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Premian a científicos argentinos por avance que mejora tratamiento de raro cáncer ocular en niñosADJUNTO

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BUENOS AIRES, noviembre 13: Un grupo de médicos e investigadores del hospital Garrahan recibieron el premio Bernardo Houssay en farmacología por sus avances en el tratamiento del retinoblastoma, un tumor que ataca a niños menores de tres años y que causa 3 mil muertes anuales en todo el mundo. Un biomarcador permite mejorar la afectividad de la cura, sobre todo cuando hay metástasis.

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El retinoblastoma es un raro cáncer ocular, que afecta a niños menores de tres años, y que si bien tiene una tasa de curación importante, causa en todo el mundo unas 3 mil muertes anuales. En el hospital Garragan, un grupo de científicos viene estudiando el efecto de un biomarcador en el tratamiento del tumor, para hacerlo más efectivo. Esta tarea acaba de ser distinguida, ya que los primeros resultados muestran que el uso de este avance permite mejorar la curación, en especial cuando hace metástasis y afecta otros organismos. El equipo trabaja desde 2006 en este avance.

El grupo de investigadores y médicos del hospital de Pediatría Juan Garrahan obtuvo el premio Bernardo Houssay en farmacología que otorga el Centro de Estudios para el Desarrollo de la industria Químico-farmacéutica Argentina (CEDIQUIFA), por su contribución al desarrollo de “una estrategia para tratar el retinoblastoma, un raro tipo de cáncer que afecta a los ojos de niños menores de tres años”.

El quipo descubrió el biomarcador CRX, que posibilita atacar con mayor precisión los casos de metástasis del tumor y cambiar la forma de tratar el retinoblastoma cuando este tipo de cáncer avanzó a otras partes del organismo. “Pese a que este tipo de cáncer tiene muy buen pronóstico y un 98 por ciento de sobrevida si se detecta de manera temprana, mueren tres mil niños por año en todo mundo”, explicó Guillermo Chantada, médico especialista en oncología pediátrica Guillermo Chantada, quien coordina el Instituto de Investigación del hospital Garrahan. "Este es un premio a una serie de investigaciones; es la síntesis de todo el esfuerzo que venimos realizando hace años y que ya representó varios aportes al tratamiento", destacó Chantada.

El especialista recordó que “en primera instancia, en 2006 contribuimos con otros grupos médicos a poder discriminar mejor a los nenes que tenían más riesgo de metástasis y ya desde 2008 se usa en toda Latinoamérica nuestro protocolo de tratamiento que apunta a salvar la vista además de la vida del niño. Luego, trabajamos junto con investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, y fuimos pioneros en la región en aplicar la quimioterapia en la arteria que irriga al ojo, en lugar de a todo el organismo. Y finalmente, el tercer paso fue recientemente el hallazgo del biomarcador molecular para determinar qué paciente tiene la enfermedad fuera del ojo y necesita un tipo de tratamiento más intenso".

Para identificar este nuevo biomarcador el equipo trabajó con técnicas de biología molecular, específicamente con una herramienta denominada PCR que permite la amplificación de marcas moleculares como el ADN o RNA para detectar con alta precisión pequeñas cantidades de células.

Hasta ahora la expansión y metástasis del retinoblastoma en el resto del cuerpo sólo podía detectarse cuando el tumor ya estaba muy avanzado. Y su tratamiento era tan agresivo que requería, finalmente, alternativas intensas como un trasplante autólogo de médula ósea.

El equipo liderado por el director del Instituto de Investigación del Garrahan y especialista en retinoblastoma, Guillermo Chantada, lo integraron Ana Torbidoni, Viviana Laurent, Daniela Ottaviani, Cristina Alonso, Jorge Rossi, Claudia Sampor, Valeria Vázquez, María TG de Dávila, Mariano Gabri, Adriana Fandiño y Daniel Alonso y contó con apoyo del Ministerio de Ciencia, el Instituto del Cáncer y la Fundación Natalí Dafne Flexer.

Tras destacar que "detectado a tiempo, el retinoblasto tiene una sobrevida del 98 por ciento", Chantada aclaró que "si se detecta tarde el tumor se disemina al cerebro o a los huesos y ahí el panorama es totalmente distinto". "Con el Instituto Leloir estamos trabajando en secuenciar todo el genoma de los pacientes que tienen la enfermedad diseminada", adelantó Chantada, quien no se conforma con las cifras alentadoras sobre la enfermedad en el país y busca trasladarlas a todo el mundo.

El retinoblastoma afecta a niños pequeños, menores de tres años y su característica principal es que, en apariencia, son niños que "gozan de buena salud". "En general, se trata de niños que nadie sospecharía que pueda tener cáncer, crecen de acuerdo a los parámetros esperables y llevan una vida normal", destacó Chantada.

Entonces, ¿cómo detectar de manera precoz la enfermedad? La respuesta del médico fue asombrosa: "A través de una foto digital con flash es la manera más común con que los padres advierten que algo no anda bien". "Dado que el tumor tiene calcio y se deja ver por la pupila, en las fotografías suele aparecer una manchita blanca denominada leucocoria, que comúnmente se llama ojo de gato", describió Chantada, quien anticipó que "se está trabajando a nivel mundial en desarrollar una app para detectarlo".

En los países menos desarrollados el índice de sobrevida baja al 30 por ciento porque la enfermedad se detecta cuando ya no tiene cura. "Por eso estamos tratando de brindar una esperanza a estos niños", insistió el profesional del Garrahan, donde atienden la mayoría de los casos de la Argentina y de países limítrofes.