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VIENDO 5/10/15
Regulaciones

#Regulaciones

Ante el auge de su uso, autoridades argentinas recuerdan que el cigarrillo electrónico está prohibido

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Regulaciones

BUENOS AIRES, octubre 5: La prohibición de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) rige desde 2011, pero cada vez más personas lo adquieren en otros países y lo traen para su uso. Se ve muy frecuentemente en bares locales, donde no se puede fumar. Según los estudios, no existe evidencia de su inocuidad, y sus vapores podrían tener sustancias químicas perjudiciales para la salud humana.

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Desde que se comenzó a usar en Europa hace más de 10 años, el cigarrillo electrónico apareció como una alternativa para quienes quieren dejar de fumar. Pero los estudios posteriores alertaron sobre su toxicidad, lo que fue desalentando su uso. Si bien en algunos países su uso es legal –en España las farmacias pueden venderlo, aunque lo rechazan –en la Argentina está prohibido desde 2011, lo que no evita que cada vez más personas recurran a este aparato, que vaporiza una mezcla de agua y otras sustancias, para dar la sensación de fumar. En estos días, ante un auge en su uso, autoridades y especialistas volvieron a advertir de sus peligros, entre ellos el de “renaturalizar” el hábito de fumar.

La prohibición de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) no evita que las personas recurran a este aparato, que en páginas de compra y venta se puede conseguir a unos mil pesos. Si bien fue promocionado como una forma sana de disminuir la ansiedad de fumar, y de imitar el placer de una pitada, la ANMAT lo prohibió en 2011 al no encontrar evidencia de su eficacia. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó su uso. Sin embargo, en Europa y en Estados Unidos está de moda, y su uso es legal. En la Argentina, se ve en los bares y boliches, en la calle, en reuniones sociales.

A pesar de la prohibición de la venta, se consigue fácilmente en páginas de Internet. Lo venden incluso con servicios de delivery. En Argentina cuesta entre 800 y mil pesos, pero en Europa y Estados Unidos se consigue a partir de 20 dólares y no hay mayores dificultades para entrarlo por la aduana. Por su tamaño se confunde con una lapicera, y su precio está dentro del arancel permitido de importación.

En cuanto a su regulación, se deben aplicar las mismas normativas que con el cigarrillo tradicional: o sea, no se puede fumar en lugares cerrados. Sin embargo, los dueños de los bares y los restaurantes todavía no lo tienen claro.

Además de ese control de la ley antitabaco, la restricción de la venta parece imposible de cumplir. A finales de 2013, la ANMAT anunció que había dado de baja tres sitios de Internet (www.fumarelectronico.com.ar, www.e-cigarrillo.com.ar y www.argentinagreensmoke.com.ar), pero así planteada es una persecución inútil.

Desde lo científico, no hay evidencia de que pueda ser usado como una alternativa al cigarrillo, a la manera de un placebo. Muchos vaporizadores lo aconsejan para reducir el consumo.

Además, hay cartuchos recargables con distintos sabores (el de 30 miligramos, que equivale a 600 cigarrillos, cuesta 200 pesos). Algunos imitan a las marcas de cigarrillos tradicionales (hay un sabor Marlboro, por ejemplo), algunos tienen nicotina, otros sabor a chocolate, menta, frutilla o café. Pero un riesgo es que también es una invitación para aquellos que no fuman.

Ciertamente, el efecto de “vaporización” da la sensación de ser menos agresivo para un no fumador. Lo mismo sucede para los que lograron dejar el cigarrillo y encuentran en el cigarrillo electrónico una tentación para volver a sentir la nicotina, una sustancia muy adictiva. “La nicotina que está en la mayoría de los cigarrillos electrónicos no es inocua para el organismo. Produce un aumento en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca, al tiempo que incrementa los riesgos de producir un ACV”, dice Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud.

“Hasta el momento, no existe evidencia científica en el mundo que muestre que el cigarrillo electrónico es efectivo para dejar de fumar”, aclaró Jonatan Konfino, coordinador del Programa Nacional de Control de Tabaco. Para los especialistas la renaturalización del consumo –electrónico o no– es un paso atrás.