejo el manejo de los medicamentos, que muchos gremios deciden entregar a empresarios farmacéuticos el manejo de los mostradores, a la luz de una legislación bastante laxa. Todo esto gracias a las ambigüedades de la ley y el poder que tienen los gremios en la política nacional. Así, en la provincia de Buenos Aires y en todo el país se rompe la legislación con mirada sanitaria sobre instalación de farmacias desde los gremios, por las ventajas que hoy entrega el sistema y la legislación.

Pero esto no es todo. Hoy no sólo logran habilitaciones “desprolijas”, forzando las leyes regulatorias, sino que tienen el poder suficiente para intentar romper directamente la norma sin importarles un pito las razones y los medios. Estamos en un país donde las leyes se cumplen de manera tangencial, donde la norma mide con varas distintas según el peso de cada sector, lo que permite que un sindicato pueda romper formal o informalmente y a gusto, la legislación de cualquier provincia sin mayores inconvenientes. Y cuando les place, se deciden y convencen a legisladores para reformular leyes sanitarias en algo parecido a una guía que se ajuste a los negocios privados de unos cuantos vivos.

En un país donde funcionan la instituciones, un sindicalista, debe bregar por el bienestar de sus representados, un ministro de Salud debe ocuparse, desde el arranque de su gestión, en la calidad y en la accesibilidad a los servicios de salud y los legisladores formular un corpus de leyes claras que las respeten todos y que permitan concretar todos esos fines. En cuanto a los medicamentos, esto fue entendido a principios de los 2000 por un ministro como Ginés González García, que creó un paquete de leyes que acercaron los remedios a la gente, un verdadero alegato sanitario sobre accesibilidad y calidad de prestación de salud (en especial a través del plan Remediar y la Prescripción por Nombre Genérico). Y quienes estamos en el día a día de nuestra profesión farmacéutica, debemos tener como prioridad mantener ese modelo sanitarista formulado, y alejarnos de la mirada de lobbistas y cadeneros que invierten en el mercado de los medicamentos haciendo desaparecer todas las farmacias a su alrededor, fomentando pura competencia desleal. Y para cometer esto, la distribución equitativa de farmacias en todas las zonas, es su objetivo fundamental.

No desconocemos el poder de organización y movilización de los gremios, más en la Argentina de hoy. Es más, se valora lo que han logrado para los trabajadores, lo hemos repetido varias veces en estas páginas. Hoy tenemos muchos sindicalistas legisladores, intendentes, concejales, incluso se perfilan para ser candidatos a puestos importantes (gobernador, presidente). Admitimos estas cuestiones.Lo que no podemos admitir es que se impongan modos de convivencia donde el que tiene más poder haga desaparecer a que no lo tiene con el único argumento de las leyes del mercado, como en los 90; que tan mal le hicieron al propio movimiento obrero, expulsando fuentes de trabajo, cerrando fábricas y marginando al trabajador hacia fuera del sistema.

Las farmacias sindicales deben atender a sus afiliados, las independientes a sus pacientes. Pero aquí toda norma se hace para no cumplirse. Entonces, farmacias sindicales y grandes grupos inversores se parecen demasiado. Casi un espejo que refleja el poder que la sociedad puso en sus manos cuando decidió no importarle el respeto a esa forma de convivencia llamada: Ley.

Néstor Caprov